Wednesday, November 30, 2011

La labor intelectual como promoción


El profesor David Kishik ejerce la docencia en una Universidad de New York. Conoce las entrecanas del sistema y su entorno laboral, algo de lo cual ha sido crítico en varios de sus textos recientes. También ha traducido dos de los más recientes volúmenes del filósofo italiano Giorgio Agamben (What is an apparatus? y Nudities), y es autor de un par de libros sobre filosofía contemporánea que han tratado pensar el nexo entre el filósofo italiano y el alemán Wittsgestein. Como pocos intelectuales universitarios contemporáneos – me atrevería a decir que es quizás el único – su obra ha pasado, en el ya entrado siglo XXI, de las redes al libro, de la pantalla al papel.

Digo todo esto porque su más reciente libro The power of life (Standford Press, 2011), que se instala como el segundo volumen de una serie de tres libros sobre el concepto de la “forma de vida”, del cual ya iremos comentando este año, tuvo sus orígenes en el blog del autor bajo la forma de “posts” durante el curso de dos años. 

Esto confirma un síntoma actual de no pocas poéticas contemporáneas que han cruzado de la cultura del libro (la era Gutenberg) a la instantánea de la pantalla (la Web 2.0), de la cita escrita al intertexto digital, de la supuesta organicidad del texto a la especulación lasciva de la nota. Todo eso lo ha sabido manejar de una manera insuperable, y más interesante aun, ha encontrado un ascenso hacia las tapas de un libro.

Habría que escribir aun la breve historia del defasaje de ese -post al “post”, de cómo se transformó un prefijo a una figura retórica o forma literaria (algo así como el concepto de la “novela”). Para quienes aun buscan la salida del “-post”, marcador histórico, quizás tendrían que dejar de mirar a otros lados, y recoger el desplazamiento radical que condensa esta forma. Novedad literaria y cultural que implica una renovación de los modos de circulación, producción, distribución de la palabra y las imágenes entre una comunidad.

Además de una forma de introducción a su “labor intelectual”, comento esto porque me parece que viene al caso a una despida de fin de año que ha enviado el propio Kishik que trata sobre la relación entre escritura e institución, labor intelectual y tiempo presente. En forma de dos preguntas, Kishik escribe – y traduzco:

¿Cuál es la proporción de tiempo que tú le dedicas, por una parte, a leer, pensar, y escribir dentro de tu profesión, y el tiempo que le dedicas, por otra, a venderte a ti mismo, escribiendo propuestas y solicitudes, chismoseando con tus colegas y profesores? O mejor, piensa esto: ¿Sabías que las corporaciones aun más fatuas solo invierten entre el 1% al 7% de sus ganancias en promoción?

Como quien viene a “salarte” el fin de año, David Kishik pone en relieve otro de los síntomas que, al menos en los Estados Unidos, hemos estado percibiendo al menos en los últimos dos o tres años (y no me refiero al viejo rótulo de la universidad como empresa). Síntoma que tiene que ver con una crisis incrustada en la institución académica, crisis que pasa no solo por la esfera de la economía, sino por la economía de la inteligencia.

Hay pudor en lo que dice Kishik, pero también hay verdad. La profesión universitaria hoy tambalea entre una incómoda y fatalista paradoja: la conversión en un espacio dado a la publicidad (los títulos y honorarios), a los salones (los congresos, y los coloquios), y a las sobremesas (reuniones burocráticas, comités, supervisión de tesis doctorales). Y es que, al fin y al cabo, el modelo resiste cualquier intento de análisis agudo, ya que de lo que se trata es de una cuestión de tiempo.

Si esa es la vida académica, ¿cómo entonces crear el tiempo para la escritura? Y digamos que una vez que se ha escrito, ¿quien realmente tiene el tiempo para leer la lectura de esos textos (artículos, le llaman ellos)? Es por otra parte donde esta reclama se conecta con la escritura de Kishik, y con el espacio en donde gravita este texto.

Fuera de los dominios del trabajo y del mercado, de las comisarías y las peñas uniformes, el post o el blog son ya modelos primogénitos de una escritura futura que carecen de la necesidad del súper-diseño o la promoción. Bajo la figura del lector anónimo, el espacio que se autogestiona puede convertirse – o tal vez ya lo sea – en el compromiso con una democracia en constante renovación.

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Gerardo Muñoz
Diciembre de 2011
Gainesville, FL.
*la imagen es Rheinmetal (2003) de Rodney Graham

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