Wednesday, August 3, 2011

Kain

Race de Caïn, au ciel monte, Et sur la terre jette Dieu!
-Baudelaire

Aleph

Cualquiera que haya leído las novelas de Kafka probablemente ha deparado sobre los nombres de sus protagonistas: Karl Rossman en Amerika, Joseph K. en El Proceso, y en especial, K en El Castillo. Desde que Max Brod relacionara a K con el propio Kafka, pasando por la reciente sugerencia de Giorgio Agamben de que K no es otra cosa la marca del kalumniator (calumniador en Latín), o el kardo (etimología que tiene su origen en los inspectores de las tierras romanas), los exegetas han considerado la función de esta letra como una cifra clave para comprender el universo literario de Franz Kafka.

Bet

Lo que sigue es un intento de avanzar una hipótesis diferente, y que hasta donde sé, no ha recibido la atención crítica que merece: es decir, el hecho que la K de Kafka es sinónimo de Caín, el primer hijo de Adam y homicida de su hermano Abel. Más concretamente, me gustaría sugerir que la letra K opera en el pensamiento de Kafka como la propia huella de Caín.

Gimel

Aunque el nombre en inglés (como también en italiano y español) refutaría de partida la hipótesis que busco establecer, en Checo y Alemán, las dos lenguas que Kafka conocía, Caín se deletreaba “Kain”. En hebreo – una lengua que Kafka nunca llegó a dominar, amén de sus numerosos intentos – Kain, Kafka, y los personajes de sus novelas póstumas se deletrean con la letra kuf (ver el grafema).

Dalet 

Otra evidencia circunstancial que se extravía en traducción tiene que ver con la marca que Dios inflige sobre Kain según Génesis 4:15. Esta marca se traduce en hebreo como ot, que también significa signo o presagio, aunque en la traducción literal es la “letra”. De que manera Kain, como el marcado, ha sido tema de no pocas especulaciones a través de la historia. Sin embargo, una de las continuas sugerencias es que Kain fue marcado en la frente con una de las veintidós letras hebreas, lo cual explicaría el significado de la “letra de Kain”.  Marcar una letra en la frente era una práctica común en el mundo clásico: los esclavos griegos, por ejemplo, frecuentemente eran marcados con delta (aludiendo a doulos), y los calumniadores romanos, como ha visto Giorgio Agamben, eran marcados con la letra K de kalumniator

He

En Enero 19 de 1911 Kafka escribe en su Diario: “Alguna vez preparé una novela en donde dos hermanos se enemistaban, de los cuales uno iría a América y otro permanecería en una prisión europea”. La novela sobre una disputa entre hermanos, variación moderna de Kain y Abel (¿puede uno imaginarse a Kafka rescribiendo en su novela la parábola del Hijo Prodigo?) nunca llegó a realizarse. Sin embargo, el relato “Ein Brudermord”, escrito en 1917, y publicado en vida en cuatro fragmentos (clara evidencia que indica que para Kafka fue un texto importante), cuenta una breve y espeluznante historia de un homicidio que, solo con el título, podemos sospechar que se trata de la muerte del hermano del asesino. El segundo caso lo encontramos en Amerika (Der Verschollene), la primera novela inacabada, donde Kafka cuenta la historia de un joven que ha sido enviado al Nuevo Mundo por sus padres tras haber embarazado a la criada. El tercer sobreviviente posible lo encontramos en su Carta al Padre, que con frecuencia se lee bajo el signo de Edipo, y no bajo el signo de Kain. 

Vav

Dios rechazó la ofrenda sacrificial de frutas y vegetales de Abel, a cambio de un sacrificio más noble: carne de su rebaño. Aparentemente ahí aquí el sentido atroz de envidia por parte de Kain. Su castigo posterior consistirá en ser nómada o vagabundo, es decir, que nunca más cultivara la tierra, si bien en poco tiempo, se estableció, hacia el este del Edén, en una ciudad que el nombró, como su hijo Enoch. La humanidad, sin embargo, no descendió de los habitantes de Enoch, sino de de Seth, el tercer hijo que Adán y Eva tuvieron luego de la desaparición de su primer hijo, y la muerte del segundo.

Zayin

Leemos la siguiente entrada en el diario de Kafka hacia Mayo 27 de 1914: “Encuentro que la letra K es ofensiva, casi repugnante, y sin embargo, me empeño en usarla. Esto debe ser algo muy característico en mí”. La ambivalencia que Kafka sostuvo sobre la letra K, que a la vez lo seducía y lo repugnaba, está también presente en la letra hebrea kuf que en el Judaísmo es considerada, ante todo, una abreviación de “Kadesh” (sagrado), ambigua palabra que puede designar tanto lo sagrado como lo maldecido, si bien lo sagrado se excluye de la esfera normativa. La marca que Dios inflingido sobre Kain es también ambivalente, puesto que si tradicionalmente se le asocia con la vergüenza, o “ot kalon” en hebreo, es claramente una marca de protección, esto es, una señal que avisa hacia aquellos que quieren atentar contra Kain a que sus actos no serán desapercibidos, sino más bien castigados con gran venganza por parte de Dios.

