Wednesday, February 9, 2011

Los legados de Beauvoir

El centro de Estudios de Géneros de la Universidad de la Florida, junto con el Departamento de Francés, ha organizado, con mucho esfuerzo, un mini-congreso en torno a la obra de la pensadora francesa Simone de Beauvoir. Arrancado con el famoso documental Jean Paul Sartre & Simone de Beauvoir (1967) de Cacopardo, el programa del evento anuncia presentaciones de estudiosas de la obra de la autora de El segundo sexo entre las que figuran Nancy Bauer, Maureem Turim, Judy Coffin, Carol Murphy, y la charla central a cargo de Toril Moi, profesora de la Universidad de Duke, abordará el tema entre los lazos filosóficos y literarios que atraviesan la obra de la autora.

No deja de sorprender el hecho que la conferencia alrededor de la obra de Beauvoir la hayan titulado inteligentemente con un muy sugestivo plural en cuanto a la forma de recordar y abordar un pensamiento ajeno. Frente a las cruzadas posmodernas del feminismo y a la proliferación de instituciones de estudios de géneros, no es del todo sospechoso que figuras como la de Beauvoir se manipulan muchas veces con el propósito de alcanzar una finalidad interesada e ideológica. Buena parte de los estudios que se llevan a cabo, dentro de estas instituciones llamadas “subalternas”, y que supuestamente favorecen ciertos melodramas del multiculturalismo, han visto en el corazón de sus propias prácticas la repetición de los propios males conceptuales que ha intentado borrar a lo largo de la historia. De ahí, entonces, la importancia de llamar “legados” – en un plural, mucho más abarcador, y que reúne estudiosas desde diferentes disciplinas y tendencias teóricas – a un proyecto que, desde hace ya tiempo, ha devenido en monopolio del buen pensar y de las buenas intenciones. Justamente, “Legados”, apuesta a una lectura mucho más heterogénea y molesta de lo que muchas veces aventuramos en homenajes en torno a la memoria como paladín de las nostalgias perdidas.

Hay otra razón, a mi juicio, que marca la importancia de pensar hoy a Beauvoir. Y esta trata de alguna forma de volver a los principios de un pensamiento que, debido a la homogenización de campo cultural feminista y el reinado de ciertas tendencias psicoanalíticas-foucaultinas (desde Kristeva a Butler a Copjec), no han vacilado en borrar la figura de Beauvoir de los focos del debate intelectual. Estos parricidios surgen, paralelamente, a las críticas hechas al marxismo desde el post-estructuralismo y sus posteriores variantes en la deconstrucción, el posmodernismo, o las micropolíticas. De ahí que hoy, figuras como Beauvoir, Marcuse, Arendt, o Simone Weil, sufran el más oscuro ostracismo de la Izquierda, o simplemente convivan al margen de las discusiones que se ejercitan alrededor de obras que han pasado a tomar la posición de una vanguardia discusiva. 


Si bien son importantes las posiciones intelectuales dentro de un debate contemporáneo, valido es también poder contar con una historia intelectual que haga de la memoria, no un signo de la reducción binaria entre recuerdo y olvido, sino un momento de ajuste de cuentas con una tradición que, con el tiempo, suele quedar enterrada entre las sombras del presente. Resistir la tentación de lo nuevo no justifica, en ninguna de sus manifestaciones, el ostracismo frente al pasado. Encuentro muy grata la idea inicial que, con rigor, la conferencia ha buscado rumiar en un pensamiento que por momentos suele ser inactual, y en el peor de los casos risible para muchos.

En el libro que Ediciones R, editorial del suplemento cultural Lunes de Revolución, publicó sobre la visita de Sartre en Cuba, se recoge un valioso testimonio gráfico de ambos intelectuales en la isla. Quien revise aquellas fotografías se dará cuenta de un detalle: la figura de Simone de Beauvoir aparece, retiradas veces, solapada a un costado o casi siempre detrás de la figura monumental del autor del Ser y la Nada. El extremo llega hasta el punto en que, en una de las fotografías que da testimonio a la conversación entre Guevara y Sartre, la figura de Simone aparece fuera del marco. Solo vemos su mano reposada sobre sus piernas cruzadas. Vale esta fotografía para resumir a lo que intentaba llegar: la figura de Beauvoir merece la pluralidad de un estudio más allá de ciertas corrientes dominantes o del calvario del propio Sartre. Legados apuesta a no menos que volver a Beauvoir en si misma. Hacerla, de una vez por todas, visible. Solo resta desearle las mejores de las suertes en esta empresa.

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Gerardo Muñoz
Febrero del 2011
Gainesville, FL.

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