Thursday, May 12, 2011

Debray y la noche del siglo


En un obituario titulado “Fiel a si mismo” en el número 25 (2002) de la Revista Encuentro con la cultura cubana, el pensador y militante francés Regis Debray recordaba a su amigo cubano Jesús Díaz, como aquel que “permanecido fiel a su juventud revolucionaria…hasta el último día de su vida”. No trataba de simplificar una de las vidas intelectuales más complejas de las letras cubanas de los últimos años, sino justamente exponer un sello personal que por extensión pudiéramos decir que trata de un arquetipo intelectual en extinción.

Para el autor de ¿Revolución en la Revolución? Jesús Díaz trazaba, más allá de la figura del intelectual orgánico, aquel que se desenvolvía ante nuevas exigencias bajo un mismo espíritu de lucha de juventud, atizado por el enfrentamiento político y en desacuerdo hegemónico. Lo mismo podríamos decir de Regis Debray.

Tanto Díaz como Debray trazaron un recorrido que se niega rendirse sobre el páramo del desencanto que concede dádivas a la despolitización organizada. El principio de la fidelidad, recientemente defendido por Alain Badiou, impregna sus labores intelectuales y hacen de sus obras un lugar irrevocable para la renovación de una visión crítica. Cabe enfatizar, sin embargo, que sus respectivas críticas no se hacían pasar por impermeables discursos aferrados al pasado, sino que perseguían, no sin riesgos, problemas de un presente no siempre dado a la visibilidad.

Sobre los ademanes de la visión, Debray en otro de sus ensayos de lucha recordaba que el sujeto nunca es contemporáneo consigo mismo. Algo siempre se le escapa, aun cuando éste, intenta apresar el presente con ambos puños. Permanecer bajo la sombra especular de una noche da lugar no solo a la acción política (es sobre la penumbra del momento donde procede el foco guerrillero), sino también la imaginación de la comunidad venidera. De ahí que Giorgio Agamben, casi cuarenta años más tarde, retomando la pregunta de la contemporaneidad haya concluido que el verdadero contemporáneo no es aquel que vislumbra los hechos de la Historia, sino justamente aquel que, en medio de la sombra del presente, da testimonio de lo límites de su posición y su discurso. Los años duros e Iniciales de la tierra, Defensa en Camiri y Alabados sean nuestros señores, comparten el mismo intento de hacer ver, a ras de un presente ofuscado por los brillos revolucionarios o por los desencantos del fracaso político, un mismo destino de la supervivencia de seres que no renuncian al signo de la fidelidad.

Es lamentable el hecho que tanto Debray, al igual que Díaz, permanezcan poco leídos en nuestros tiempos. En efecto, para muchos, estos dos intelectuales tuvieron su mejor momento en una historia pasada, teñida de ilusorios afanes por cambiar el mundo. Para el que mira la historia desde el desencanto, el fracaso constituye el punto límite de la historia y del discurso emancipatorio. Para el intelectual de la fidelidad, el fracaso, es justamente donde se cifra el momento del recomienzo. En ambos, la idea de la revolución era permanente: mientras que Debray la llevó hasta lo límites la lucha armada en su proyecto internacionalista; Díaz intentó implantar, como atestiguan los números de Pensamiento Crítico y Encuentro de la Cultura Cubana, una dialéctica para pensar la nación cubana, desde la paradoja, y más allá de las dicotomías de los discursos tradicionalistas. En ambos proyectos ubicamos la contradicción de los tiempos, y su perpetuación, como valor normativo del intelectual, en un mundo que ha cruzado el umbral del proyecto comunista.

La contradicción, de este modo, no es un valor que interpela la creación de estos pensadores, sino el modelo por donde sus inclinaciones se hacen visibles en la inmensidad nocturna: en un presente que, como en el nuestro, no logra divisar una ruta de salida.

Regresemos al obituario que Debray escribe su difunto amigo Jesús Díaz. Allí, en la primera oración que abre su ensayo, Debray rápidamente pasa a pensar la muerte – y en concreto, la muerte de la política – y recuerda a Victor Serge en lo que puede ser una farola para investigar nuestro presente: “Es medianoche en el siglo”, la cual Debray parafrasea como “es medianoche en el milenio”. La muerte de Jesús Díaz marcaba, en aquel obituario de Debray, el fin de una posición regida por el coraje y comprometida con las nuevas causas frente al continuismo del Imperialismo y la pobreza, las oligarquías nacionales y el corporativismo de los medios de comunicación, el discurso de la justicia y el duelo de la memoria ante los genocidios mundiales. Debray imagina el féretro de una noche que se nos avecina y que la historia lentamente no llega a registrar. La historia siempre llega tarde, advierte Debray.

Recientemente el pensador argentino Horacio González también imaginaba el presente como una noche fantasmal, de la cual tendríamos que salir, como si se tratase de una gruta de invernadero. Debray, en cambio, imagina la llegada de la noche, su perpetuación ligada a la muerte de un gran hombre (de un amigo), a la manera de una gran emboscada, como aquellas que se inscriben en el Diario de Bolivia, y que encierran las posibilidades de un presente y descaminan su tiempo. De ahí que pensar el momento de la oscuridad y su salida, parecen hoy tareas inmediatas para la reconstitución de una política que, en plena entrada de un siglo a tientas, no logra salir de sus detenciones.

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Gerardo Muñoz
Mayo del 2011
Gainesville, FL.

2 comments:

Anonymous said...

DEL DIA A LA NOCHE.

Anonymous said...

gracias por recordar a Jesus en estos dias de Mayo.

A