Tuesday, October 18, 2011

El Sexto: una contraofensiva artística


Grandes rectángulos rosados aparecieron sobre una céntrica avenida habanera. Cubriendo columnas, paredes, y muros, estas manchas rosas menos que no eran precisamente adornos otoñales. Han servido para dejar la marca sobre la escena de un crimen, imponiendo un modo de entender la existencia de una estética sobre otra. Su función: tapar algunos graffiti contestatarios del artista urbano que firma como El Sexto.

Arrestado por la Seguridad del Estado Cubano hace menos de un par de semanas, las manchas color rosa han demostrado que la censura no solo deviene sobre el “autor” – el que ejecuta y pone el cuerpo – sino también sobre la firma misma del autor, sobre la posibilidad de quien se atreve a dejar a inscripción de su nombre.

Y es que la “ofensa” pudiera comenzar justamente por el nombre: “El Sexto”. Preguntaríamos, ¿el “sexto” qué? ¿Sexto grado? No, la ofensa seria demasiado infantil, si bien lo precoz es siempre un elemento tangencial del graffiti que profana.

El Sexto es un nombre que se instala sutilmente en la fábrica simbólica de la sociedad contemporánea cubana. Una sociedad cubana que, además ultrajar a la ciudadanía con sus modos represivos físicos y policiales, no ha ignorado el viejo uso de la simbología, la numerología, y los tótems cuasi-religiosos. El Sexto está ahí para añadir un peldaño más al escalafón heroico de los “5 Héroes” cubanos recluidos en Estados Unidos, símbolo actual de la batalla de ideas contra el gobierno de Washington. Aunque a diferencias de aquellos presos del norte, el “sexto” sería ese preso insular, aquel que resiste la cotidianidad y que, como bien lo indica su figura, habla desde el anonimato.

El Sexto es también como alusión al “último congreso” (la expresión es de Hamlet Lavastida) del Partido Comunista. ¿Habría aquí una hipótesis común entre El Sexto y el artista Hamlet Lavastida en tanto a la vida política cubana después del 6to Congreso del Partido Comunista Cubano? ¿Será éste realmente el último? En ese sentido, “El Sexto” serían todos aquellos que viven dentro de su tiempo y que habitan el último rezago de esa decadencia política. El Sexto es también una derivación etimológica: hablar de la belleza, de la estetización del cuerpo.

Sexto también recuerda la palabra “sextante”, instrumento que mide el ángulo entre dos objetos. No es casualidad que su firma incluya el trazo de un pequeño cometa en forma de estrella distante. Esa es de alguna forma el vuelo y su espacio conceptual.

En el caso del graffiti de El Sexto tendríamos que pensar esta diferencia siempre entre dos extremos como pueden ser la ideología y las palabras, el pasado revolucionario y las ruinas del presente, la posesión del nombre y la pérdida de la identidad ciudadana. Con una máxima ironía, uno de sus graffiti inscribe en una pared la palabra “revolución” (REV), seguidas por las flechitas icónicas de la era del cassette (rewind). La Revolución es ya también una forma del pasado. Hasta ese nombre se nos ha robado.

Contemporáneo no por lo que escribe, sino por las distancias que mide desde su presente (con “los 5”, con el “Congreso”, con las palabras), El Sexto pone en crisis el estancamiento de los últimos momentos del proceso revolucionario. Como su homónimo griego Sexto Empírico, el habanero es escéptico no solo por descreer en las mitologías políticas de Estado, sino también por desenmascarar las relaciones ideológicas que una sociedad instaura entre sus símbolos, palabras, y números.

No es nada fácil retar desde el régimen de lo visual a un régimen que se establece, entre otras cosas, justamente como un orden de lo hiperreal. Cualquier revolución del siglo XX, sin dejar atrás a la cubana, es impensable sin esa dosis de la estatización de la política. 

Como ha mostrado David King en The commissar vanishes, fue quizás el estalinismo quien inventó lo que hoy conocemos como el photoshop. Podemos también ver en las censuras gráficas del estalinismo (manchas negras que cubren íntegramente el rostro de algún detractor del Estado), brillantes antecedentes de las prácticas de un Franz Kline u otro expresionista abstracto. La contraofensiva revolucionar contra El Sexto hace una renovación sugestiva a esta línea de la censura estética de Estado: la censura fue en color rosa. Si partimos con la idea que los cambios semióticos son importantes en la esfera de la política, he aquí un momento en donde la censura también toma rasgos de renovación estética, de un performance contra el performer.

¿Por qué el rosado y no el rojo? ¿Acaso la solidez ideológica de la contraofensiva ha entrado en crisis? ¿Es el color rojo muy llamativo de la censura, de la presencia estatal en el espacio público?

En todo caso el graffiti de El Sexto ha explicitado la crisis cromática de la ideología de Estado: allí vemos la lenta degradación de su escala de colores. Esto sucede curiosamente a pocos meses que el Presidente Hugo Chávez hiciera también un desplazamiento de los colores bolivariano del rojo al amarillo. Tampoco Chávez ha sido el único. Por otra parte, Apolítico (2001) una obra del artista cubano Wilfredo Prieto, ha optado por un procedimiento similar entre estados y colores: descolorar todas las banderas de la Naciones Unidas.

Este relajamiento gradual hacia una tonalidad monocromática no solo pone en relieve los recientes desencuentros entre política y color, sino también apuntala hacia la despolitización de las ideologías. De ahí que los manchones rosados contra El Sexto, si bien son clara censura por parte del Estado, vienen siendo la última fase del proceso de la creación pública de ese gesamtkunstwerk llevado a cabo por El Sexto.

Yo los comienzo y tu los terminas…pudiera ser un posible lema de El Sexto en un próximo graffiti sobre alguna muro habanero. Un susurro a los oídos de los censores.

Esto significa que el Estado es también grafitero. Lección que el grupo Arte Calle entendió muy bien en su momento, y que ahora El Sexto ha vuelto a elucidar a través de su inteligente y multifacética pirotecnia urbana. El malestar que ha producido su graffiti en los últimos meses demuestra que el Estado Cubano, al igual que los otros estados del mundo capitalista, se ha visto asaltado desde su propia zona. Es en esa batalla estética por lo público que las palabras de El Sexto han buscado instalarse en ese centro que constituye la tarea de repensar la política y la sociedad cubana actual.


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Gerardo Muñoz
Octubre de 2011
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

No jodas... Hamlet Lavastida es un artista....y el Sexto es una construcción pollítica. Y que no me venga con el Sexto es subversivo y que por eso no lo acepto. Es increible ver como la mente humana funciona...el sexto, se lo puso por chiste, y es un chiste ver cómo todos hacer conclusiones y texto sobre el asunto. jajajaj...y por lo político, más político Hamlet no puede ser...y más irreverente...pero él si hace construcciones artísticas pero el sexto no....basura. Me molesta que degraden los procesos artisticos así de esa manera...porque cuesta mucho llevar el arte a la realidad, hacerlo polémico y de narrativa sociológica...y que por la vagancia intelectual de la mayoría y la mediatización de las realidades apoyen y pongan en un mismo pastel lo que simplemente les es fácil de analizar...en fin.