Friday, November 25, 2011

Guerra y zona de conflicto: congreso literario (UM)


A principios del mes de Noviembre (2011) tuvo lugar la conferencia “War: Conflicts, Internal Conflicts, Zones of Conflict” en la Universidad de Miami, organizada por los estudiantes y profesores del departamento de Lenguas Romances de dicha institución. Reuniendo a menos de veinticinco estudiantes y profesores, el espacio de la conferencia dio lugar a un diálogo productivo entre los presentadores, los profesores, y los oyentes.

A diferencia de las enormes conferencias literarias y culturales que se organizan anualmente en la academia norteamericana, la organizada por Alexandra Gonzenbach y Américo Mendoza-Mori, fue diseñada teniendo en mete el intercambio y la hospitalidad y no el frío anonimato que destilan en coloquios megalómanos de no pocas universidades.

Apostando a un espacio de intimidad, y a su vez de alto nivel crítico, sorprendía que a cada exponente, profesores y alumnos hicieran preguntas atinadas sobre la investigación, y que a su vez se abrieran potenciales líneas de análisis para una futura investigación. De ahí que una conferencia diseñada de esta manera suspende las apariencias y los gestos protocolares para dar lugar a un espacio legítimo de intercambio y confluencia de pensamientos.

Dedicada al terma de la guerra, la conferencia intentó pensar, desde múltiples marcos epistemológicos, las diferentes manifestaciones en que la guerra se apropia de subjetividades, inscribiendo eso que Samuel Weber ha llamado “la militarización del pensamiento”.

En un mundo que ha dejado de optar por el enfrentamiento tradicional entre ejército y pueblo, en tanto la suspensión misma de la política, la guerra se ha transformado de una práctica a un concepto que subvierte el orden de las sociedades globales y de las distintas subjetividades contemporáneas. La teoría contemporánea da cuenta de este cambio de prácticas bélicas. En los trabajos de Hardt y Negri, Martha Rosler, o el colectivo Tiqqun, la guerra aparece bajo el signo de la guerra civil, es decir, como la continuación del antagonismo en los confines de la dominación biopolitica. De ahí que la guerra hoy menos que una operación armamentista – aunque ésta siga en pie, sobre todo con el Imperialismo Norteamericano en la “guerra contra el terrorismo” – ocupe un territorio conceptual más amplio que coincide con la desterritorialización de la biopolitica social.

En la medida que el antagonismo político, motor de las luchas progresistas a través de la historia, llegan a su fin, la guerra hoy aparece como el velo de la división entre subjetividades y de la creciente sociedad del espectáculo. De esta transformación Roberto Weiss, colega argentino de la University of Florida, y este servidor, nos hemos ocupado en nuestro trabajo intelectual durante los últimos dos años. ¿Cómo pensar figura de esta nueva guerra bajo el signo de la filosófica política y sus representaciones culturales/literarias?

La conferencia abrió con una magnifica ponencia de Idelber Avelar, profesor titular de Tulane University, sobre el desencuentro y crisis de la masculinidad en la obra de Jorge Luis Borges. Autor de los libros Untimely Present y Letter of Violence, por citar dos de los que he leído recientemente, el itinerario crítico de Avelar ha retomado algunos de sus intervenciones críticas ya desarrolladas en estos dos libros, para leer la forma en que los aparatos discursivos han participado de la construcción y representación de las masculinidades latinoamericanas.

¿Cómo se fomenta el ideal de lo masculino, y desde que discursos se establece su representación? ¿Cómo pensar la crisis de la masculinidad en ese espacio contemporáneo cuyo signo pareciera existir solo en la medida que se renazca la crisis y su fragmentación?

Avelar comenzó diciendo, en efecto, que la tesis de la “crisis de la masculinidad” es una premisa ad hoc de la propia idea de lo “masculino”. O sea, el propio discurso de la masculinidad se encuentra en una crisis no por el contexto contemporáneo, sino en su propia formación constitutiva. Visto desde la literatura de Borges, y en especial en relatos como “La intrusa”, “Emma Zunz”, y “El Hombre de la esquina rosada” – la representación de la masculinidad no es que entre en crisis, sino que constituye la crisis misma de esa representación. Argumentado contra las teorías del queer impulsadas por Balderston y otros estudiosos de la obra de Borges, Avelar propuso una lectura performática donde el género fuera leído contra el fondo de los ideales de la masculinidad, cuyo corolario es siempre el suplemento de una nueva economía del deseo.

