Thursday, May 31, 2012

La primera publicación cubana de León Rozitchner

Hasta el momento no existe una bibliografía intelectual del pensador argentino León Rozitchner, ni mucho menos una antología que recoja algunas de sus intervenciones intelectuales, que fueron muchas, y que se expande por más de cinco décadas. Desde sus primeros trabajos publicados en la mítica revista Contorno de la década del cincuenta hasta sus últimas intervenciones en revistas como El ojo mocho, la gran parte de los trabajos de Rozitchner se encuentran dispersos en distintas publicaciones de escaso o difícil acceso. Inclusive un estudioso como Néstor Kohan en su obituario sobre Rozitchner (“León Rozitchner, la filosofía como lucha y confrontación”. La Rosa Blindada, Septiembre 2011) recuerda que el mismo autor de La Cosa y la Cruz le recomendaba que buscase un trabajo suyo sobre Marx publicado durante sus primeros años en Cuba; y que él, Kohan, nunca había podido encontrar.

El trabajo al cual se alude es la primera publicación de León Rozitchner en Cuba. Titulado “La negación de la conciencia pura en la filosofía de Marx” fue publicado en el número 157 de la Revista de la Universidad de la Habana en 1962. Durante este año el pensador argentino fue profesor invitado en el departamento de filosofía de la Habana luego que fuese recomendado por Risieri Frondizi quien al final no pudo asistir a la cátedra (ver entrevista de N.Kohan, Entrevista a León Rozitchner, 15/IV/1998).

Así, el ensayo que en su totalidad trata de glosar los Manuscritos económicos filosóficos de 1844, se leen como notas más o menos modificadas de un curso en preparación o impartido por el propio Rozitchner en el cual el tema central trata de exponer la relación entre materialismo, totalidad, y la producción de conciencia. La lección de Rozitchner, sin citar a ninguno de las autoridades claves en la escolástica marxista, explica el modo en que la materialidad, no la conciencia, como se había producido al menos desde la época de Descartes, es lo que determina la colectividad de la experiencia, y por consecuencia la extensión de la conciencia de los hombres. Según Rozitchner, entonces, cada hombre “es el momento de pasaje que resume en si la totalidad embrida de la creación histórica que condujo a la conversión de la naturaleza y la humanidad” (p.11).

De ahí que si el hombre se analiza fuera de la génesis determinada por el espacio de la producción material, se produce el sentido de la alineación que divide no solo el hombre del hombre, sino el hombre de las cosas que produce. Ya en el primer Marx el corte entre la cosificación del mundo y la humanización de las cosas aparece ligado a la alineación impuesta desde una exterioridad que ejerce su poder. Esta premisa de índole puramente filosófica es lo que le permite a Marx, según muestra Rozitchner, a explorar la razón por la cual el hombre es a su vez siempre social, y parte de una totalidad que incluye otros hombres, así como productor de cosas que se extienden en su subjetividad. La totalidad en tanto hombres y cosas en el mundo, es así escamoteada de las relaciones humanas una vez que el sistema capitalista se instala en el seno de la producción de los hombres.

La conciencia, así como los afectos, son secundarios al reconocimiento de esta totalidad que da sentido a la dialéctica entre el colectivo y el individuo. La conexión luego con El Capital se atenúa, ya que en sociedad capitalista, bajo el sistema de la división del trabajo, cumpliría la función de evaporar este sentido global que encarna e instancia la experiencia de lo humano. Hasta aquí algunos de los núcleos centrales básicos de la explicación del primer Marx en el ensayo de Rozitchner.

