Monday, May 23, 2011

Legitimación de la experiencia insular

 
Visa para el Dorado (2007) - Abel Barroso

No deja de ser notable el hecho que buena parte de los artistas cubanos dentro de Cuba sigan articulando un discurso alrededor de la experiencia cubana y de las dicotomías que de algún modo repiten el gesto estatal del adentro y el afuera para denotar los modos de la existencia que todos sabemos única.  

En un momento en que el arte se globaliza y pierde los matices nacionales que alguna vez reflejaron problemas muy profundos de ciertas subjetividades sociales, el arte contemporáneo cubano no ha encontrado acentuar los modos en cómo imaginar, para hablar en términos de Benítez Rojo, la repetición de la isla en la suma de la globalización del nuevo siglo. Tal es el caso de la más reciente exhibición en la galería Marlborough que intenta dar cuenta, según los curadores de dicho proyecto, de los más importantes artistas que trabajan dentro del espacio habanero.

Living in Havana está marcado por eso que Corina Matamoros llama en su catálogo el trabajo de una Habana profunda, a la que estos artistas buscan documentar sobre piezas que se enmarcan en diferentes medios artísticos y estrategias estéticas. Abel Barroso, Roberto Diago, Kcho, William Pérez, y Ernesto Rancaño, son cinco de los nombres que representa una Habana trabajada desde adentro, o al menos, de un discurso que intenta legitimizar un espacio interno como enunciado de una realidad de la experiencia. De ahí que lo que más llama la atención de un proyecto curatorial de esta índole – más allá de la heterogeneidad que allí se expone, amén del giro unitario que los curadores y galerías le han intentado dar por obvias razones – se ubique en una ideología estética que ha venido sosteniendo muchas de las producciones culturales cubanas. Así, la experiencia de vivir en la Habana opera como modelo para reivindicar cierto gusto por una habana interior que nos remite, entre muchas cosas, a los desmanes de un referente en tanto realidad filtrada por el tercermundismo. No es coincidencia que, en la separata que circula de la misma galería Marlborough, se haga notar reiteradas veces la idea de una Habana profunda, tercermundista, espacio que pasa por la imaginación como uno de los centros donde aun podemos reconocer espectros del pasado.

Si en los comienzos de la política cultural revolucionaria, el ensayista Edmundo Desnoes escribía en contra de la apropiación estética de las imágenes del subdesarrollo, hoy fácilmente podemos decir que buena parte del arte cubano producido y legitimado por el discurso de la experiencia interina, no es otra cosa que el producto interno bruto reducido al intercambio de valores monetario, sobre todo a partir de los noventa. Este giro ha intentado definir una cultura que asimila su propia naturaleza del deterioro y la precariedad. En él, la premisa de lo ético ideológico no solo legitima la producción simbólica del arte, sino que resalta un modo de encerrar la idea de la nación dentro del paradigma estatista que funciona como filtro y autoriza su exhibición y consumo en los mercados externos.

Visto así, no es difícil imaginar porqué el arte cubano sigue atrayendo a galeritas, curators, y grandes capitales exteriores. Si lo que ha predominado durante la última década en el arte contemporáneo ha sido el concepto de la precariedad como mecanismo del fin de las ciudadanías nacionales; el arte cubano actual marca una precariedad que se expone sin realmente hacer énfasis en sus causas, en un lugar más allá de las articulaciones dialécticas del afuera o el adentro.

Noble Ser (2008) - Ernesto Rancaño
De ahí que la simbología de la isla o de los héroes nacionales se repita una y otra vez como formas éticas de pensar la encrucijada nacional. A partir de materiales artesanales (en el cual Los Carpinteros sean quizá el ejemplo paradigmático), estas piezas buscan ofrecer una imagen de una Cuba gastada que resiste, y que hace de los escombros y los restos, materiales para una crítica furtiva contra si misma. En todo esto, al espectador nunca le queda claro donde ubicar el lugar de la política: ¿es la pala espinosa que nos ofrece Ernesto Rancaño, un ataque contra el guevarismo como salida al fracaso de la ética laboral comunista? Vista desde el contexto de la producción inmaterial de nuestro presente, no es posible entrever cómo el discurso de Rancaño pudiera problematizar una cuestión más amplia y universal en tanto a las contradicciones laborales que azotan al capitalismo global.

