Wednesday, January 4, 2012

Los intransigentes: la teoría atmosférica del arte



En un ensayo publicado recientemente, el historiador de arte moderno Stephen Eisenman llama la atención a un problema que a primera vista, pudiera parecer de índole historiográfico: la cuestión del nombre “Impresionista”. Según la arqueología que traza en su breve artículo, no es del todo cierto que el nombre propio de “impresionista” haya sido consensual en las primeras reseñas de las exhibiciones francesas a finales del siglo diecinueve. Tampoco podemos decir que “impresionismo” – título también de aquella famosa obra de Monet – sea una categoría formal en cuanto al estilo e innovación visual de esta generación de artistas. Es por eso que, contra cierta historiografía de los orígines, Eisenman pone bajo la luz el nombre de los “intransigentes” para mostrar el modo en que esta generación plástica fue objeto de las más diversas reapropiaciones políticas.

Para algunos críticos de entonces estos pintores no eran “impresionistas”, sino “intransigentes”. ¿Y que sentido tenia utilizar ese calificativo en aquellos años? Mucho, si pensamos que nos encontramos en el periodo de la post-Comuna de Paris, y que “intransigente” era el nombre que le daban a ciertos anarquistas en España, quienes estaban en contra de la restauración de la monarquía. La polémica sobre los nombres, entonces, no solo trata de un antojo o cursilería histórica, sino de un modo de entender la relación entre arte y política, entre compromiso del tan debatido momento “modernista” (la “Idea Modernista”, como le suele llamar T.J.Clark en tono platonista).

De cualquier modo, me interesa recoger aquí uno de los primeros intérpretes del impresionismo que no optó ni por un bando (los impresionistas) ni por el otro (los intransigentes), y que sin embargo llegó a una sólida conclusión política por otros medios. Y es que realmente no era un crítico, sino el gran poeta simbolista Stephane Mallarme. En su ensayo Le Mousier universal, publicado en Septiembre de 1876, Mallarme articula su noción de la “teoría general del aire” en cuanto a la pintura.

La teoría sobre el aire de Mallarme no solo refiere al uso que los impresionistas le daban a la pintura en lugares abiertos, muchas veces en jardines o barcos, sino a la apertura de la representación a la verdad. Mallarme sugería que, a diferencia de los cuadros del Romanticismo y muchos menos del Neo-Clasicismo, este nuevo arte atmosférico se habría a un modo democrático de explicitar la "verdad", ya que tanto trabajodores como marineros, industrialistas y pescadores, podrían reconocer de una sola impresión el entorno de su realidad sin necesidad de explicación o de saber que, como sabemos, se encuentra determinos por las relaciones de clase. La nueva estética impresionista, según el poeta francés, representada los nuevos aires de una democracia que solo el arte de esta forma podría imaginar. Así escribía el poeta:

“Aire abierto: es éste el comienzo y el fin de la cuestión que ahora nos concierna. Estéticamente se puede responder por el solo hecho que solo en el aire todos los matices de la piel de una dama pueden ser vistos, al ser iluminados por todos sus costados. Sin embargo, si uno recuerda las pintores de la vieja escuela, bajo el signo de la luz artificial, rápidamente se da cuenta de la innovación de este nuevo arte “.

Lo que encontramos en el centro de esta nueva definición del arte, no es tanto la técnica o una pureza innombrable, como el espacio del arte. De hecho, me atrevería a decir que ya con la definición de Mallarme sobre los “intransigentes”, encontramos un claro precedente del arte de instalación, y de lo que luego Walter Benjamin articulará en relación topográfica del aura en la obra de arte. Volviendo sobre la visión atmosférica del impresionismo, sorprende también la magnifica forma en que José Marti describió a los impresionistas en sus crónicas de Nueva York: “pintan como el sol pinta”. Esa idea martiana que se ha leído como parte de la simbología emersoniana del gran poeta cubano, también puede ser enmarcada dentro de esta teoría general del arte atmosférico. Desde entonces, si es que seguimos los consejos de Peter Sloterdijk en su monumental Esferas, el arte no ha sido otra cosa que distintas posiciones marcadas por las ansias de la conquista de los aires.

De los impresionistas a la fascinación futurista por la velocidad aeroespacial, del cinetismo al aire de Paris que trajo Duchamp a Estados Unidos, el arte moderno es una economía no solo de la visualidad, sino de la atmósfera.

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Gerardo Munoz
Enero de 2012
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

Muy buen post, Mr. Gerardo.