Sunday, April 15, 2012

¿Qué queda de la Izquierda?

El programa televisivo “Aguafiestas”, llevado a cabo por los intelectuales liberales Juan José Sebreli y Marcelo Gioffre, y donde se discuten muchos de los temas y tópicos intelectuales argentinos del pasado y presente, invitó recientemente al historiador Horacio Tarcus con el fin de discutir la historia de la Izquierda, y lo que representa hoy tal rótulo tanto en las movilizaciones políticas como en el pensamiento intelectual global. 

Recientemente “Aguafiestas” ha invitado a otros intelectuales argentinos, como pueden ser los casos de Ricardo Foster u Horacio González, con quienes polemizar tanto el problema de la política nacional dentro del kirschnerismo, así como el papel del intelectual dentro de este fenómeno político-cultural. Tarcus, quien dirige Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina y es autor de varios libros sobre los lectores Marx y el marxismo en América Latina, reflexionó críticamente sobre la historia de la izquierda en el siglo XX, y algunas de sus paradojas de la cultura kirchnerista.

Preguntar por la condición de la izquierda contemporánea es hablar de alguna forma en plural, ya que para algunos desde la caída de muro de Berlín y la entrada de la sociedad post-industrial, la relación tradicional entre clases sociales y Estado, ha perdido todo fundamento teórico como práctico. La crisis de la izquierda es más profunda aun: mientras que la división de la unidad internacional se desintegró, ahora es el mercado, bajo un nuevo signo de burguesía posmoderna, la que encuentra nuevas formas orgánicas de la dominación (los medios y las nuevas tecnologías, los derechos de autor y la propiedad intelectual). De la misma forma, el proletariado, sujeto central en proyección revolucionaria de la izquierda, ha llegado a un punto de extinción total que impide cualquier tipo de formación concreto entre clases y actores políticos. Si alguna vez el proletariado se identificó plenamente con la esfera del trabajo manual, se podría decir que en el siglo XXI, la precaria clase trabajadora suele identificarse más con la sociedad de consumo, los excesos de la sociedad del espectáculo, y con la relativa comodidad que el estado de bienestar ha logrado fomentar al menos en las últimas cuatro décadas en los países capitalistas de Occidente.

Esta atomización de la sociedad civil y la unidad por un proyecto de izquierda, sería uno de los tópicos a los cuales responden no pocos pensadores del neo-comunismo, el autonomismo italiano, o los sujetos neo-anarquistas que surgieron a partir del nuevo milenio como respuestas a las políticas del neo-liberalismo (el Zapatismo, los piqueteros, o más reciente los estudiantes chilenos y los indignados españoles).

En el curso de la conversación entre Sebreli y Tarcus, fue interesante ver como ambos intelectuales tuvieron su desencuentro en relación con la capacidad de organización de estos nuevos sujetos políticos. Si para Sebreli la multitud "negrista" es incapaz de llevar a cabo un momento revolucionario o la mera materialización de demandas populares, para Tarcus, aun en esta falta de organización, es posible rescatar retroactivamente las energías de crítica y anti-verticalismo al status quo. 

Según Tarcus, estas nuevas formaciones contingentes dentro de la globalización, serían solo pensables como potencias de un cambio aun en gestación, a la vez que marcan una aguda ruptura de las categorías clásicas de la organización de la izquierda (vanguardia, partido, clase). Es curioso, por otra parte, que ni Sebreli ni Tarcus hayan incluido dentro de este nuevo paradigma el reciente fenómeno de los populismos latinoamericanos que de alguna manera tuvieron, amén de sus diferencias, articulaciones contingentes de varios actores de la sociedad civil y de un amplio espectro de subjetividades políticas.

A pesar de la desintegración de una unidad de izquierda, a la manera del siglo XX, el siglo XXI ya ha mostrado que es posible reconstruir una cultura de izquierda bajo nuevos momentos de articulación política. Si Ernesto Laclau ha identificado esta contingencia de demandas políticas equivalenciales como la instancia hegemónica del populismo; este sería una de las tantas formulas posibles para pensar una salida de la cerrazón de la izquierda contemporánea. Esto da prueba, además, que la izquierda puede sustentar un proyecto político concreto más allá de las teorizaciones intelectuales que abundan hoy desde no pocos pensadores.
.
Esto nuevos rasgos de cultura de izquierda también pondrían en debate el fracaso de los comunismos del siglo XX a causa de elementos como la adoración al líder, la abolición de mercados internos, o la cancelación de una crítica política de Estado. Podríamos concluir con Tarcus que uno de las promesas de este siglo XXI para la izquierda radicaría en poder sostener el ejercicio de la crítica frente a la institucionalización del Estado, así como la diversificación y pluralidad de posiciones sobre nuevos horizontes políticos.