Otro de los modos de la legitimación insular ocurre simplemente a través de la imaginación diaspórica, que vuelve sobre la idea de navegar hacia el exterior creando un espacio de la nostalgia. Aquí, una vez más, nos encontramos con un lugar ambivalente en tanto identificación con lo político. Si bien es cierto que el símbolo de la fuga (la balsa) trata de precariedad inmanente de la vida global, cuesta trabajo imaginar, desde la construcción de estas obras, qué subjetividades son las que embarcan en estas balsas para jugarse la vida en las corrientes del golfo. Mientras que en la pintura de Luis Cruz Azaceta, el sujeto aparece dentro de una condición existencial muy marcada, laborando los confines de la aldea global, en las obras de Ernesto Rancaño o Kcho, la balsa parece convertirse en el fetiche que pulsiona la imaginación externa sobre el sufrimiento real de estas experiencias. No es contradictorio que hace algunos años atrás, en un congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Eusebio Leal se apropiara de las balsas de Kcho para decir que éstas no salían, sino que siempre están de regreso.

Cuesta creer que estos trabajos provengan de esa “cuba profunda” cuando casi todos los artistas aquí reunidos han sido exhibidos en prestigiosas galerías de Estados Unidos y Europa. Aun si no lo fueran, presentarse como voces referencias de un lugar fijo, ejemplifica uno de los modos en que un discurso hegemónico intenta sublimar una minoría que se exalta como lejana. Solo la pieza “Visa para el Dorado” del artista Abel Barroso, da lugar a lo que puede significar una máquina que vende y legitima ciertas símbolos ante los otros. Esta obra, hecha en madera tallada, simula una maquinita que captura el momento esencial de lo político en tanto las salidas y las venidas. Es imposible pensar el futuro del arte cubano sin ese gesto que cuestione radicalmente las políticas de la fuga más allá de una experiencia única.


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Gerardo Muñoz
Mayo de 2011
Gainesville, FL.
*imágenes: de Marlborough Gallery

8 comments:

R.L.R. said...

Gerardo, describes bastante bien la operación de marketing a gran escala en que el estado cubano ha convertido las producciones de los artistas residentes en la Isla.

Anonymous said...

Gerardo, te felicito por esto, desde aqui en Nueva York, tremendo descaro acere...

Gerardo Muñoz said...

Gracias Rafa. Por suerte tenemos artistas como tu (y otros, muchos amigos en comun) con una obra que responde a nuevas formas de la experiencia sin esa necesidad de los sellos mercantiles que seducen desde los paradigmas concurrentes. Asi que se compensa esa falta de imaginacion y de recursos.

G

Anonymous said...

sigue sigue, bueno...

fragui said...

Gerardo interesante articulo y muy bien escrito de oficio impecable, para mi existe más que eso, creo que no llegas exactamente a enteder el fenomeno del arte cubano, que personalmente pienso que nada tiene que ver con paradigmas y mucho menos con branding de sellos mercantiles, el echo que hagan buen arte y que todavia exista ese gobierno no da derecho a estigmatizarlos. Soy partidario de que su arte le pertenece a ellos y a quien lo quieran mostrar y que la interpretación que le de la critica nacional o extranjera no les importe mucho sigo viendo ese arte como una expresion de los artistas que quieren de alguna manera vivir alli y eso lo respeto, de cualquier manera el arte que muestran es muy bueno.

iranplata said...

Buenísimo! Continúan insistiendo en el arte cubano con el mismo esquema cañengo del vejestoriado en el poder. Nuestro vino es amargo y sera nuestro vino, pero que nadie venga a decirme que no es tan amargo na, y que pa colmo, esta riquísimo. Como universalizar un arte que no mira hacia adentro sino mas bien, hacia ete que ta' qui al lao.

Gerardo Muñoz said...

Fragui, gracias por tu comentario. Ahora bien, tengo que disentir contigo cuando dices que yo los estoy "estigmantizando", lo cual no es cierto. Yo escribo sobre arte, analizo las obras, los discursos, los lugares de produccion, y luego ofrezco un analisis sobre esa base.

Mi ataque ni estigmatiza ni intenta lanzar ataques personales. Y me parece que si es importante ver el contexto en donde se produce en la medida que su arte favorece o no un regimen. Es un debate que de igual manera se da en el arte contemporaneo actual.
Me parece que tenemos dos visiones distintas de entender la critica, y quiza el desencuentro se de por ese lugar.

Gerardo Muñoz said...

Iranplata, gracias por pasar. Un saludo. -G