Chet

Buena parte de los estudiosos asumen que Kain se arrepintió por el homicidio de Abel, luego de haber sido perdonado por Dios. En efecto, Kain no es considerado un personaje oscuro para muchos. Fue solo mucho después que los Gnósticos lo elevaron a las filas de una figura heroica, víctima de una injusticia, que luego la tradición del judeocristianismo lo condenó como la encarnación más pura del mal. En la imagen moderna de esta historia, Kain suele recobrar, de vez en cuando, su areola gnóstica de la figura que resiste la caída del mundo en donde todos vivimos, como podemos ver en el Caín: Un Misterio de Lord Byron, o en el Damian de Herman Hesse.

Tet

Aunque quizás no haya nadie más responsable de la reescritura de Kain que Baudelaire, “quien define el rostro de lo moderno – como recuerda Walter Benjamin, sin negar la marca de Kain bajo sus cejas”. Su poema “Abel y Kain” de Les Fleurs du mal, es la más clara manifestación de las corrientes que han intentado interpretar la historia del capítulo cuarto de Génesis de una forma radical. Así, la humanidad se encuentra dividida en dos grupos o clases: la raza de Abel y la raza de Kain. 

La raza de Abel implica aquella dotada con éxito, la clase dominante, el próspero patriarcado de la burguesía, a la cual Dios siempre sonríe complacientemente (en hebreo, abel significa “vanidad”). La raza de Kain, en cambio, implica la desposeída, sin herencia o familia, más cercana al paria y al proletariado. Sin embargo, es en las manos de Kain que, hacia el final del poema de Baudelaire, emprende la tarea de escalar hacia los cielos, tocar a Dios, y arrastrarlo sobre hacia la tierra. 

Yod

Si bien numéricamente la raza de Kain es la causa de la cantidad desproporcionada de asesinos y criminales que pueblan hasta nuestros días las prisiones modernas en todo el mundo, nadie en realidad piensa que estos crímenes son la causa de sus condiciones maltrechas, pues existe evidencia abrumadora para pensar lo contrario. Dios dirige esta infeliz injusticia en Génesis 4:7, en lo que puede ser la sentencia más ardua en todo el capítulo, y que puede ser traducida de la siguiente forma: “Si estás bien [o sea, si eres parte de la raza de Abel], tu serás perdonado y tu honor se mantendrá, no importa lo que hagas; pero si no estás bien [o sea, eres parte de la raza de Kain], el pecado estará en acecho en tu umbral, tentándote, al cual debes conquistar”.

Kaf

Hacia el final de la carta que Kafka le escribiese a Felicia, luego que su compromiso matrimonial había sido anulado, cuenta una polémica que sostuvo con su amigo Max Brod sobre la idea que su “felicidad estaba en su infelicidad”. Aunque Kafka no acepta el juicio sobre su condición, si llega a elaborar la idea del paso de la infelicidad a la felicidad, con lo cual se implica que la infelicidad deviene en felicidad, como las palabras enunciadas cuando Kain fue infligido con su marca. Esto significa estar siempre en desencuentro con el mundo. Aquellos que cargan con esa marca, son esos que, luego de haber destruido el mundo, son incapaces de encontrar la resurrección, incapaces de permanecer entre las ruinas. La infelicidad, no obstante, no es aquello que se siente, puesto que la infelicidad siempre pertenece a la esfera de la vida, de la cual ha renunciado, y por consiguiente lleva a ver con enorme claridad, por encima del propio agobio de la infelicidad. Una de las ideas más interesantes de  toda esta extraordinaria discusión de Kafka consiste en la manera en que se insiste en que el “marcado” no finge su inocencia, a la manera de Job o Jesús, y que justamente es él quien alcanzó a destruir el mundo, y está ahora siendo perseguido entre sus propias ruinas.

Lamed

En el mundo bíblico, el estado del desorden no es poco común. Ciertos crímenes, como el homicidio, no resultaban necesariamente en un juicio oficial o en un castigado determinado, sino en el permiso de matar al delincuente con impunidad. En el mundo romano el homo sacer es, efecto, variante de algunos tropos que, comenzando con la figura de Kain, fueron condenados a ser “inquietos nómades del mundo”, quienes pudieran ser aniquilados por aquellos que los encontrasen (Génesis 4:14). 

