Wednesday, July 6, 2011

Masas e imagen


La narrativa de Don Delillo suele partir siempre de una imagen que abre diferentes formas de pensamiento. Tendríamos solo que pensar en el famoso juego de pelota de los Giants con que abre el vasto mundo que es Underworld. O bien en la última novela Point Omega, donde ya la referencia a la obra de arte es mucho más obvia, ya que los personajes mismos se encuentran en el espacio del museo, esto es, en el lugar propio de la contemplación y del archivo cultural. De esta manera pudiéramos decir que Don Delillo trabaja con imágenes que tienen el poder de construir una ficción o un cierto modo de narrar una historia.

Si en el barroco o cualquiera de otras grandes tradiciones que trabajan con la imagen, por ejemplo, ésta operaba como un decorativo, muchas veces como exceso de metáfora o elipsis formal, en Don Delillo la imagen tiende a corporeizar un conjunto de ideas que van estructurando cadenas de significados, circuitos de vincular la realidad con el texto.

En su novela Mao II, quizás donde más claro aparece la relación entre imagen y sociedad, entre escritor y espectáculo, Don Delillo establece una importante diferencia con la que podríamos entender la mayor parte de sus textos. Según Delillo, la imagen trata siempre de su capacidad de representar a las masas, mientras que la escritura intenta representar al individuo, o al hombre solitario. Los dos extremos podrían ser por un lado a Eisenstein, cuyo gran dilema estético fue, sin dudas, pensar desde el montaje las nuevas masas revolucionarias en el cine, y por otro, Franz Kafka, quien elabora su escritura, no solo desde la soledad de una lengua extranjera, sino también sobre personajes solitarios, atravesados por los afectos de la alineación producidos por la división del trabajo del capitalismo.

Delillo enfatiza, sin embargo, no solo las tradiciones posibles que podrían servir para leer la producción artística del siglo veinte, sino un marco general por donde leer la propia forma de estos dos mecanismos culturales. Cuando pone en boca de Brett, el célebre fotógrafo de Mao II, la idea que la fotografía es siempre representación de masas, Don Delillo entiende que esto es así aun cuando no esté dentro del marco una imagen de masas, o un grupo heterogéneo de personas. De algún modo, la imagen  - y la fotografía como el medio masivo más importante de esta función – debe leerse como pura atomización, o sea, como composición que en su cierre recoge diferentes núcleos de significantes que se relacionan entre si.

A diferencia de la imagen fotográfica, Don Delillo vuelve sobre la escritura para decir algo que realmente original: mientras que la imagen encierra esta atomización formal, la escritura, hecha línea por línea, comprende el diseño de un modo mucha más aislado de capturar la realidad. Si en la fotografía ese momento es de algún modo una especie de relámpago, en la escritura una imagen posible requiere la ardua composición de varios órdenes sintagmáticos en una formación léxica. Podríamos resumir el argumento de Don Delillo con aquel que, teóricamente, tiende a pensar una nueva gramática de la multitud.

¿Cómo representar y escribir sobre una imagen? ¿Qué relación es la que cruza la escritura con la implosión de la sociedad de los medios? Son algunas de las preguntas que atraviesan toda la escritura de Delillo, y cuyas respuestas toman diferentes matices, siempre ahondando sobre los bordes del paralelo entre la imagen y la escritura.

La imagen fotográfica es siempre multitud – esto permite acercarse de un modo distinto a la fotografía y ver en esas realidades nuevas virtudes. Pienso en las fotografías del italiano Massimo Vitali, cuya tema central ha sido, a lo largo de estos años, la aglutinación de personas en las playas. Muchedumbres, grupos, familias, caminantes solitarios, todos estos núcleos en las imágenes de Vitali pertenecen siempre a un conjunto mayor que son las masas. El imposible pensar un mundo tan cerrado y a la vez tan cargado como los que se nos da Vitali sin la invención de la fotografía. Lo mismo podríamos decir de las masas que se forman en los juegos de pelota, donde Don Delillo encuentra su mayor referente de elaboración narrativa.

De ahí que también podríamos leer toda la tradición anterior a la fotografía – pienso desde luego en los cuadros de El Bosco o los de Bruegel, donde las primeras masas encuentran un lugar – como sitios donde la masiva solo es visible a posteriori de la fotografía. Donde el espectador del siglo quince o dieciséis, veía solo una paisaje o ciertos elementos aislados entre si, el espectador fotográfico puede comprender la totalidad, es decir, la construcción de la imagen a partir de su masificación interna.

Si en novelas anteriores como Underworld, Mao II, o Libra, el proyecto de Don Delillo se encaminaba a entender esos vastos conglomerados de personas como sitio del espectáculo, en las más recientes novelas Body Artist, Valparaíso, o Point Omega, la intención recae más sobre el espectador de la imagen que sobre la masas que figuran en ella. Quiero con esto decir que Delillo logra de algún modo también entrever el nudo dialéctico entre imagen y espectador de una manera fabulosa. Si la imagen es siempre multiplicación, representación de las masas, la naturaleza del espectador es siempre la soledad o el aislamiento de la participación. Esta distinción también abre el espacio para pensar la imagen como lugar democrático, y la escritura como el hábito que tiende al autoritarismo individualista.

Pensar en conjunto las masas de la imagen y la singularidad del espectador, ha sido justamente la gran encrucijada de algunos de los debates más interesantes del arte del siglo. Don Delillo no solo vendría a cerrar ese debate, sino también a resolverlo, curiosamente, con los desmanes de la narrativa.

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Gerardo Muñoz
Julio de 2011
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

brilliant!