Tuesday, January 31, 2012

Hans Haacke en los 60


Vengo de asistir de una charla sobre la primera etapa del artista alemán Hans Haacke por la historiadora del arte Caroline Jones. Docente en MIT y autora de un par de libros sobre arte moderno - Eyesight Alone: Clement Greenberg's Modernism and the Bureaucratization of the Senses (2005), Machine in the Studio: Constructing the Postwar American Artist – Jones recientemente estuvo a cargo de una ambiciosa exhibición sobre las obras de Haacke durante la década del sesenta; en particular aquellas obras que el artista realizó, y que luego quedarían olvidadas, durante una residencia la institución misma de MIT en el año 1967. Así, la exposición de Jones no es tanto una investigación en vías de convertirse en monografía, sino más bien un largo comentario sobre aquel año en relación con el corpus y las distintas lecturas que Haacke ha recibido dentro del marco de la “critica institucional”.

Comenzando por un análisis de la historia institucional de la escuela de arquitectura de MIT, Jones vinculó las obras que Haacke llevó a cabo durante estos años con los modelos tecnológicos y espaciales que se comenzaban a articular en la academia norteamericana. Bajo el signo de lo tecnológico y con la vista puesta en los desarrollos en las ciencias, algunos de los profesores de aquellos años, como es el caso de Gyorgy Kepes, abrazaron una nueva concepción del arte contemporáneo que estuviese íntimamente ligado a las formas tecnológicas de aquellos años. Discursos e investigaciones tecnológicas que pasaban por las obras teóricas de Marshall Mcluhan, Norbert Wiener, la nueva escuela de la cibernética, así como los avances en el campo de los “sistemas complejos” en la física. En efecto, como convincentemente expuso Jones, la obra de Haacke durante esta década, y en específico las obras diseñadas en 1967, fueron concebidas ordinalmente como obras de “sistema”.

Para Haacke la “obra-sistema” – término que Jones rescata, tras una década que vio su pérdida en las gramáticas del arte contemporáneo – prescinde de los espectadores, las categorías del gusto, la experiencia, y de la imaginación. Al construir una obra como “sistema”, está cobra una vida propia de sustentabilidad y morfología en la medida que existe en un espacio. El temprano proyecto de “Skyline” que tuvo lugar en el campus de MIT, y que consistió en hacer volar una cadena de globos, es un ejemplo paradigmático de la obra-sistema más cercana a una articulación científica de lo atmosférico que a una propuesta estética.

La obra Haacke en esta década abre la dimensión de lo que luego conoceremos como el “post-humanismo” en tanto los avances de las sociedades tecnocráticas: ¿son las nuevas tecnologías extensión del sujeto y del cuerpo, meras prótesis de algo que continua existencia en tiempo y espacio; o realmente son estas redes modos de clausurar cualquier modo de articular la relación tradicional de la estética y la experiencia, de la vida con el arte?

Otra de las obras fundamentales de Haacke de aquellos años fue sin duda “Condensation”, un cubo transparente que condensaba en su interior a través de una pequeña filtración de agua de apenas una pulgada que entraba en contacto con la respiración de los espectadores en el espacio. Lo interesante es que, según comentaba Jones, Haacke no sentía que aquellas piezas existían en la medida que los espectadores entraban en el espacio, sino que el efecto de la condensación era algo colateral, contingente, casi accidental de lo que en realidad buscaba enunciar su obra (hacer visible “un sistema autónomo”).

Contra la conocida tesis de Benjamin Buchloh que lee a Haacke como precursor del posmodernismo estético y como uno de los fundadores de la crítica institucional; Jones prefirió distinguir entre esta primera etapa de la obra de Haacke y sus trabajos posteriores en distintas instituciones, donde las formas de participación e interpelación públicas son más agudas y contradictorias. El argumento de Jones no es tampoco que la obra de los 60 estuviese completamente aislado de la participación, sino quizás que existieron dos modos de participación distintos a lo largo de la carrera de Haacke.

Sin dudas aquí uno de los elementos más importantes – como conversé luego con Jones – fue el problema del nombre “system”, que a su vez sugería normativamente aspectos negativos de la industria cultural y del status quo durante aquellos años. Agregaría que, si el sistema es el lugar de lo autónomo, lo que vendría a ser la obra posterior de Haacke durante los 70 pudiera ser leída como los modos en que el sujeto reaparece en la escena, ya sea para resistir, comentar, o explicitar los modos de legitimación de un sistema en particular.

Si acaso es posible sostener esta hipótesis, es lamentable que Caroline Jones no haya puesto en discusión los modos en que la política intervino durante esta ruptura en la obra de Haacke. Pensamos no solo en el acontecimiento global que signó el 68, sino en varias de las rutas artísticas que comenzaron a surgir a finales de la década y comienzos de los 70. Otro de los problemas o críticas posibles a la charla de Jones es que el paradigma del “sistema” suele ocupar un lugar central en la articulación de la obra de Haacke. Paradigma que sin duda desaparece durante la década del 70 o que al menos cobra otros matices. Si como concluyó sugiriendo Jones, en realidad no sabemos donde comienza y termina el sistema;  una mayor elucidación de la intervención política era conveniente para entender la transición de la sistematización a la crítica de la institucionalidad.


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Gerardo Muñoz
Febrero de 2012
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

Gracias por esta nota, Gerardo. Saludos.