Mem

La manera más normal de tratar un estado de excepción y sin orden, es circunscribiéndolo, tratando de frenar sus particularices, sus eventos, o circunstancias. La Biblia, sin embargo, nos cuenta una muy distinta forma de tratar con esta situación donde todo es permisible. La marca de Kain, no olvidemos, es una forma de protegerlo de los actos esporádicos de violencia. En lugar de abolir el estado de excepción en el cual Kain se encuentra, y en cual podríamos matarlo, Dios decide crear una excepción a la excepción. Me explico: la regla nos dice que, quien ha de matar un hombre será considerado un homicida; la excepción a esta regla es que ciertos ofensores de la ley, como Kain, podrían ser aniquilados con impunidad; y la excepción a esa excepción es que la persona marcada como Kain no será abandonada. Esta última condición, sin embargo, no debe ser confundida con el orden de la primera, esto es, la figura del ofensor con el del homicida. 

Nun

La marca de Kain no es un caso aislado. Emerge por primera vez en la Biblia durante los episodios en que los ofensores huían hacia el altar, una zona de excepción, donde arraigado en una de sus cuatro esquinas, logran salvar sus vidas sobre le pacto de que una vez dentro del espacio sagrado eres considerado un intocable. Esta práctica luego fue institucionalizada y codificada en la ciudad protegida (ir milklat). Si matas a alguien por error, sin premeditación, entonces cualquier miembro de la familia del muerto se le otorgaba el derecho llevar a cabo la justicia por sus manos y matarte. Con el fin de evadir este destino, tenias entonces que escapar de tu casa, y buscar refugio en la ciudad protegida, a la cual no podías abandonar hasta que el Sumo Sacerdote muriera. Con su muerte, llegaría el perdón, y finalmente podrías regresar a casa. (El Talmud cuenta que la madre de Sumo Sacerdote solía visitar la ciudad protegida, y dar limosnas a los habitantes, para que éstos no pidieran en vano la muerte de su hijo).

Amech

La ciudad cerrada de la antigüedad es la imagen inversa del campo de concentración de la modernidad. Aunque las dos son territorios de excepción a la norma, mientras el campo permite la muerte, la ciudad cerrada la impide. De la misma forma, mientras que el tatuaje en el brazo del prisionero del campo implica su condena, la marca de Kain es el signo de estar a salvo.

 Ayin

Si la excepción se convierte en norma, es decir, si cualquiera es un homo sacer en potencia cuya vida queda se convierte en vida nuda, entonces, la mejor estrategia para resistir esta lógica, no trataría de buscar su proceso inverso, sino elaborar sobra su base, llevarla al extremo, creando un excepción a la excepción, o un estado real de la excepción: otras marcas de Kain, otras ciudades protegidas, donde los condenados estarían a salvo. Algunas veces, para muchas personas, la ciudad protegida es un lugar de lo “actual” (para los negros, los irlandeses, los judíos, los homosexuales, y muchos otros, New York significaba justamente eso). Pero las nociones mismas de “ciudad” y “marca” pueden ser usadas tanbien metafóricamente. Éstas esencialmente representan cualquier tiempo o espacio, cualquier constelación o configuración, en donde la vida no puede ser separada de su forma. Para Kafka, por ejemplo, la marca de Kain consistía simplemente en la idea de “escritura”.

Peh

El pueblo judío siempre le temió a la idea del diluvio. Con el fin de buscar su protección, la estrategia central siempre consistió en construir un arca. El Estado de Israel es un intento de construir una perdurable arca, esto es, una ciudad cerrada, donde el ser judío (poseer la marca de Kain), ya ha dejado de implicar la marca de la deshonra, para convertirse en la marca del poder. Hoy, ese territorio se encuentra gobernado por la raza de Abel, y su implacable opresión hacia el pueblo Palestino, se constituye bajo la marca de Kain.

Tsadi

Si hoy todas las guerras pueden ser consideradas guerras civiles, si en efecto es verdad que lentamente entramos a una especie de guerra civil a escala global, esto también quiere decir que cada guerra es una disputa familiar, y que cada homicidio es un fratricidio. Esto no quiere decir que los seres humanos han de vivir en un perpetuo amor fraternal. Pero solo aquellos que tienen la capacidad de verse a si mismos como parte de una inmensa familia, como lo demuestra Loraux en The City Divided, pueden perdonar al otro, e incluso olvidar cualquier hecho, no importa lo terrible, para continuar la forma del vivir en común. 

Kuf

Quien quiera imaginar la comunidad que viene, cualquiera que sea la forma de esta política; aun persiste una pregunta clavada, como una espina, en la carne de cada sujeto: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”.



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David Kishik*
Traducción de Gerardo Muñoz
*Profesor de filosofía en Nueva York, y traductor de Giorgio Agamben. Del profesor Kishik también hemos traducido en este espacio, “Sobre los pájaros”.

1 comment:

Anonymous said...

tambien puede ser K-cabron...?