Saturday, March 31, 2012

¿Leyó Benjamin a Marx?

¿Leyó Walter Benjamin a Marx? Una pregunta como esta, además de abrir una interesante polémica, pareciera remitirnos a varios problemas metodológicos en cuanto al significado de la lectura. En un plano biográfico, no hay dudas que el filósofo alemán por supuesto que llegó a obras como El Capital y Crítica de la economía política. De modo que la pregunta no es realmente si lo leyó o no, sino de que modo esa lectura se inserta en su obra, y hasta que punto puedan considerarse “marxistas” buena parte de los ensayos que escribió en las décadas del veinte y treinta. Laureado por los estudios culturales, los deconstruccionistas, los multiculuralistas, y los estudiosos de la historia de la fotografía, en realidad de lo que menos se piensa en Benjamin es justamente de su relación con la tradición del marxismo. El Benjamin como una forma de fashion, al de decir Beatriz Sarlo, termina escamoteando el importante dispositivo político y militante de un pensador situado entre las tradiciones del marxismo ortodoxo. Tradición que, dicho sea de paso, recorre ensayos cómo “Critica de la violencia”, así como buena parte de sus análisis de la mercancía en los autores del diecinueve francés.

Habría que ver si el marxismo de Benjamin no cobra su heterodoxia por las tensiones que sostuvo con dos más cercanos lectores: Gershom Scholem y Theodor Adorno. Ambos, uno desde el misticismo judaico y otro desde la dialéctica negativa, lo interpelaron por su ineficacia metodológica, su uso indiscriminado de la cita, y su experimento de judeificar el marxismo y marxificar el judaísmo. Se puede decir que tanto Scholem como Adorno coincidieron en al menos una cosa (aunque desde posiciones completamente opuestas): en rechazar el marxismo de Benjamin como modelo incapaz de ajustarse a su propia operación metodológica y proyecto filosófico. Estas dos visiones, por otra parte, han articulado el campo conceptual en torno a Benjamin desde toda una serie de disciplinas culturales.

A consecuencia, un ensayo como el del historiador T.J.Clark titulado maliciosamente “Should Benjamin have read Marx?”, es no solo interesante, sino importante para leer los modos en que leemos a Benjamin y la manera en que Benjamin pensó o no el marxismo. Escrito en la revista Boundary 2 editada en Duke University en 2003; Clark comienza acotando justamente la figura despolitizada, meramente cultural y por momentos mística que se maneja en buena parte de las discusiones intelectuales de la academia norteamericana. Pero en lugar de desmontar al aparato de reapropiación sobre Benjamin, T.J Clark piensa que esta mitificación anti-marxista se encuentra en el propio Benjamin, y aun más, cobra todos sus matices en una obra como El libro de los pasajes que analiza la dialéctica entre ensoñación y mercancía de la burguesía del siglo XIX francés.

Según Clark, por ejemplo, la terminología que emplea Benjamin en las secciones le deben menos al marxismo de Marx que a la terminología  técnica del diecinueve. Es curioso, en este sentido, que Benjamin utilice el término fantasmagoría para referirse a la sensación del diecinueve, cuando en realidad el término se definía en aquel entonces para referir la función especular del espacio y la luz de los espacios arquitectónicos de vidrio. Algo similar ocurre con la figura del flaneur como encarnación de la reificación de la sociedad de clases, pero al cual Benjamin sustrae de la relación dialéctica entre consumidor y objeto de consumo.

Es la dialéctica, según Clark, lo que más distancia Benjamin del pensamiento de Marx. Algo que, si bien ya había visto Adorno en su intercambio de cartas en torno al ensayo sobre Baudelaire, es para Clark una paradoja aun más conspicua: “¿cómo es posible que en su estudio sobre el Paris decimonónico pudo producirse la poesía moderna? ¿Cómo pudo la mercancía generar la forma de cierta dignidad estética?” (Clark 2003: p.39). Passagen-Werk, al analizar el acontecimiento de la reificación de las relaciones humanas, no termina por responder como la cultura propia pudo surgir del momento del exceso de la mercancía, colocándose así misma como un lugar afuera de la repetición de lo mismo, de la fantasmagoría; y generador de producir nuevas relaciones imaginarias y utópicas.

Benjamin aprendió las relaciones del capitalismo no de Marx, sino de Baudelaire, a quien le dedica su trabajo de la década del treinta. Al menos la metodología empleada en Passagen-Werk alrededor de la “constelación” de citas, opera desde el corpus de Baudelaire como generador de imágenes inconexas y de singularidades textuales. La circulación de mercancías como ideas e imagines poéticas, se encuentra más cercana al propio intento de Baudelaire de distanciarse del ensueño del siglo XIX, y pensar los modos de la producción imaginaria de su tiempo. De alguna manera Benjamin transforma el análisis material de la formación del inconciente de la burguesía, por un análisis inconciente de la materia de este periodo histórico.

Una de las injusticias que encarna el texto de T.J.Clark es la manera en que su argumento tiende a generalizar toda la obra de Benjamin desde la particularidad del proyecto inacabado de Passagen-Werk. Otros de los formas de pensar la relación entre Marx y Benjamin pudiera haber sido explorando el tránsito de textos publicados en la década del veinte que desde entonces se preocupaban del diecinueve, hasta llegar a la metodología empleada en el voluminoso ensayo sobre los pasajes.

Lo más interesante de rescatar del texto de Clark, sin embargo, es la fricción política de Benjamin no solo con el estalinismo, sino con los métodos propios de su “Dance-of Death partner” (sic) Escuela de Frankfurt, optando así por las lecturas de Hugo Fischer, Otto Ruhle, Fourier, y Baudelaire. En este sentido, la complejidad de Benjamin es aun más visible. Sosteniendo la misma posición ideológica, Benjamin no intentó encontrar purezas en el revisionismo de Marx, sino cambiar completamente de orientación intelectual.

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Gerardo Muñoz
Marzo de 2012
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

tas escapao, chama!!!