Friday, February 24, 2012

Zoe Strauss: tiempo presente y fotografía

 
Buena parte del arte contemporáneo más reciente emplea el medio fotográfico para documentar ciertas prácticas sociales o materializar el tiempo en que se actúa sobre los espacios públicos. Aun cuando un artista no haya concebido el proceso de su obra bajo el signo de la fotografía, éste le permite vincular los hechos que han quedado “fuera del museo” hacia un espacio institucional, creando de esta manera un público organizado dentro de las formas tradicionales del spectatorship. Podríamos decir, en todo caso, que la fotografía en el espacio contemporáneo tiene una relación eterna íntimamente vinculada al tiempo: como si intentara recuperar gestos perdidos, rostros olvidados, calles que fueron.  

Ten Years se tituló la exhibición de la artista Zoe Strauss (Estados Unidos, 1970) en el Museo de Arte de Filadelfia que recoge más de un centenar de fotografías de entes urbanos de la ciudad de Filadelfia, así como de otras ciudades marginales de los Estados Unidos. La artista se coloca en su presente y traza una cartografía temporal: del 2001 al 2011, una década que arranca con el nacionalismo surgido tras los ataques del 9/11, continua con la Guerra en Irak, y termina con los que pudiéramos decir el desencanto y la frustración por la “era Obama”.

Strauss, sin embargo, no prefiera mostrar grandes signos o gestos, como tampoco ironizar o debatir con las formas siniestras de la política contemporánea. Digamos que su obra es, en buena medida, una arqueología del presente que prefiere ocuparse de las vidas precarias que han deparado esta década y que no tienen representación alguna en los medios de comunicación o en el habla diario de la esfera pública. La fotografía se vuelve, en el ejercicio ético-político de la artista, en un modo de poder ver lo que todos sospechan pero se niegan a articular a voces.

En varias ocasiones Strauss ha referido su obra como el arte de mostrar la belleza de aquellos que luchan diariamente. Y es cierto, la obra de Zoe Strauss puede ser leída como una épica en miniatura de las vicisitudes de la ciudadanía contra los distintos modos de dominación que existen en Estados Unidos. Dominación que, lejos de estar signada por la violencia directa sobre sujetos y poblaciones, opera dentro de la lógica del dejar vivir y morir, creando los espacios de la marginalización y la precariedad urbana. Contemplar cada uno de los rostros o paisajes de Ten Years provoca la sensación de estar descolocados en el tiempo presente, o de la imposibilidad de entender, a plenitud, eso que llamamos “vida”.

Sus sujetos: una prostituta bajo la carretera I-95 y dos hombres acariciándose en una cama, un travesti que se ha detenido en su camino diario hacia el mercado y una docena de bailarinas afroamericanas durante un parade en el Martin Luther King Day, una anciana sin ropa interior y una pareja de mexicanos (¿no existen acaso todos los hispanos en Estados Unidos, bajo el signo de lo mexicano?) que acaban de llegar de hacerse tatuajes de amor…

Sujetos que han dejado su vida atrás, como el que dice, para estar en otra cosa. Los mueven las actividades efímeras, los ratos de ocio, la ciudad. Ni saben ni entienden más allá de su entorno: todas las miradas parecieran estar cercadas por una inmensa esfera de cristal, como si ese mundo – el de “ellos” – nos separa de este, el de “nosotros”.

Tampoco esto quiere decir que Strauss incurra sobre los modos de la estetización de la miseria, o de los tremendismos de la identificación afectiva a través de la imagen. Tenemos en la obra de Strauss el momento en que los personajes encuentran la paz, los silencios, y quizás, su intimidad.

Posiblemente haríamos bien en no habría que hablar de una “ética de la fotografía”, como pensaba Susan Sontag, sino de una política de la caricia como quiere Juan Duchesne-Winter. Pues, encontramos momentos realmente maravillosos imágenes de cuerpos que rozan otros cuerpos, y que admiten cierta agencia de poder-hacer (o no hacer, que también es dimensión potencial). Esta política de la caricia se caracteriza por mostrar intersticios de posibilidad de comunidad; en efecto, en salidas de la infame década norteamericana. Para Strauss, la humanidad no solo es rescatable, sino visible y dada a la representación. Y para ella, estos son sus rostros.

Discutíamos al comienzo el status de la fotografía como práctica artística justamente por el modo particular en que Strauss ha pensando la exhibición en tanto sus delimitaciones internas y externas. Ten Years no solo representa a everyday people (Sly Stone dixit), sino que los hace partícipes de la acción, y poseedores de sus imágenes. A la par que estos retratos se exhibían en el Museo de Arte de Filadelfia, Strauss también montaba una acción urbana, donde los retratados y sus vecinos podían comprar copias de estas imágenes, ser espectadores de sus propias vidas fuera de los contornos políticos del museo. De ahí que esta fotografía, desde el punto del vista del espectador, encierre la dialéctica sobre quien puede rastrear una imagen, ¿acaso podemos entender aquella realidad tan solo desde su representación? ¿Quién tiene el poder sobre estas fotografías?

La obra de Strauss es sintomática de las visiones de algunos artistas que vienen haciendo trabajos sobre la ciudad y sus signos (en el ámbito más cercano, hay pareceres muy cercanos con el cubano Ramón Williams). Su sello personal, sin embargo, no es la dialéctica entre decadencia y malestar, sino entre intimismo y potencia de comunidad. En una era de la muerte (guerra, exclusión, corrupción); Zoe Strauss ha vuelto sobre el pasaje menos conocido de esta última década: el de la vida.

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Gerardo Munoz
Febrero de 2012
Filadelfia, PEN.

2 comments:

juan felipe hernandez said...

vaya! que grandilocuente estas. aflojaste un poco aca pero igual, esta legible esta cartografia, ya que hablamos en terminos geograficos ahora, sobretodo por "la etica de", "la... y la politica de..." Esa manera de problematizar cotidianidades provoca lineas alternas de pensar. Oyeme y porque Mexicanos? Que pasa con los papos? Si alguien a marcado lo latino en nuestra So Fl no son los cuates, sino los parceros cubensis. o no?
Lo ultimo como es eso de que les venden los cuadros de los vecinos a los pobres? esta malo eso, que los regalen compadre. Mencionaste a tu amigo Williams, me parece que los dos se mueven por corrientes distintas, pero trabajan la devastacion demorada de la ciudad.
una ultima cosa, no entendimos muy bien esa dialectica acerca de " sobre quien puede rastrear una imagen." Esta increible esta precariedad por estos dias, ni te imaginas por donde estamos, dale

Gerardo Muñoz said...

Hehehe, muy bueno el hormiguero-de-comentario que dejaste...me gusta. En cuanto a lo que no tenias claro, me referia a los distintos modos de "spectatorship": cuales son las condiciones para poder ver las imagenes precarios de uno mismo? Y luego: como leer estas lecturas? Ahi me parece unas variables mas interesantes que genera la obra de Strauss.
En fin, una gran obra, sin dudas te hubiera cuadrado.
G