Wednesday, February 29, 2012

David Viñas y la periodización de los 60

Releyendo e investigando sobre las intervenciones del escritor argentino David Viñas en relación con los sesentas y Cuba para una colaboración que se publicará pronto en el “Archivo de la Revolución” que coordinan Duanel Díaz y Francisco Moran en la Revista La Habana Elegante, he deparado en una pregunta que se hace el autor de Literatura argentina y realidad política hacia la conclusión de uno de sus ensayos:

“La muerte del “Che” Guevara en octubre de 1967, ¿no supone el cierre del fervor jubiloso con que los intelectuales jóvenes argentinos saludaron el proceso cubano en 1959 y que, por momentos, alcanzó manifestaciones límites en una suerte de “guajirismo” idealista? Esta depresión política, ¿no se refracta en la narrativa de la que podría ser llamada “generación del 66”.

Esto preguntaba Viñas en su ensayo “Después de Cortázar: historia y privatización”, publicado en Cuadernos Hispanoamericanos hacia 1969. Luego de evocar algunas poéticas posteriores a la obra de Julio Cortázar, dentro de las que mencionaba la obra de autores como Germán García, Néstor Sánchez, o Ricardo Piglia; Viñas lanza esta especulación con el modo de fundar una generación, y de armar una periodización histórica de los años sesenta.

Es curioso, en todo caso, que sea la muerte del Che el origen de la frustración de los letrados argentinos ante la Revolución Cubana. Ante todo porque la muerte del Che no frenó la participación de buena parte del gremio argentino en la efervescencia cultural cubana, todo lo contrario. El mismo David Viñas, por esas mismas fechas participaría del Consejo de Colaboración de la Revista Casa de las Américas. A su vez, intelectuales argentinos apoyarían al Estado Revolucionario en el diario Primera Plana frente a los supuestos ataques de un joven desencantado llamado Guillermo Cabrera Infante. También, pocos años más tarde, intelectuales de la talla de Juan Gelmán o Rodolfo Walsh, apoyarían la censura contra el poeta Heberto Padilla en las páginas de la revista izquierdista Los Libros, luego del escándalo que deparara el poemario Fuera del Juego.

Pero si de matices se trata, Viñas no afirma que el apoyo de los letrados porteños haya acabado con la muerte de Guevara, sino que dio cierre al “fervor jubiloso” con que apoyaban no solo la Revolución Cubana, sino también, puede entenderse, el estado anímico producido por esta. Muerte que, por otra parte, clausuró la posibilidad concreta de convertirse en el modelo de los cambios políticos en aquella década latinoamericana. La muerte del Che, entonces, vendría a ocupar una suerte de “oscuro fracaso” de la teoría del foquismo, y de las premisas más fundamentales de la lucha armada para llegar a la revolución. La muerte del Guevara periodiza los 60 en la medida que anticipa, desde la desintegración del cuerpo del “Guerrillero Heroico”, los venideros fracaso del Mayo del 68 y de sus posibilidades para una internalización de la izquierda. La lectura de Viñas sobre este acontecimiento, sin embargo, no deja de ser reveladora en muchos sentidos. Es decir, mientras muchos movimientos guerrilleros y juveniles alzaban en pleno 68 la bandera de la causa guevarista, Viñas ya leía esta muerte como el cierre de las posibilidades de la lucha armada en aras de la situación revolucionaria. (En el número de Ramparts de Julio de 1968, prologado por el propio Fidel Castro, se promulgaba la idea de tomar el diario boliviano del Che como nuevo libro de cabecera del radicalismo revolucionario, repitiendo esa suerte de “guajirismo intelectual” que criticaba, desde ya Viñas en su ensayo de 1969).

Más importante aun que la colocación de la figura de Guevara en la clausura de los 60, encontramos el correlato dialéctico que Viñas extrae para la propia literatura: luego de la muerte del Che, la literatura latinoamericana entra en lo que él tildaba, a pocas líneas en el mismo artículo, de “seudoestructuralismo”. A mi modo de entender, aquí ya Viñas avisa de giro cultural y despolitizante que se avecinará no solo con la llegada de las narrativas posmodernas, sino con la propia factura del “Boom” que curiosamente él las llamaba “realismo con fronteras” (¿realismos fronterizos?).

Y también, mucho antes que Fredric Jameson escribiera sobre la periodización de los sixties (1984) como un marco historiográfico que considerara las dinámicas internas de una “época de errores”; Viñas ya reflexionaba dentro de la década misma sus cortes, y vislumbraba su clausura. Esta sería otra de las maneras de leer su magnífico relato, y curiosamente poco conocido, “Sábado de Gloria en la Capital (Socialista) de América Latina” donde justamente la completa ausencia del Che es lo que vendría a cobrar uno de los sentidos de la lucha: el momento en que la Revolución ha pasado de la euforia de Octubre, a la incertidumbre de Noviembre.


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Gerardo Muñoz
Marzo de 2012
New York, NY.

2 comments:

Rafael Rojas said...

Hola, Gerardo, me parece que esa periodizacion que asocia el cierre de los 60 con la muerte de Guevara debe siempre completarse con el proceso de sovietizacion del socialismo cubano y, desde este, de buena parte de la izquierda latinoamericana. La caida de Allende en Chile y las dictaduras en el Cono Sur tambien se sumaron a esa crisis de la Nueva Izquierda de los 60. No hay que olvidar que la politica de los sovieticos hacia las dictaduras militares era mas bien contemporizadora y ese giro se reflejo tambien en la estrategia regional del PCC y las asociaciones leales al mismo en AL.

Gerardo Muñoz said...

Hola Rafa. Estamos de acuerdo. Incluso, en una entrevista que Vinas le diera a la Gaceta de Cuba en 1967, se habla de un solo socialismo (el cubano), como tactica de diferencia entre socialismo latinoamericano y sovietico. Habria que ver, de todas maneras, si los intelectuales del Cono Sur no siguieron viendo en la Cuba revolucionaria, un socialismo alterno, y no el proceso de sovietizacion que se implantaba en los 70.