Saturday, May 26, 2012

Pensando el derrotismo y los fracasos


León Rozitchner. Acerca de la derrota y los vencidos. Buenos Aires: Editorial Quadrata & Ediciones Biblioteca Nacional, 2011.


Antes de fallecer el pasado año, el filósofo argentino León Rozitchner era apenas conocido dentro de su propio país, a pesar de su amplia contribución al pensamiento y a la historia de la recepción de Marx y Freud en la Argentina. La mayor parte de sus libros – desde Moral burguesa y Revolución (1964) sobre los invasores de Playa Girón hasta El terror y la gracia (2003), análisis sobre el dispositivo cristiano en el capitalismo – contaron con muy pocas ediciones, incluso dentro ciertos circuitos letrados. Hoy, es difícil imaginar que existan muchos lectores de la obra de León fuera de su natal Buenos Aires, apenas un puñado de colegas que lo acompañaron hasta el final. Algunos de estos amigos – Horacio González, María Pía López, Diego Sztulwark – han tenido el acierto de publicar la póstuma colección de ensayos titulada Acerca de la derrota y de los vencidos (2011), editado por la Biblioteca Nacional.

Una de las razones por las cuales Rozitchner fue silenciado y tan poco leído durante estas últimas décadas en América Latina se debe, entre razones posibles, en la incómoda posición que encarnó dentro de la propia tradición de la izquierda. Acerca de la derrota es una continuación de esta voluntad heterodoxa de un pensador que hilvana su pensamiento desde la confrontación, con un estilo vaporoso, a la manera de los grandes duelistas intelectuales del siglo XIX o de otros tiempos pasados. Los textos que se suman a la colección Acerca de la derrota tienen como centro de contención el debate por los legados, el pasado, y el futuro de la izquierda. Ante el fracaso de las utopías y de los comunismos reales de estado del siglo XX, no es difícil ver cómo la izquierda entra en una crisis de su propio pensamiento y su pasado. Más aun, la izquierda, como también sostiene Rozitchner a lo largo de este libro, ha sido incapaz de pensar sus numerosos fracasos y derrotas.

En el panorama latinoamericano el fracaso de la guerrilla y la lucha armada fue sin duda el punto ciego de aquel desencuentro entre intelectuales de izquierda y el activismo político. En los primeros ensayos de la antología como “El espejo tan temido” y “Primero hay que saber vivir”, Rozitchner cuestiona el modo en que intelectuales de la izquierda argentina en particular apoyaron ciegamente, sin base teórica ni práctica, el dispositivo de la lucha armada de las décadas sesenta y setenta. Retomando algunos de los argumentos expuestos en ensayos clásicos de entonces como “La izquierda sin sujeto”, publicado en La Rosa Blindada, en donde polemizaba con el peronista de izquierda John William Cooke en el mismo 1968; Rozitchner vuelve a sostener que la izquierda latinoamericana dejó fuera de su pensamiento la relación concreta entre la teoría y la práctica, entre el cuerpo y las ideas, entre la pluma y las armas. Para Rozitchner, toda relación conceptual y teórica pasa por el “núcleo de la verdad histórica” que impone el sujeto y el cuerpo; a diferencia de una izquierda que, si bien aislándose de la forma leninista del Partido, continuo las formas metafísicas bajo signos que apoyaron una violencia descarrilada y carente de subjetividad.

A pesar de su fortísima crítica a la guerrilla, Rozitchner no propone el pacifismo del orden democrático, como tampoco un desplazamiento hacia el desencanto que diera cierre a las batallas ideológicas. Sobre esta línea Rozitchner cuestiona, en una encarnizada polémica, al intelectual Oscar del Barco, a partir de las declaraciones del ex – guerrillero Héctor Jouve. Si Del Barco abría una polémica sobre la culpa de los intelectuales y de lo colectivo durante la lucha de la guerrilla, lo que Rozitchner expone es la manera en que el antiguo intelectual de izquierda escamotea la validez del sujeto, de la muerte de cada vida irremplazable por lo perdones en nombre de colectividades abstractas. La réplica de Del Barco, según el autor de Filosofía y Terror, suspende la política en el gesto de esa ética del otro, muy en línea con el pensamiento de Levinas. Del Barco, de este modo, es interpretado como síntoma de la izquierda argentina que va, desde los años de la guerrilla, pasado por el apoyo consensuado durante la guerra de Malvinas, y terminando con las políticas neo-liberales del menemato.

Para Rozitchner, lo importante a pensar de aquellos años no es el momento del fracaso como cierre del proyecto de la izquierda, sino la forma en que podemos pensar la derrota como antesala del terror: “Porque todos tenemos alguna responsabilidad en el hecho colectivo que hizo posible la aparición del terror, pero preferimos volver la cara. En el mejor de los casos, se procede a un análisis de los propios “errores”, pero has cierto punto, como si en al época en la cual caímos en ellos no hubiera exiliado ya entre nosotros mismos aquellas idénticas que nos hubieran impedido cometerlas” (p.30). 