________
Gerardo Muñoz
Abril de 2012
Gainesville, FL.

11 comments:

Anonymous said...

...hasta ahora, querido G., los comunistas --desde el Poder, desde los medios y desde la calle misma-- han demostrado que son reacios al ejercicio de la crítica.
Abrazos, Tocayo

Gerardo Muñoz said...
This comment has been removed by the author.
Gerardo Muñoz said...

Y acaso no es justamente esa "misma historia" la que se esta cuestionando en esta breve nota?

Anonymous said...

Muy bueno, che, Tarcus es brillante...

Anonymous said...

Hola Gerardo,
Soy venezolano y me sorprende que veas como una posibilidad de la izquierda del XXI el populismo. Es verdad que Laclau en algunos momentos se ha desmarcado un poco de Chávez (pero en otros momentos no, porque le srive estratégicamente). Ahora bien, más allá de ello, creo que el experimento que hemos vivido en Venezuela muestra al menos algunos puntos ciegos en la teoría de Laclau. Recuerda que es una teoría que desdeña profundamente el parlamentarismo, y la institucionalidad republicana. Además, tiene elementos profundamente peligrosos: como su ontologización de la política desde la relación amigo y enemigo.

Gerardo Muñoz said...

Hola,
si, gracias por su comentario, ademas muy interesante. Yo creo que el chavismo esta realmente en una crisis, pero no por esto creo que debamos por extension decir que el modelo teorico del populismo tambien ha fracasado.

Lo que yo salvo de Laclau es justamente la pluralidad que el concepto de formacion hegemonica qe ofrece dentro del concepto de populismo. Es decir, me parece que es un modelo teorico que abre posibildidades multiples y concretas; a diferencias de otros pensadores de la izquierda contemporanea (Negri, Agamben, o Zizek), si veo en la "razon populista" un camino a la democratizacion una vez que se instala contra el puro institucionalismo democratico que como sabemos en AL ha traido consequencias nefastas.

En estos momentos, por ejemplo, me parece que el caso argentino es muy interesante, asi como el caso de la Bolivia de Morales y Garcia Linera.

Anonymous said...

Gracias Gerardo por tu respuesta. Quisiera sin emabrgo hacer una precisiones:

1)La teoría del populismo no es que esté acabada pero sí muestra claras limitaciones. Que haya casos, como el que señalas, está bien, pero habría que ver su desenvolvimiento. A esta alturas me sorprende que veas con buenos ojos a Argentina, pero en fin.

2)Laclau tiene serios problemas, como te dije, con su concepción de la "política". Además, como teoría carece de posibilidades para insertarla entre las especificidades históricas de cada realidad: su teoría de las equivalencias sirve para un asesino en masa, como para un monje, indistintamente de sus propuestas morales, éticas.

3)El otro problema de Laclau es que, al renegar u omitir algunas de las tradiciones republicanas y liberales, no concibe el punto a partir del cual debe controlarse el poder de quien encarna las demandas políticas y sociales, y eso crea perfectamente las condiciones para el culto al líder y posiblemente algunas formas de autoritarismo posmoderno.

Me pregunto si Castro antes del 61 no puede considerarse como un ejemplo de la "teoría" de Laclau. ¿Qué piensas?

Saludos,
juan

Gerardo Muñoz said...

Hola Juan, gracias otra vez. En efecto, no creo que el populismo de Laclau sea inmune de criticas, y las que tu planteas son muy validas. Hasta que punto, por ejemplo, no es la teoria de la hegemonia, tal y como la defiende Laclau, una defensa del personalismo? Pero es este personalismo el mismo que acontecio a lo largo del siglo XX?

Lo que si me parece es que el populismo teoricamente ofrece un modelo de contigencia que necesitaba el campo marxista y que se habia perdido por una parte con los determinismo de los clasicos materialismos dialecticos, y por otra con las varientes culturales del posmodernismo y el llamado fin de la historia.

Creo que lo que comentas sobre Castro seria muy interesante de estudiar. Algunos historiadores cubanos, de hecho, ya han apuntado hacia ese analisis. El foquismo de la guerrilla no fue lo que consolido el "castrismo", sino una construccion hegemonica a traves de varios elementos y actores equivalenciales. Castro pudo representar de esa forma, una serie de demandas insatisfechas de buena parte de la sociedad.

Anonymous said...

Interesante Gerardo. Muchas gracias por tus reflexiones. Excelente blog además.

Juan

Zoé Valdés said...

Ay, las universidades americanas y sus profes de gauche, lo que inoculan... La primera izquierda populista se dio en Cuba, y ya vemos lo que hay 53 años más tarde.

Gerardo Muñoz said...

Gracias por tu comentario Zoe. Me parece que eso es debatible. No te parece que existieron regimenes de caracter populista antes de la Revolucion Cubana? Un saludo, G