Wednesday, November 30, 2011

Arte Reembolso


En 1993, del cual ya casi nos separa una década, el Museo de arte contemporáneo de San Diego, como parte de su exhibición Bordes/Fronteras, comisionó una obra de los artistas Elizabeth Sisco, Louis Hock y David Avalos. Obra que tendría que estar a la medida de las exigencias – políticas, curatoriales, estéticas, económicas – de dicha exhibición en cuanto a la representación de los desterrados de la sociedad, y que de cierta forma articularan un problema, o una "identidad" de esa comunidad local. La obra que idearon Sisco Huck y Avalos tuvo como propósito, justamente, el concepto de la representación y los límites mismos entre producción artística y capital humano, entre el arte como sistema autónomo de la cultura y de eso que pudiéramos llamar, si es que aun vale la acepción, la “práctica de la vida cotidiana”.

Arte Reembolso / Art rebate fue, en cierta medida, más que un happening, puesto que fue una acción ligada a su dimensión política y cívica. La acción arte reembolso consistió en entregar un billete de diez dólares a 450 trabajadores indocumentados de campos de tomate. Cada billete, con la esfinge de Alexander Hamilton, fundador y secretario del Tesoro, símbolo de la especulación financiera de los Estados Unidos, fue a su vez firmado por los trabajadores. La idea del “reembolso” tenía como premisa que los inmigrantes recibieran una especie de “tax-return”, como los que reciben cada año cualquier ciudadano norteamericano. De esta manera, el billete fue convertido, de su significado de orden "mítico”, al decir Sohn-Rethel, en una especie de certificado que apostaba por la unidad del esfuerzo comunitario capaz de dignificar el trabajo cotidiano de los inmigrantes.

Según la propuesta misma de los artistas, Arte Reembolso consistió en “hacer algo provocador, capaz de generar un discusión pública, es decir, un arte público, no meramente un arte para el público. Esta obra solo puede ser entendida como un performance dentro de cierta comunidad”. En realidad, la obra de Sisco y Huck, obtuvo el revuelo que, en su origen, buscaban. Las reseñas tanto en el circuito del arte como en los periódicos locales de San Diego, esgrimieron argumentos, la mayoría de ellos en contra, del uso público de fondos de dineros para “regalados” para inmigrantes que nada aportan a la comunidad. La negativa del público y de la crítica confirmaba, entonces, el propio malestar que Arte Reembolso ponía en descubierto en su acción. A un nivel simbólico, y sin dudas más poético, los billetes de $10 firmados por los inmigrantes entraban a ser parte de la circulación y del espacio monetario. Espacio a su vez utópico, ya que al estar firmadas por el trabajo y las manos de los inmigrantes, la estrategia artística comprendía que de alguna forma era posible que indocumentados pudieran ser partícipes de una comunidad más amplia, de una política sin exclusiones de clase o de raza.

Es entendible, más allá del argumento de ciertos críticos en contra del gasto público, por qué una obra como Arte Reembolso haya causado un malestar entre las instituciones artísticas y sus críticos. En plena década de los 90, donde se respiraban los fríos aires de la bonanza neo-capitalista y donde aun no se percibían las costuras de la especulación financiera, mostrar los viejos antagonismos de clases, sin dudas fue recogido como una orquestación “chea” por parte de un grupo de artistas provocadores. Y si bien, esta acción fue comisionada por una exhibición sobre frontera y arte, quizás los curadores de dicha muestra esperaban el encuadre al modelo “multicultural”, muy en boga por aquellos años, en donde una cultura solo es legible de sus signos de “pureza”, “otredad”, “diferencia”, en resumidas cuentas, por “sus raíces”.

En Arte Reembolso importa menos el origen de estos obreros que su posición frente al sistema, poco importa el fondo del folklore local (su habla) que la relación que se logra encarnar entre representación y poder, entre arte y política. Arte Reembolso, cuestiona así, no solo la mera representabilidad de los obreros y los inmigrantes ante la sociedad, sino la propia función del arte como mecanismo de producción cultural mediado por instituciones, proyectos, e ideologías. Aunque situado en el centro de la llamada “práctica de crítica institucional”, Arte Reembolso disloca un problema que parte de la idea de un arte de la frontera, para devenir en un cuestionamiento de la frontera del arte.



*(Durante este año, estaremos comentado algunas exhibiciones, documentales, y acciones artísticas relacionadas con el problema de la inmigración. Algunas de estas acciones u obras serán más recientes que otras, aunque la idea es entender, desde el arte, esa nueva subjetividad emergente – la migrante – sin la cual es hoy impensable el dilema de la globalización. Arte Reembolso (1993) es tan solo la primera entrega).

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Gerardo Muñoz
Enero de 2012
Gainesville, FL.

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