Sunday, January 22, 2012

2012 o el futuro de la protesta


Si los últimos años han estado signados por la perpetuidad de la crisis, el 2011 se desmarca al ser el “año de la protesta”. Lo importante aquí no ha sido el resultado de la contienda, sino la manera en que se explicitaron los síntomas globales.

De Egipto a Grecia, de Chile a España, de Londres a Nueva York, los cuerpos fueron tomando las calles, las consignas exclamando desde pancartas, las palabras ordenadas en coros. Que yo recuerde el discurso político nunca estuvo tan cerca de la representación y de los cuerpos, si bien hubo un desequilibrio entre lo primero y lo segundo (la carencia política sobre la exceso de cuerpos).

Guardando las distancias que sostengo con el pensamiento de Hardt & Negri, si me parece que la cuestión que se abre en estos momentos cobra la forma de una indagación sobre el futuro: ¿y entonces qué será para el 2012? Puesto que, como sabemos, para utilizar la “periodización de los meses comunistas”, el meollo no está en Octubre, sino una vez que ha llegado Noviembre. En un reciente artículo “What to expect in 2012”, H&N lo resumen de la siguiente manera, que traduzco a continuación:

“Aunque estos movimientos han emergido de condiciones muy disímiles – de la insurrección de la Primavera Árabe a la batalla sindical en Wisconsin, de la protesta estudiantil a las revueltas del Reino Unido, de las ocupaciones de los “indignados” en España a los protestantes de la Plaza Sintagma en Grecia, del “Occupy Wall Street” a las innumerables formas de ocupación alrededor del mundo – tienen en común, primero que todo, una demanda negativa: ¡abajo con las estructuras del neo-liberalismo!

El llamado en común no es solo una protesta económica sino también una exigencia política en contra de las falacias de la representación. Ni Mubarak ni Ben Ali ni los banqueros de Wall Street, como tampoco las élites mediáticas o parlamentarias de las democracias contemporáneas, realmente nos representan. Aunque la fuerza extraordinaria de la negación es crucial, debemos tener cuidado no poder de vista el elemento central que excede el auge de la protesta y la resistencia. Estos movimientos también aspiran a una nueva forma de democracia, expresada de distintas formas dentro de la misma protesta. El desarrollo de esta ambición es uno de los hilos de los cuales más ansiosamente estaremos al tanto en el 2012”.

Fragmentados y sin clara dirección en la marejada de la política contemporánea, lo que N&H describen con lucidez es la lógica de un momento populista del cual, hasta el momento, no ha garantizado ningún tipo de avance tangible.

Las dos grandes regresiones de la lógica de la protesta durante este 2011, con menor o mayor grado, han sido la despolitización de las demandas por una parte, y la falta de un centro hegemónico que englobe la pluralidad de inconformidades de los grupos y movimientos sociales por otra. Este ha sido el límite no solo del ‘OccupyWST” que es quizás lo tengamos más próximo, sino también el de los límites de los protestantes de Tahrir, quienes ahora se ven abatidos por dos frentes (la Hermandad Musulmana y el Ejército), y hasta de los movimientos sociales que, en otro contexto completamente distinto como en efecto es el caso de la Bolivia de Morales, han ido fragmentando el tejido de las bases sociales bolivianas. (Por otro lado, el caso de la victoria del PP en España, es sin duda el caso más lamentable de este síntoma de la protesta mundial incapaz de una construcción populista).

Sin el momento hegemónico que tan bien describía Gramsci hace más de medio siglo, es difícil entrever cómo el “bloque histórico global” pueda llegar a arraigar un cambio. Durante la manifestación en Wisconsin escribí contra la pacificación del conflicto social e incité la necesidad de imaginar un sujeto político central. (Sujeto que a su vez participe de la universalidad, y que no excluya otros actores de la interpelación social). Puede ser por esta línea estratégica que el creciente conflicto de la inmigración y de la exclusión del inmigrante en las ciudadanías occidentales, pueda llegar a convertirse en el agente del cambio. Y si bien no en su vanguardia, al menos en el fermento de la politización de la lucha social. 

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Gerardo Muñoz
Diciembre de 2011
Gainesville, FL.

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