Tuesday, July 26, 2011

Enmudecer


El plano abre con un barco enorme, alejado de nosotros, apeado en un mar sin nombre, y desde un susurro que nos coloca en un espacio más espectral que imaginario. Solo unas cuantas hojas caen sobre el agua dibujando imperfectos semicírculos, raros sondeos de la ausencia del habla.

Con solo un corte ya nos coloca dentro de la fragata, a destiempo, arrítmico, donde la cámara captura el momento en que unas larguísimas piernas femeninas escapan de un agujero como si salieran del vientre de la ultratumba. Evoco el comienzo del más reciente corto de Lucrecia Martel, titulado Muta, donde se nos avisan en pocos segundos todo la tensión que tendrán esos seis minutos de comienzo a fin.

Lenguaje, gestos, ausencia de lenguaje, condensación de la imagen. Constantes en el cine de Martel,  así como pasiones secretas de lo humano, puesto que en Martel, estamos dados siempre a una autopsia de esa rara sensación que puede ser estar en el mundo.

Producido para la marca de moda Miumiu, rama interna de Prada, no es la primera vez que Martel incurre en el género del corto, pero si un género que se arriesga a las inclasificaciones, y desorienta rótulos como ciencia ficción, o cine experimental. Asimismo, sería un equívoco hablar de un corto de publicidad, o una treta de promocional. Si el gran tema que atraviesa la obra cinematográfica de Martel se atiene a la perversa y precaria condición femenina, Muta busca ensayar, en buena medida, la metáfora de esa condición, proyectándose hacia un lado poco investigado de las “apariencias”, como puede ser el mundo de la moda.

Un barco repleto de mujeres, todas modelos y no actrices, donde nada ocurre, esto es, donde el mundo temporal deviene en potencia para su propio desvarío. Es curioso, por ejemplo, que no le veamos los rostros a ninguna de las mujeres, al parecer de distintas parte del mundo, y que solo parecen compartir la devoción por el silencio, por una vida contemplativa generada por la forma en que el capital logra surtir nuevas prendas, nuevas formas del uso. De ahí quizás la relación de del fondo de esta historia con la moda, con sus ropajes, delicadamente tratados por el lente de Martel, con la hechicería que les común para trazar los gestos y los bordes delineados entre las figuras. Este corto, entonces, aparece como ensayo que toma de tema la superficie, y que logra trabajar con los hilos de la alta costura.

En Nuditá (2009), reciente ensayo sobre la desnudez, Giorgio Agamben comenta que la idea del vestir se encuentra íntimamente ligada con una dimensión originaria y divina de la gracia de Dios. Pareciera por momentos que las secuencias que revela Muta es el momento en que esta gracia ha poseído a una series de mujeres, y a las que ha puesto a salvo en medio del mar. Mientras que el desnudo estaría asociado con el topos del barco, con el veraneo y la exhibición del ser-allí, Martel pareciera contradecir este lugar común, para mostrar cómo en la lógica de vestirse, es posible encontrar algo así como el lugar de lo vacío, y por lo tanto visible, del deseo.  

Pero en Muta, como en otras de los filmes de Martel, mostrar es una forma de acercarse a las profundidades internas de los personajes, de sus auxilios, y del abismo entre los gestos y las palabras. En la medida en que estos cuerpos logran dialogar con el espacio, desentendidos del mundo de la parole, Muta viene siendo una reactuación de La Ciénaga, donde los cuerpos sufren apoyaduras, rezagos, caídas, caricias, despojos. El cuerpo como núcleo intrínseco de la moda.

Es aquí donde podríamos situar el momento más interesante del trabajo de Martel: ¿qué tipo de relación podemos ensalzar entre el cuerpo y la palabra, entre la imagen cinematográfica y placer del espectador?

Este invariable atrevimiento estético cruza desde La ciénaga y Mujer sin cabeza, hasta el corto Muta. Pero si los otros materiales de Martel habían situado la interrogante dentro de un conflicto familiar – y desde luego nacional – con cierta lógica por una trama causada por el amor o su desencuentro, en Muta nos situamos ante una elevación que desterritorializa la mirada, la saca de sí, náufraga en un mar sin palabras. Es asi que encontramos, no por casualidad, cierta cercanía con el reciente largometraje de Jean-Luc Godard, Film Socialisme, que también se ocupa de distancias y de miradas, pero mientras en Godard la palabra queda capturada en la letra que corta y aísla de la imagen; en Martel lo que siempre logra la ruptura es el vacío de la palabra misma y su distancia con el cuerpo.

Generalmente asociamos al cuerpo con la vestimenta, mientras que el rostro queda descubierto, a la vista. En Muta, encontramos una inversión de este paradigma que ha dominado la relación entre desnudez y ropa desde la Edad Media: los cuerpos es lo único visible en los planos, mientras que el rostro queda fuera del marco, en una nebulosa del lente, tapado a fuerza con las manos, escondido entre los cabellos o la espalda.

Muta vibra en ese extenuante ambiente que producen las fotografías de un Steven Meisel, la intricada morfología de una Lady Gaga, la densa pesadumbre de un Tarkovsky. Dentro de este invernadero cultural, aplanado en un bote, es donde el ser-allí se muestra carente de rostro, esto es, enmudecido. 

Y es que Martel pareciera reiterarnos, que el mundo de la moda no es más que hablar del mundo mudo, ese lugar en cual el cine ha logrado capturar el instante en que los gestos han absuelto a las palabras.


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Gerardo Muñoz
Julio de 2011
Gainesville, FL.

6 comments:

Anonymous said...

estas apretando, muy hermoso.

Leon said...

Voy ahora mismo a verlo, gracias.

Anonymous said...

muy muy elegante.
desde La Habana...

Patricia Miranda said...

Gerardo,
yo muda pero presente,
paso siempre por este puente
y te leo sin dejar rastro alguno,
perdida no, dormida?
en el sueno de mi suenos,
un abrazo fuerte,
prometo no enmudecer mas
patricia

Gerardo Muñoz said...

Hola Patrica, que bueno oir de ti. Hace unos dias te comente por alla, por tu alcachofa nerudiana. En realidad estabas fiel a este titulo, esto es, habias enmudecido totalmente.
Otro abrazo para ti,

G

Anonymous said...

Donde puedo ver el corto, Gerardo?