Sunday, November 27, 2011

Capital a martillazos



Se habla desde la lógica de los finales: el fin de la ideología y de la Historia, del antagonismo político y del comunismo, de la superación de los conflictos sociales y de los ademanes de la resistencia (guerrilla, sindicalismo, el Este).

La democracia aparecía, en nombre de Occidente, como panacea para todos los males de la sociedad post-comunista y postBerlin. En efecto, se intentó pensar la política ya no como centro de la actividad del vivir en común, sino como un rastro del pasado, ahora devenido en suplemento de las fuerzas economicistas neo-liberales. Un político argentino y think tank de la transición democrática llegó a decir – la cita es memorable –  que la democracia no tenia porqué no ser aburrida. Era aburrida y punto.

El aburrimiento sería algo así como el “estado anímico” del nuevo orden social, el estado soñoliento en el umbral de los finales. Las instituciones democráticas se convertían en enormes monumentos en el nuevo ordenamiento estático de lo público. (Y no hace falta haber leido a Heidegger o Moravia para darse cuenta, ya en la ficcion del Este, como algunas de las novelas de Herta Muller, el aburrimiento aparece como el síntoma de la burocracia de Estado...).

De la presencia del Estado a la economía de lo “estático”: sobre este límite se podría entrever no solo el malestar que opera sobre la fábrica de los sujetos sociales, sino también sobre los modos en que la política ha desaparecido del discurso público. 

La política como stasis - es una de las compuertas que acompaña las paradojas de una época signada por la velocidad de la información, las redes de la esfera 2.0, o la contingencia de la especulación económica de Wall-Street. Parecería que hoy todo es territorializado, salvo el estatismo de la economía, movimiento cuyo cambio opera con el único fin de no cambiar nada.

Es esta la operación de la gramática de la multitud que describe Paolo Virno, o la encrucijada discursiva sobre el término de lo “imposible” que hace notar Slavoj Zizek. Curiosamente el ardid discursivo del status quo opera hoy como posibilidad de lo imposible (biotecnología, inmortalidad, velocidad) , por una parte, y como imposibilidad de lo posible (impuestos a los ricos, seguridad social). Contra las predicciones posmodernas del capitalismo tardío, la figura de la política contemporánea aparece menos bajo el signo de una cultura de movilidad que del afán institucional de lo estático.

Tampoco la esfera del arte ha estado ajena a estas transformaciones sociales y políticas de Occidente. En sintonía con la mundialización neo-liberal y el congelamiento político, los “long ninities” del arte contemporáneo tuvieron su extramuro con la socialización de ciertas prácticas sociales en la forma de acción práctica. En la vena de lo puramente relacional, el arte contemporáneo plasmó el síntoma de la pérdida de lo social, a la vez que practicó ciertos recintos artificiales de intercomunicación y compenetración entre evento artístico y sus espectadores. Arte relacional que, como ya otros han indicado, reprodujo la socialización sin conflicto, la política sin el agon, el paro total de los enfrentamientos de la “esfera publica” capitalista.

Si tanto la dimensión de lo publico como la producción imaginario del arte ha escamoteado el centro de la contención (o la “contradicción”, como le gustaban decir a los marxistas de antaño), la reciente obra “CAPITAL LEON” del español Daniel Andujar, pone en relieve esa contradicción y la articula desde la violencia y la contención social.

Capital León, presentada en el espacio MUSAC, consta de una vitrina roja con las letras “capital”. Andujar, vestido con una escafandra de protección, se acerca a la vitrina y con una mandarria la vuelve pedazos. Con una pala recoge sus pedazos....

Es así que podemos ver, tras la grafía de “Capital”, la inscripción gótica Locus Apellationis, fuste que proviene de una antigua catedral de León de la Edad Media, cuyo lema es "Justicia es dar a cada uno lo suyo".

Derrumbar el “Capital” con un martillo es algo así como la otra cara del rostro del capital que se ha impuesto, justamente, a martillazos sobre la mayoría de los países del globo. Esta operación artística también tiene su diseño  con la antigua operación de la interpelación ideológica: frente a la articulación estática del “capital”, redimir los substratos que se acumulan tras de sí. De este modo, recuperar el antagonismo que contrae el arte, las contradicciones que emanan de lo social y lo histórico. 

Si Nietzsche proponía en El crepúsculo de los ídolos destruir los dioses huecos a martillazos, Andujar hoy se levanta, a pie de aquella máxima, como destructor de las viejas ideologías, sobre todo del ídolo más antiguo de nuestro “antigüedad ideológica” que signa el capital.

Como en algunas de sus obras anteriores – PostCapital Archives, Democratizar: A vuelo de pájaro – esta acción artística de Andujar tiene los contornos de una pieza de arte, pero la matriz de una indagación política-histórica. El archivo de “Capital León” da una muestra del alcance de dicho proyecto como investigación hacia el pasado y futuro de la compenetración entre arte y política. El archivo se convierte en ese espacio por el cual la crítica al capitalismo pasa de la simpleza de la inconformidad a la desarticulación de una hegemónica histórica. Así, la breve acción de Daniel Andujar es solo el inicio de un proyecto que se avecina como la cartografía de un territorio personal, así como la travesía dentro de un somero relato que aun nos domina a gran escala.


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Gerardo Muñoz
Diciembre de 2011
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

buen comentario a artista interesante.