Friday, April 27, 2012

Pasolini, lector de Gramsci

La cercanía intelectual que Pasolini sostuvo con el marxismo estuvo centrada más que en las propias lecturas Marx, en lecturas fragmentadas de las obras de Antonio Gramsci. En una entrevista con Paolo Volpini de la década del cincuenta Pasolini confesaba la rareza de su muy particular marxismo: “Sono un marxista che ha letto poco Marx. Ho letto di piu  Gramsci”. En otra parte, Pasolini confiesa que lo que aprendió de Marx, en realidad se lo debía a unos campesinos de Friuli.

Tampoco todo lo que entendemos hoy que ejemplifica Gramsci era la materia de consumo del joven poeta y cineasta italiano. Ni la teorización de lo nacional-popular, ni el concepto de la hegemonía, ni tampoco la función del intelectual orgánico, fueron figuras latentes dentro del pensamiento estético-político de Pasolini. En cambio, lo que el autor de Petroleo defendió de Gramsci fue una especie de modelo retórico, un habla de la resistencia al neo-capitalismo italiano que se imponía en el umbral inmediato de la pos-guerra. Este énfasis en el lenguaje de Gramsci es lo que Pasolini resaltará una y otra vez en varios de los textos incluidos en libros como Passione e ideología o el más tardío Empirismo eretico. El “gramscismo-estilístico”, como le signa Pasolini en varios de sus textos, operaba en buena medida como vaticinio cultural contra los peligros del marxismo ortodoxo cuya línea se podía trazar desde el estalinismo de Zhdanov.

El neo-capitalismo que Pasolini entreveía como variación del capitalismo clásico tenía justamente su renovación sobre la dimensión de los lenguajes. Es decir, el capitalismo decimonónico o aquel de comienzos de siglo, operaba específicamente sobre la producción de mercancías; el neo-capitalismo, en cambio, se manifestaba como un nuevo ordenamiento cultural, donde se entrelazaban lenguajes, problemáticas culturales, y a la vez que se perdían las viejas identidades y lenguas populares. 

Para Pasolini el neo-capitalismo tenía como centro un “nuevo lenguaje tecnocrático”: la reificación del mundo pasaba a la reificación de la lengua. En ensayos como “Un secolo di studi sulla poesia populare” y “La confusione degili stili”, Pasolini deja claro que los problemas que todo intelectual marxista enfrenta se encuentran atravesados por la articulación del lenguaje, por el problema de los "códigos". Desde ya podemos ver la inversión que Pasolini hace no solo de las categorías clásicas del marxismo, como base-estructura-superestructura, sino del propio pensamiento neo-marxista de Gramsci.

Quiero decir que si para Gramsci aun el lenguaje se encontraba atado a cierta totalidad política de los mecanismos culturales de la sociedad burguesa, en Pasolini el lenguaje es entendido como el elemento primordial que compone y articula el universo mismo de la dominación. Aunque Pasolini en este sentido se pudiera leer como una inversión del pensamiento gramsciano, en realidad el énfasis en la linguistifacion de lo social, se asemeja mucho a la lógica de la hegemonía.

Avanzamos un poco más esta idea. Cuando hoy Ernesto Laclau nos advierte que la lógica de la hegemonía tiene una estructura similar con el objet petit a del psicoanálisis lacaniano, lo que esto implica en buena medida es que la totalidad fragmentada que presupone este mecanismo se encuentra estructurada por lenguajes diversos y heterogéneos que logran su articulación central en el momento hegemónico de un centro ausente (el objeto a). De ahí que tanto para Gramsci como para Pasolini, la fragmentación de la totalidad social que dominó el pensamiento marxista durante el siglo XIX hasta Rosa Luxemburgo y la llamada Insurgencia Espartista, se encuentra dominada por actores de distintas demandas dotadas de hablas diferenciales.

Donde si podemos ver una clara distinción entre ambos modelos, como ha estudiado Wallace Sillampoa (1981), es en relación con el sujeto político que encarnaría el eslabón hegemónico de esa cadena lingüística. Si para Gramsci, ese eslabón se representaba a través de un frente popular, en Pasolini el desprecio por la integridad de la sociedad capitalista en su totalidad lo llevó a idealizar, quizás de una manera muy similar a la de pensadores como Maurice Blanchot o George Bataille, una comunidad pre-proletaria. Esta defensa reincidía sobre la preservación de clases subalternas anteriores a la conciencia de una clase social como tal. 

La lógica de este pensamiento era, como podemos ver, bastante clara. Solo un retroceso a lo popular pre-proletario podía escaparse de las determinaciones de clase, puesto que si la propia condición de proletariado es aceptada, entonces funcionaria como base a la super-estructuración de los lenguajes. Esto pone en evidencia la fascinación de Pasolini por el dialecto de los campesinos friulianos, sector de la provincia de Venecia, o incluso ciertas sociedades africanas pre-industrializadas, de las cuales celebrará su entorno agrario de diseño comunal.

La dicotomía entre un Gramsci estratega y racional, frente a un Pasolini defensor de las pulsiones del cuerpo y de lo irracional, hace presencia en su largo poema en cantos, La ceniza de Gramsci, escrito entre 1954 y 1957. Así, leemos en el Canto IV, una defensa una “estética pasión” frente a la pura "vida proletaria", lógica política del gramscismo:

“de mi paterno estado traidor
en el pensamiento, en una sombra de acción-
me se a él aferrado en el calor

de los instintos, de la estética pasión;
atraído por una vida proletaria
anterior a ti, es para una religión

del hombre que en el acto se ha perdido
que da a la ebriedad de la nostalgia
una luz poética; y más…”


Contra la acción de los militantes comunistas, Pasolini oponía un místico regreso a las pasiones, y a una vida proletaria cuasi-religiosa, justamente anterior a una teoría del sujeto que nace con el estado-nación y con eso que hoy llamaríamos los dominios de la biopolitica. Así como el lenguaje de Gramsci para Pasolini era una de sus formas primordiales – sobretodo ese paso de la oralidad a la escritura tan visible en Cuadernos de Prisión – la resistencia política se encontraba, lejos de la hegemonía, en las tierras baldías de los pobres, de aquellos que aun guardan sus lenguas secretas en un “mundo de miseria despreciable y perdida”.

Quien lleve a cabo la lectura sostenida de este largo poemario, dará cuenta no solo la distancia que Pasolini logra alcanzar con el pensamiento de Gramsci, a quien en ningún momento llega a glorificar en forma de héroe o figura intelectual, sino con las propias lecturas que miembros del PCI, así como sectores obreros e intelectuales harían del gramscismo durante los años de la posguerra. Si para Pasolini el descubrimiento gramsciano había sido en el plano de la lengua, su labor consistía en dilatarlo sobre la ruta de las pasiones.

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Gerardo Muñoz
Mayo de 2012
Gainesville, FL.

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