Sunday, October 9, 2011

Asamblea: contra la tentación post-política


Hoy, en la tarde del domingo 9 de Octubre se sostuvo la segunda asamblea del evento Occupy Gainesville. Amenazados por un diluvio inminente, y con la falta de micrófonos, la comunicación del grupo se hizo dificultosa, para no decir casi imposible. Sentados en el suelo de parque Bob Diddley en una especie de círculo que convocaba una especie de estructura Zen o de ejercicio multitudinario del yoga, se logró dar bosquejo e impulsar algunas de las metas prácticas para llevar a cabo este miércoles y jueves.

Las acciones planificadas de la protesta consistirán de tres happenings, conectados sobre un mismo espacio, y unidos por cierta irreverencia que no le es ajena a las tradiciones populares más diversas. Primero, una marcha desde Plaza de las Américas en el campus de la universidad hasta la Plaza Bob Diddley, haciendo una parada en el campo de práctica de Norman Hall con pancartas del lema “Somos el 99%”. Segundo, demostraciones contra los bancos Wells-Fargo, donde las personas entrarán, al menos aquellos que tienen una cuenta en dicha institución bancaria, y extraerán todo su dinero, cancelando de esta forma su cuenta de fondos personales. Tercero, un gran baile de “zumba” que, más parecido al carnaval de Río que a la disciplina de una protesta, pretenderá aglutinar a los sectores y cuadros más jóvenes de la protesta. Esto último confirma la hipótesis que he venido sosteniendo desde hace algún tiempo: no hay que idealizar a la masa. Allí donde reinan las multitudes, la política por momentos suele disolverse en carnaval, en fiesta pura. Esa es la gran lección que hay que aprender no solo de la famosa teoría de Mijail Bajtín, sino también de escritores como Juan Rodolfo Wilcock y Witold Gombrowicz, de Helio Oiticica y Andrey Platonov.

Y no se debe leer aquí una especie de reparo contra la fiesta, sino todo lo contrario. La manifestación política de la protesta incluye, como elemento constitutivo de sí, esos aconteceres carnavalescos que otorgan el matiz de la autorepresentación. El carnaval implica la subversión del orden instaurado por el poder, la apertura de líneas de fugas sobre el espacio, contra una sociedad del espectáculo, cuya única supervención es tan solo un simulacro que circula solo en la medida que existe el valor de cambio de sus representaciones. Toda crítica al carnaval esconde – como lo demuestra el peor Cortazar de “La Casa tomada” – el desprecio a la esencia más visible de la expresión popular. De modo que me pareció interesante, la propuesta que integra la zumba a ritmo de una canción ¡Ocuparemos con el King Tut!.

Otro de los puntos centrales de la discusión durante la asamblea fue la cuestión del nombre. Mao advertía que la crítica solo puede venir desde las filas del partido, así que me detendré en lo que estimo un posible peligro en el consenso que se obtuvo hoy sobre este tema.

Un joven activista advirtió sobre la multiplicidad ideologías e impulsó el debate hacia el pensamiento de un signo hegemónico que reuniera las diferentes visiones políticas. Si bien es defendible la pluralidad ideológica, me pareció que entablar la cuestión en relación a ‘respeto mutuo de idea’, resultaba altamente despolitizado. Aun más, no estoy seguro que pensar la multiplicidad con el fin de llegar a una “unidad” sea la operación correcta, y mucho menos la única.  En lugar de cuestionar el “movimiento”, como algo orgánico, bajo la ficción de un signo común de la unidad, hubiera sido más interesante pensar el grupo como una multitud de diferencias, cuyo lema de “ocupar políticamente”, aislaría esa latencia ideológica, y abriría espacio para la participación política más clara. La decisión apropiar el lema del “99%”, es un algebra que aglutina a muchos, pero que tiende a dejar el horizonte de lo político en una lejanía casi invisible. Esa cifra no llega a definir al sujeto político, y de laguna forma se coloca a mucha distancia del campo de la lucha ideológica.

Al estar cerca de este tipo participación política, doy cuenta que la praxis emerge de una continuidad hecha desde otra temporalidad, mucho más veloz, y sin cortes. En el espacio de una asamblea, las ideas emergen quizás a destiempo de la acción y los gestos, del discurso político y del madero de la organización. Parecería que hoy la ideología y las palabras importaron menos que el golpe de efecto, sus astucias, y continuas representaciones. En el futuro, la propia naturaleza de este tipo de asamblea abierta necesitaría tomar en cuenta su formación múltiple y heterogénea, en relación con el lugar de la política como formación de identidad propia. Contra los instintos de la despolitización, solo una agenda radical podría contrarrestar y compensar esa hostilidad que buscamos resistir. Y de una vez, destruir.

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Gerardo Munoz 
Octubre del 2011
Gainesville, FL.

2 comments:

Ernesto Menéndez-Conde said...

Muy bien la descripcion de lo que hacen. Ojala que este movimiento persista hasta alcanzar un espacio politico desde el que se consiga transformar un poco el orden imperante. Yo lo veo con entusiasmo. Me gusta que la gente haya comenzado a movilizarse para hacerse escuchar. Al mismo tiempo, temo que no se lograra mucho o que posiblemente, en el mejor de los casos, sea un proceso largo, quizas de algunos annos, y ahora solo estemos asistiendo a los inicios. Saludos, E

Anonymous said...

Gerardo, thanks a lot for the post and I will past it along to the other who were present. Your view is very much welcomed. Take care and see you soon.

Best,
Leslie.