Wednesday, October 12, 2011

Ocupación desocupada


El día de hoy ha dejado un mal sabor en la imaginación de algunos colegas y amigos. Y en realidad tal sensación no ha sido en vano: los preparativos, las reuniones, y la despertada a tempranas hora de la mañana fueron recibidas con una escasa participación de estudiantes y trabajadores en la Plaza Bob Diddley en el centro de Gainesville. 

Todo comenzó con una intuición que casi siempre acierta: cuando uno se dirige hacia un lugar y ve cómo la gente se dirige a otro, se da cuenta que las cosas "marchan mal". Una escena que por momentos tenia tintes de un escalofriante Munch, en el espacio público solo se podría estimar al menos sesenta personas.

O quizás menos. Entre la falta de comunicación de mensajes de textos y de acceso al Twitter (¿habrá tenido que ver algo la policía o el Ayuntamiento en conjunción con las proveedoras de servicio, o mera coincidencia?), ancianas que regalaban tostadas con mantequillas, y algunos punks con crestas verdes y moradas, se comenzó a murmullo, un tuteo con la palabrita “fracaso”. A esa palabra quiero dedicarle, entonces, algunas líneas en relación con la lógica del significado de la protesta en general.

¿De qué modo o bajo qué principios podemos decir que la protesta de hoy ha sido un rotundo fracaso? ¿Es posible hablar de fracaso para medir el éxito de una protesta que aun ni tiene definidos sus contornos políticos e ideológicos? Por una parte, la respuesta sería un eterno No. Es decir, no puede haber fracaso en la propia esencia de cualquier movimiento que opere bajo el nombre de “Occupy” (Ocupación), ya que el propio movimiento es una masa contingente, de una horizontalidad que tiende a la entropía funcional. 

Tampaco puede el bajo número de participantes desteñir la potencia de un movimiento que expresa de por si las contradicciones actuales del sistema, y que ha puesto a circular, éste quizás sea su merito central como lo he conversado con un profesor amigo, palabras como capitalismo, elites corporativistas, neo-liberalismo, y lucha de clases. Nombrar las cosas, y hacerlo desde un espacio público, como creo haber discutido en una asamblea anterior, es un primero paso. Y es un paso importante. Las palabras definen el espacio discursivo de la práctica política. 

A un nivel mucho más conceptual tampoco creo que se pueda hablar de una lógica de fracasos en tanto protestas. Primero porque la protesta, y sobre todo las protestas generadas por “multitudes” (otorguémosle esta el sentido que le otorgan Hardt y Negri), no tiene una demanda especifica, sino una presencia como ausencia que constituyen la potencia de su devenir. Es decir, las multitudes de hoy no son las masas del proletariado de ayer: nuestras multitudes, bajo el signo movimiento, no pueden fracasar, porque ya han fracaso. Todo fracaso le es ajeno, y por contrario, simboliza el momento de un recomienzo.

Si el movimiento es una maquinaria que interpela y resiste la ideología del fracaso, hay también que hacer una autocrítica de este OccupyGainesville que intentaré resumir en varios puntos inconexos y que estarían abiertos a cualquier tipo de polémica en el futuro. 

(1) La movilización estudiantil es el núcleo de la multitud: es un hecho histórico, es la lección de Cohn-Bendit y Jacques Sauvageot. Sobre todo si pensamos en una ciudad como Gainesville que cuenta con un cuerpo estudiantil de casi sesenta mil estudiantes. Esta ciudad es el estudiante. La falta de promoción, tanto a nivel sindical como institucional (departamentos, colegios, profesores, y otras burocracias), estuvieron en buena medida ajenas al proceso organizativo. 

¿Por falta de conciencia? Si y no. Pienso que los cuadros organizativos tienen como marco epistemológico la categoría del estudiante como un sujeto inactivo de la clase pequeña burguesa. Sin amargo, no logran ver, el uso potencial de esa clase como eslabón de una cadena mucho más amplia que se expanda a las bases trabajadores, desamparados, ey de esos lumpen-proletarios que hoy merodeaban la plaza, si bien tomando distancia de los participantes de la protesta. Es importante aun el siglo XXI recordarle a estos cuadros “socialistas” la relevancia de aquel lema leninista: “!golpear juntos, y marchar separados!”. Ese lema aun no caído como principio de movilización dentro de la lógica del movimiento.

(2) Una ocupación radica en la toma por la fuerza del espacio: tomar el espacio implica transformarlo en valor-de- uso-colectivo. Esa lección no ejecutada por el movimiento tiende a explicar la negligencia de su acción, y su toma de partida por ciertos aspectos o figuras burocráticas. El pago al Ayuntamiento por ocupar el espacio durante un día ($5000 si quieren seguir la "parranda" otro día ) o el “respeto laboral” frente a los campesinos que viene todos los miércoles a vender sus vegetales y viandas en la Plaza, son muestras de cómo cualquier potencia de radicalismo, de verdadera “ocupación”, se transforma en diálogo con grupos externos ligados a los aparatos del estado (al jefatura del espacio de la ciudad, y capitalistas menores del campo). No puede haber ocupación sin reapropiación de lo común, y sin la perturbación de la rutina impuesta por los dispositivos del poder sobre el espacio y el capital.

No querer ocupar el espacio durante las horas en que los campesinos vendes sus productos hace visible la paradoja de un movimiento que exige la unión cívica sobre un espacio de lo común, sin mediaciones simbólicas del intercambio de bienes materiales.

(3) Una ocupación está fuera de los límites de la representación. Y presenciamos hoy penosas escenas, en las cuales jóvenes y mayores se sacaban fotos con percantas: teatro de las ilusiones. Algunos hasta abrían la boca, y hacían muecas. Este quizás sea uno de los límites de la representación de la era de las nuevas tecnologías. Pareciera que el “flash” era más importante que el vínculo que se pudiera establecer entre los cuerpos, o el discurso abierto que podría haber sido lanzado al aire sobre una avenida inundada en automóviles. La fotografía puede ser la documentación del evento, pero nunca la base de su experiencia como fenómeno en el espacio. 

¿No es está justamente la lógica representacional que criticamos de los medios hegemónicos y corporativistas del status quo?

En cuanto a hoy quizás pudiéramos hablar de una “ocupación desocupada”. Desorientada y vacilante, dos difíciles palabras que marcan una crisis incial del movimiento. Aun asi, la crítica siempre debe tomar la forma de una autocrítica, de un reflejo sobre los límites políticos del partido. Caeríamos en la trampa del pasado, si viéramos la inoperancia de las masas puramente bajo el signo de la falsa conciencia. La culpa, si acaso, está siempre del otro lado.


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Gerardo Muñoz
Octubre del 2011
Gainesville, FL.

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