Aunque el ensayo de Rozitchner podríamos situarlo en el contexto de aquellos nuevos lectores de Marx en la Revolución Cubana, haríamos bien en leer el ensayo el largo ensayo de Rozitchner, de casi 50 páginas, en relación con varios de los debates marxistas de aquellos años, así como dentro de la propia obra de Rozitchner. Primero, lo que se matiza en el texto es un marcado énfasis por el problema del sujeto, y la manera en que la colectividad-totalidad se inscribe en la actualización de su contexto concreto. Este tipo de pensamiento se sitúa en las antípodas del marxismo de corte soviético que circulaba durante aquellas décadas no solo en el pensamiento de algunos comunistas cubanos (Blas Roca, Juan Marinello, Edith García Buchaca), sino en los manuales del marxismo dogmáticos que provenían de la Unión Soviética. La cuestión del sujeto en la obra de Rozitchner estaría más cerca de los intentos que la escuela de Fráncfort que del althusserismo que aun pensaba el comunismo bajo el cientificismo, o desde un gramscismo que pensó la praxis desde el concepto de hegemonía o el bloque histórico. El reiterado énfasis de Rozitchner sobre el lugar de la producción subjetiva, que luego calificará en su polémica con John William Cooke como el “núcleo de la verdad histórica”, aparece dibujado, con matices, en este temprano ensayo sobre el joven Marx.

Es también curioso notar cómo, para los marxistas latinoamericanos, así como los europeos, el redescubrimiento de los textos filosóficos del primer Marx ofreció de inmediato una manera de traspasar el marxismo economicista de de la primera mitad del siglo XX, como también el dogmatismo del “Materialismo Dialéctico” impuesto por las directrices escolásticas de Moscú. El joven Marx que para Althusser habría un espacio para pensar la relación con la tradición del hegelianismo y la ideología, en Rozitchner toma la función de pensar el campo de los afectos y de cuestiones más distantes como la ética o el problema de la conciencia. Rozitchner, en el contexto latinoamericano de esta manera pudo condensar lo mejor de las tradiciones intelectuales europeas, en donde se cruzaban el primer Sartre de existencialismo del Ser y la Nada, el humanismo afectivo de Merleau-Ponty, y el análisis de la crisis burguesa del último Lukacs.

(Tampoco estos referentes eran tomados como autores irrefutables. En muchos casos estos nombres propios no llegan a escribirse, sino a tomar cierto ademán o rastro léxico. Por ejemplo, mientras Lukacs condenada a Kafka en polémica con Mann, Rozitchner pone al autor de El Castillo de cara con el existencialismo y del marxismo: “La buena conciencia, como lo dice también Kafka, es la mala, no expresa sino el acuerdo y la coherencia de las significaciones en una conciencia que no es sensible, que solo es abstracta, que se define así como conocimiento…”(p.24). Justamente Rozitchner no solo pensó el marxismo desde las referencias más disímiles, sino que puso a circular libros, traducidos por él mismo, como Humanismo y Terror o La crisis de la filosofía burguesa dentro de los lectores de la izquierda latinoamericana.

Un análisis más difícil de hacer es ver quienes fueron los lectores de Rozitchner durante la década del sesenta en Cuba, y de qué manera se divisó, si acaso durante esa época realmente esto fue posible, el entrecruzamiento que ofrecía su esfuerzo intelectual. Ni las editoriales revolucionarias, ni los marxistas de Pensamiento Crítico como Fernando Martínez Heredia, Aurelio Alonso Tejada, o Jesús Díaz se interesaron por un pensamiento afectivo o reflectivo del marxismo. Las páginas de Pensamiento Crítico reflexionan la mayor parte del tiempo desde figuras de la pura confrontación, como puede ser el movimiento negro en Estados Unidos, el guevarismo, o inclusive cierta relectura del leninismo, como lo deja a entrever el largo ensayo de Jesús Díaz.

Sigue siendo una interrogante las causas de la ausencia de Rozitchner del debate de la izquierda y el marxismo en la Cuba de los sesenta y setenta. Más aun, para un pensador que se mantuvo fiel a su compromiso con la Revolución Cubana, y que exaltó el experimento cubano, a cuarenta años de su nacimiento, desde el modelo guevarista del hombre nuevo. Este texto sobre Marx, así como su Moral Burguesa y Revolución, también publicado tempranamente en la RUH, fueron acaso las primeras y las únicas publicaciones cubanas de este fraterno compañero de Revolución.

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Gerardo Muñoz
Mayo de 2012
New York, NY.

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