Como si retomara aquel argumento que yace en el seno de Moral burguesa y Revolución (1962), Rozitchner entiende el derrotismo de la izquierda, además de sus dispositivos tácticos o ideológicos, como signo de un fracaso aun mayor. Fracaso que le ha impedido pensar el sujeto y la colectividad en conjunto.

Tanto la guerrilla de Guevara en Bolivia, como la de Jorge Massetti en la Argentina aparecen interpeladas como lugares en donde el sujeto se suspende a favor de una colectividad y una moralidad en abstracto, en la cual el derrotismo fue triunfante desde un comienzo. En el primer caso, Rozitchner se remonta a las propias palabras de Guevara a sus combatientes (“a partir de ahora considérense que están muertos…aquí la única certeza es la muerte”), según las relata Ciro Bustos a John Lee Anderson. Mientras que Massetti es interpelado a través del polémico caso del fusilamiento de varios jóvenes miembros de la guerrilla EGP y de descendencia judía. En ambos casos, Rozitchner sostiene que lo gobierna allí no es la positividad del cuerpo – línea que traza su pensamiento desde sus primeros ensayos publicados en la Revista de la Universidad de la Habana hasta su último ensayo sobre la cuestión judía en Marx – sino el trauma de pulsión de muerte por la violencia determinada a priori. De ahí que la estrategia de razón polémica en Rozitchner es siempre doble: por una parte criticar la actividad política de la guerrilla misma (su anti-política, en tanto vaciamiento de sujeto) y la incapacidad de la izquierda a la hora de pensar su historia más próxima.

Rozitchner quizás puede ser criticado por haberse preocupado obstinadamente durante estos años a trabajar desde la inmensidad de categorías y periodizaciones históricas (el capitalismo, el cristianismo, el judaísmo, o la guerra) que, en lugar de acercarse a los temas de nuestros tiempos, descendieran aun más en una arqueología de la dominación. Por eso también que se edite este libro da cuenta cómo, a la vez que Rozitchner profundizaba sobre problemáticas más abstractas, distintas de las polémicas de la política contemporánea, existía un diálogo muy estrecho entre el pensador argentino y el presente. O quizás, como veía Foucault, sus investigaciones del pasado solo ahora pueden comenzar a ser leídas a partir de un interés por hacer más legible su entorno.

Los últimos textos del libro pueden leerse como intervenciones públicas en el presente político argentino y latinoamericano. Compuestos de dos entrevistas (una de ellas con el Colectivo Situaciones) y una breve nota sobre la complicidad moral de la Iglesia con el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar argentina de 1976, Rozitchner muestra que es capaz de pensar el presente con una enorme autonomía de pensamiento. Distanciándose del proyecto de Néstor Kirchner a partir de sus límites en la esfera de los medios y la economía y mostrando sus dudas en cuanto a la capacidad organizativa del movimiento piquetero; aparecen también críticas a pensadores neo-marxistas contemporáneos como Hardt, Negri, e incluso Alain Badiou, a quienes percibe bajo el viejo signo de una metafísica marxista y de cierta retórica muy cómoda al mercado de las ideas.

Acerca de la derrota y los vencidos mira al pasado sin las nostalgias más comunes de la izquierda, pero tampoco descarta la promesa de la idea socialista. Este paradójico pesimismo con matices de positividad fue, sin duda alguna, una de las marcas del pensamiento único de Rozitchner. Leerle es volver a comenzar a pensar un pasado común sin la necesidad de traicionar la fidelidad por un proyecto que al menos es renovable y digno del pensamiento:

“¿Es posible el socialismo? – Vos podrás calificarme de pesimista por lo que describo, pero simplemente trato de ver la realidad y, a partir de allí, de pensar algo, si se puede. Veo que actualmente el capitalismo a nivel mundial tiene un poder compra monumental. Si hay vida sí, el problema es saber si habrá quienes lo deseen...” (p.100-101).

______
Gerardo Muñoz
Mayo de 2011
Miami, FL.

3 comments:

Anonymous said...

Sabes si Moral burguesa y revolucion fue publicado alguna vez en Cuba? Un saludo desde Camaguey. -Ismael

Anonymous said...

Que grande es Rozitchner. De verdad que es un pensador de talla. Gracias por el esbozo de los ensayos e ideas claves del Argentino.

Gerardo Muñoz said...

Gracias por los comentarios.

Ismael: hasta donde se, no existe una edicion cubana de Moral Burguesa, aunque si fue publicado en su totalidad en uno de los numeros de la Revista de la Universidad de la Habana del 62, si mal no recuerdo. Es curioso que tampoco en Cuba se llegaron a publicar ninguno de los libros de Rozitchner quien, ademas, fue un largo companero de ruta de la Revolucion hasta su muerte.