Monday, June 13, 2011

Un espacio para el estudio

El más reciente proyecto del artista contemporáneo chileno Alfredo Jaar comprende un cuarto rojo, y una mesa con libros. El itinerante Marx Lounge que ahora se exhibe en Holanda, luego de varios meses por Inglaterra, intenta ofrecer, desde el marco institucional del arte, un espacio para el estudio del presente desde el marxismo. Así, Jaar ha puesto en el centro de la habitación una mesa con varias docenas de libros que recorre el pensamiento neo-marxista y post-colonial de las últimas décadas del debate político de la Izquierda.

Libros de Slavoj Zizek y Fredric Jameson, Jacques Ranciere y Mark Fischer, tomos de las cartas de Antonio Gramsci y Rosa Luxemberg, funcionan menos como recetas que cómo modelos de lecturas posibles.

A diferencia de prácticas relacionales o proyectos artísticos, lo interesante del Marx Lounge es la forma en que invita al espectador acercarse a la crisis cultural y política del mundo contemporáneo y someterla a un cuestionamiento anti-capitalista. Alfredo Jaar justamente concibió el proyecto como un espacio de resistencia, donde el lema leninista de ¡estudiar estudiar estudiar! prioriza por encima de los gestos artísticos que se lanzan a cierto tipo de acción dentro de la lógica de la participación. Jaar, en cambio, apuesta a una cierta arista intelectual del cambio que entiende la praxis como una esfera segundaria al trabajo teórico que abre posibilidades sobre el espacio. De hecho, la mesa se presenta como una especie de cartografía, por la cual la inoperancia, traba relación entre pensamiento, trabajo, y táctica.

¿Quién realmente puede leer estos libros luego de varios trabajos para mantenerse en el sistema? ¿Cómo regular hoy la relación entre espacio de lectura y la sostenibilidad del tiempo de ocio?

Marx Lounge, también puede leerse desde un trasfondo irónico, en el cual Alfredo Jaar ha expuesto la inconmensurabilidad de la teoría crítica de los últimos tiempos con las crisis financieras, políticas, e institucionales del mundo contemporáneo. De alguna forma, el pensamiento crítico ha estado vinculado dentro de una maquinaria académica donde impera, como ha visto con lucidez Slavoj Zizek, la lógica de la tolerancia subalterna o los gestos deconstruccionistas de la eticidad del otro radical. Ambos gestos, valorizados dentro de un sistema intelectual que se ubica, la mayor parte del tiempo, fuera de las intervenciones públicas. Al instalar todo esta producción institucional en el espacio de la galería, Alfredo Jaar interroga las formas en que un tipo de conocimiento se transfiere, circula, y se discute entre espacios normativos de una sociedad bajo el signo del control de opinión. En este sentido, en vez de ignorar los fundamentales aportes que ofrecen estos modelos de pensamiento, Jaar busca cambiar su lógica de circulación, y abrirlos hacia nuevos espectadores, no especializados, que tiene un espacio en diferentes registros del habla.

Como en otras de sus intervenciones culturales de Alfredo Jaar, el Marx Lounge es una manera en volver sobre una cultura de la resistencia que hoy tiende lamentablemente a polarizarse entre dos límites: el discurso académico o el olvido que impone la ideología del neo-liberalismo que ha buscado deslegitimar el discurso crítico del marxismo.

Junto con el cómodo espacio de estudio que ofrece el Lounge, la pieza cobra otras dimensiones al incorporar ciclos de conferencias, grupos de lectura, debates con la audiencia, e intervenciones de otros artistas contemporáneos. Esta lógica tiende quizás a programar de una manera nociva las intenciones curatoriales del proyecto, aunque pudiera tener algún tipo de beneficios sobre aquellos espectadores, sobre todo los más jóvenes, que han nacido en una época donde el marxismo es más una nota de enciclopedia que un modelo vigente para interrogar las nuevas formas y los matices de las nuevas formas de la dominación capitalista a escala planetaria. Otro recurso interesante que hecha a mano Jaar en tanto participación de una audiencia, es pensar el espacio geográfico desde donde se encuentra la muestra. O sea, durante su estadía en Londres, se intentaron incorporar pensadores neo-marxistas ingleses, mientras que la muestra holandesa intenta movilizar el pensamiento radical de esa zona. Aquí también hay un procedimiento abierto a debates y discusiones: ¿se debe dar una crítica marxista o política desde un microespacio, o debe substraerse de regiones focales, donde el antagonismo y las contradicciones del capitalismo sean más agudas (pienso en Israel o Bolivia)?

Marx Lounge es una rara oportunidad donde el arte abre espacio para pensamiento y reflexión. En un presente donde el arte contemporáneo ha seguido la lógica esquizofrénica de la acción y la ideología de la caridad (algo así de penoso hemos visto en Nueva  York recientemente, a propósito del encarcelamiento de Ai WeiWei), el proyecto de Alfredo Jaar apuesta una ruta contraria y más autónoma. Contra toda ansia de querer actuar contra el sistema, hoy más que nunca, debemos sentarnos y comenzar a investigar nuestro presente.

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Gerardo Muñoz
Junio de 2011
Gainesville, FL.

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