Friday, July 8, 2011

Virgilio: arqueología de la culpa

A pocos meses del triunfo de la Revolución Cubana, esto es, de la entrada a La Habana y de la sensible imagen de un joven Fidel Castro –  el 14 de Marzo para ser específico, el escritor Virgilio Piñera escribía una brevísima nota en un diario habanero titulada “Al Señor Fidel Castro”. Breves palabras, infinito aliento teológico: “créanos querido Fidel, podemos ser útiles”. De esta manera Piñera da cierre, a lo que pudiera ser unas de las huellas posibles para acotejar el cruce intelectual y el nuevo poder revolucionario.

Más que el contenido o significado de aquellas palabras, importa el tono en que Piñera redacta esa nota: teñido de culpa y lanzando la posibilidad de una apertura al compromiso.

El escritor cubano Antonio José Ponte ha cifrado la exhumación de este documento en la redacción iniciática de algunas “culpas originarias” de la intelectualidad cubana. Culpa que, tanto en el poema “El Otro” de un joven Roberto Fernández Retamar como en la nota de Virgilio, pone en manifiesto la supremacía de la lucha y la acción como modo único de la participación en la historia de la nación. Si en el poema de Retamar, se lamentaba la bala pérdida que hace posible la vida del poeta, en la carta abierta de Piñera se hace palpable un malestar (¿cuasi marxista?) de “no pertenecer a una clase”. El intelectual de este modo, queda al margen de la interpelación política, del antagonismo social, y por extensión, de la dialéctica de la historia.

Décadas más tarde, no encontraríamos a escritores más alejados que Retamar y Piñera, y sin embargo, en ese momento, hacia el origen del proyecto revolucionario, parecen encarnar una misma figura: aquella que, con la palabra, matizan el signo de la duda e intercambian el lugar de la vanguardia artística por la vanguardia política. Quien quiera ver, con todos los matices y las complejas confabulaciones de la historia intelectual, tendrá que detener en esos lugares microscópicos para definir toda relación antagónica entre poder y letra, entre arte y política.

“Queremos cooperar hombro a hombro con la Revolución…”, afirma Piñera, entonando así una declaración de guerra que, en poco tiempo, dará lugar a las divisiones del campo cultural cubano. Y cuya fricción se alojará en su propio cuerpo.

La imagen de Virgilio no puede ser menos ruda, esto es, equiparada en un forcejeo de muñecas y hombros. Una imagen corporal robada del repertorio de Gombrowicz: entre el arte y la política, a ver quien puede más. Juego ilusorio, por lo demás, ya que ahí también aparece la idea de la dirigencia como aquella que dicta las pautas, extiende sus formas y discursos, envuelve las plumas y acota: “es preciso que la Revolución…nos ponga a trabajar”.

Si esa “no clase” a la que Virgilio se refería la leemos desde la función del valor de cambio (llega, incluso, a quejarse que muchas de las notas periodísticas se escriben y no son pagadas), vemos como Virgilio instala un discurso donde la letra intentará girar alredor del valor de uso. No es casual que la glosa termine de ese modo: “podemos ser útiles”. Un reclamo a la potencia, mientras que el arte queda cifrado como intercambio. ¿Y de qué modo no ser útil que desde el lugar suplemental que inicia la supremacía del Estado como gestor de poéticas y normas literarias? ¿Qué otra utilidad que aquella que reconoce a la Revolución, la más honrosa fuente de creación? Se pacta así, un modo de discusión que tiene atraviesa Palabras a los intelectuales y futuras actas represivas contra el gremio.

Unas de las formas en que podemos leer la historia intelectual de aquellos primeros años tendrían que aislar el discurso de la culpa por una parte, y la regeneración de la deuda con el compromiso por otra. En el análisis que Walter Benjamin hiciera del capitalismo, la palabra en alemán schuld, comprendía ambas acepciones: culpa y deuda, núcleo constituivo de un mismo modo de operación circular. Así mismo, pudiéramos decir que Virgilio hace aparecer el tono de la culpa solo para dar inicio al tema de la deuda. De ahí que ese momento originario no solo establezca la relación con el pasado, sino también trabe lazos con el futuro, de un lugar a la utopía. 

Todo lo demás luego será una deuda constante con ese fantasma que venía a sanar las culpas.

______
Gerardo Muñoz
Julio de 2011
Gainesville, FL.

4 comments:

Anonymous said...

ñooo...tremendo champonazo a VP!

Anonymous said...

Excelente.

Carlos said...

Perdon, en que diario fue publicada la nota? Excelente por lo demas.

Anonymous said...

El culpable fue Fidel, no Virgilio...