Esta crisis de la masculinidad atraviesa buena parte de la obra de Borges encarnada en las figuras de los gauchitos, compadritos, cuchilleros, y grandes héroes nacionales desde su temprano libro Historia Universal de la Infamia. Esta indagación sobre el mundo masculino de Borges constituye, en realidad, solo un capítulo de la monografía que Avelar desarrolla en estos momentos sobre masculinidades en América Latina. Más que las figuras del Cono Sur o Brasil, será interesante leer lo que Avelar escribirá sobre la figura del Che Guevara leído dentro del marco teórico de la masculinidad a quien, dicho sea de paso, Avelar le dedica un capítulo en su nuevo libro.

Si la inauguración de Avelar nos introdujo el tema de la guerra desde una arista mucho más interna, suscrita desde los contornos mismos de la subjetividad latinoamericana, las presentaciones posteriores tomaron no pocos rastros de eventos catastróficos, desde la guerra civil en Guatemala y el Salvador hasta las formas testimoniales del Congo del siglo XXI, que fueron leídos desde la disciplinas más disímiles del pensamiento contemporáneo, incluyendo los estudios culturales o la critica literaria.

Entre algunos de los participantes, como David Marahn o Juan Felipe Hernández, formados en la disciplina de la Historia, establecieron algunos cortes entre el nacimiento del estado-nación durante la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio Otomano, y las políticas culturales en países como Brasil y Uruguay en el contexto de la transición post-dictatorial en el Cono Sur. Trabajos de crítica literaria pusieron bajo escrutinio las bibliografías sobre Elena Garro, Nancy Molejón, o Roberto Arlt, con el fin de encontrar en sus respectivas obras, algunos momentos por donde leer el conflicto nacional, la guerra civil, o los aparatos biométricos de la jurisprudencia moderna.

Todos estos trabajos demostraron, en más de una forma, lo versátil que puede ser el acercamiento a un tema tan amplio como la guerra aun dentro de un departamento de lenguas romances cuya preocupación históricamente estuvo arraigada por los problemas de la forma, el estilo, o las tramas, y menos por la formación de discursos políticos, la representación de ciertas subjetividades, y el análisis teórico político o performática de una obra literaria o social.

La apertura de la disciplina literaria a estos acercamientos fomenta un saludable y conveniente diálogo entre disciplinas que, muchas veces, se han mantenido aisladas de sus lazos teóricos y formales. Para muchos críticos, el entrecruzamiento de teorías y prácticas culturales siguen siendo anatemas para el análisis textual de la práctica litería.

Por mi parte, pude participar en el panel “Debates Intelectuales”, donde expuse una investigación teórica sobre el pensamiento del filósofo argentino León Rozitchner. Titulada “Terror y guerra en la obra de León Rozitchner”, mi presentación abordó muy esquemáticamente dos de los conceptos (guerra y terror) que atraviesan toda su obra desde el temprano Moral Burguesa y Revolución hasta su último La Cosa y la Cruz. Mi ponencia era a su vez una discusión con algunas de tradiciones intelectuales de la izquierda contemporánea, en particular en la reciente articulación entre marxismo y psicoanálisis de pensadores como Slavoj Zizek, Alain Badiou, o Joan Copjec.

Además, mi presentación intentaba reintroducir la obra de Rozitchner a la amplia gama discursiva de la izquierda contemporánea, haciendo la salvedad, desde luego, de la incomoda posición del filósofo argentino frente a la categoría misma de la izquierda. Tal es el dilema del lector que se acerque a su polémica con el peronista de izquierda John William Cooke “La izquierda sin sujeto”, largo ensayo luego publicado en la revista cubana Pensamiento Crítico. Además de haber sido una figura clave en el deshilo anti-estalinista del marxismo latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX, la segunda parte de mi estudio también sugerí que la obra de Rozitchner aun podría contener esa actualidad, como confirman sus últimas indagaciones sobre la esfera de la teología política, para los debates de nuestro presente.

Además haber podido entablar muy fructíferos diálogos como estudiosos a quien admiro como Idelber Avelar y George Yudice, este congreso literario en la Universidad de Miami fue una ocasión para relatar, más allá de posiciones blandas y banales, los problemas institucionales, políticos, y económicos que atañen a todo aquel quien se encuentra atado a una institución académica.

El alto nivel de las ponencias, junto con la hospitalidad de los estudiantes y los profesores, hizo de este intercambio intelectual una conferencia bastante memorable. Dicha comunidad intelectual, en base al intercambio agónico y perpetuo, es lo que está en juego en la crisis institucional y fiscal universitaria. No dudaría en decir que en este coloquio, a través de la articulación de la guerra, conseguimos tan solo una proximidad a varios de los problemas de los cuales ya no podemos estar ajenos.  

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Gerardo Muñoz
Noviembre de 2011
Gainesville, FL.

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