Thursday, June 9, 2011

Lázaro Saavedra en Estado de Sats: la transmisión de la memoria



Durante los últimos meses ha sido un verdadero placer poder ver los debates organizados por la plataforma habanera Estado de Sats, uno de los pocos espacios, aunque no el único, que ha venido surgiendo durante los últimos tiempos en la discusión sobre los futuros de Cuba.

Estado de Sats, así como lo fue la Cátedra de Arte de Conducta de Tania Bruguera o los espacios curatoriales privados que aun existen hoy en la Habana, configuran toda una red, periféricos al monolingüismo de Estado, donde el debate genera verdaderas posiciones antagónicas mas allá de los repetidos consensos. Durante estos meses, hemos visto pasar por la plataforma de discusión artistas, pensadores, y miembros de la incipiente sociedad civil cubana se dan cita con el fin de esbozar ideas y repasar la compleja historia nacional de los últimos cincuenta años dentro de un contexto contemporáneo y global.

El más reciente evento organizado por Estado de Sats recoge una especie de presentación crítica del gran artista cubano Lázaro Saavedra. En realidad la presentación no deja de ser curiosa e innovadora en muchas maneras, ya que el modo en que Saavedra se presenta ante su público deja entrever el problema que atraviesa la memoria y el arte. En lugar de hablar de si mismo – ese yo-pienso que pudiera acompañar a todas las representaciones, como advertiría Kant– Saavedra eligió leer un magnífico texto de Rubén de la Nuez publicado hace más de una década. Esta exposición hace pensar no solo en las formas que tendrá el debate en torno a la cultura y la política en el próximo futuro, sino en cómo se hace circular el pasado, y a través de qué condiciones puede uno contar la historia.

En otras palabras, menos que de las políticas de la verdad o de los monopolios de las víctimas, lo que Lázaro Saavedra hace visible es el debate mismo acerca de la transferencia sobre el pasado personal en tanto la cultura nacional del totalitarismo. ¿Se puede contar la historia desde lo íntimo, trabajando de esta forma sobre la repetición de la memoria? ¿Cómo hablar de un arte que, en los límites de una cultura regida por el Estado, pudo encontrar maneras de la resistencia y de la imaginación de nuevos lenguajes? Estas pueden ser algunas de las preguntas que guían la charla de Saavedra, en un acto que intenta reconstruir su trayectoria artística hasta los fines de los noventa.  

Al ver la grabación del artista, el espectador tiene la impresión que se trata de otro performance de Lázaro Saavedra, y que esa seriedad, tan inusual en el artista, partiría del marco estructural de Estado de Sats sobre los participantes del debate. Sin embargo, también hay mucho de sinceridad en la voz que de Saavedra, cuyas palabras no son más que la transferencia o la “cita” (¿no es la voz y la inscripción que dejan las palabras, siempre una cita?) de una crítica que la sitúa en una historia de la resistencia. Si las palabras y el discurso es lo que constituye al hombre, entonces ¿quién realmente hace presencia en el debate? ¿Se puede hablar de Lázaro Saavedra, Rubén de la Nuez, o de toda una tradición crítica del arte de los ochenta que se vuelve explícita durante la discusión de sus obras? La voz marca un ritmo, como también una historia que, como la de todos, está aun incompleta.

Sin titulo (1988) - Lazaro Saavedra
Al invitar artistas como Lázaro Saavedra, o miembros del conjunto underground Omini Zonafranca, podemos también intuir lo mucho que el espacio Estado de Sats tiene en mente a los miembros del circuito de las artes como voces del debate político. En efecto, pienso en obras del mismo Saavedra, como El detector ideológico o la instalación El arte es un arma de lucha, como formas que llegan a decir más que muchos artículos políticos o discursos ciudadanos que han tratado de cifrar una figura homogénea de la experiencia cubana.

Durante estas últimas tres décadas, las piezas de Saavedra han podido articular, con un humor muy personal, los desencuentros entre la política y el arte. O más bien entre un arte que intenta ser capturado por los aparatos de la ideología, y que en el intento, han conseguido su máxima profanación generado nuevos discursos y posibilidades imaginativas.

Y no es tampoco que el artista esté inmune a los estragos que ha causado medio siglo de una experiencia autoritaria, sino que su producción en el régimen de lo sensible, llega a crear formas que se adelantan a su tiempo y que generan la potencialidad de nuevas palabras al margen de centros de poder y discursos maniqueos. Este tercer espacio es lo que uno percibe que se abre tanto en Estado de Sats como en la larga producción que Lázaro Saavedra repasa en su intervención.

Volver sobre el pasado a través de la memoria es de alguna forma despertar ciertos fantasmas e intentar convivir con ellos. Una historia sin la repetición fantasmática, anularía los modos en que se reconstruye una historia plural de una sociedad, y el devenir de su futuro político. Lázaro Saavedra no solo fomenta la participación asimétrica en torno la política de la memoria, sino que pone al arte en el centro del debate y de la historia. Es muy posible que los debates por el futuro de la nación, tenga en el horizonte un tipo de reflexión dada no solo por los gestos, sino también por las imágenes y las obras que se han colocado siempre fuera de su tiempo.

______
Gerardo Muñoz
Junio de 2011
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

Gracias por esto Gerardo, desde la Habana. -JOSE