Tuesday, June 12, 2012

Colectivo Situaciones y la investigación militante


La izquierda contemporánea continuamente intenta tomar distancia de las instituciones académicas y sus prácticas pedagógicas. Esta posición pudiera parecer paradójica, o incluso cínica, si se tiene en cuenta que buena parte de la izquierda se encuentra dentro de la academia norteamericana, publica sus libros en editoriales universitarias, y hace circular sus discursos en el espacio mismo de la esfera académica. Las ansias de imaginar un espacio exterior a su lugar de enunciación, por otra parte, muchas veces ha sacrificado el ejercicio de la teorización en favor del activismo militante.

Este fue el error de las nuevas izquierdas norteamericanas que, con un ojo adentro y otro afuera, buscaron ver la utopía a distancia en países del Tercer Mundo como Cuba, Vietnam, o Nicaragua. Pero también otro de los modos en que se pudiera reinventar una posición crítica dentro de la academia norteamericana pudiera ser construyendo un espacio de la militancia que, en lugar de divorciarse, de la praxis o la militancia, la circunscriba dentro de su propia actividad intelectual, como de hecho han intentado proponer el grupo teórico argentino Colectivo Situaciones.

Aunque Colectivo Situaciones surgió a partir de un contexto histórico muy particular, como lo fue la crisis neo-liberal del 2001, el movimiento piquetero, y las críticas anti-globalización de Hardt y Negri, con quienes Colectivo colaboraron en varios momentos, hay varios elementos que pudieran ser incorporados en otras prácticas y esferas similares. Dicho esto, haríamos bien en volver sobre algunos de las premisas y condiciones que se establece en el programático ensayo “Sobre el militante investigador”, en donde se examina en detalle la relación entre investigación teórica y práctica política y de esta manera apuntar hacia un nuevo paradigma para pensar esta brecha.

Esta propuesta no solo busca acortar la distancia entre teoría y práctica, sino también establecer la segunda a partir de nuevos sentidos y saberes que pudieran dejar atrás el paternalismo pedagógico que ha reinado en la actividad intelectual. La propuesta de Colectivo es, en este sentido, deudora de los legados de Joseph Jacotot en la lectura de Jacques Ranciere, para quienes el saber responde también a un anti-saber en tanto la imposibilidad de una clase a enseñarle nada a la otra.

Al igual que algunos pensadores de la izquierda contemporánea quienes rechazan los dispositivos alienantes de la investigación académica, Colectivo Situaciones propone incluso ir más allá de las propuestas de Zizek o Agamben – quienes recientemente han defendido posiciones de la pura potencialidad o del no-acto – en que conciben el sentido de la investigación teórica mediado por el contexto concreto de la militancia política. Para Colectivo, el nivel de teorización no se impone sobre una realidad predeterminada, como tampoco la inserción de la militancia se desentiende de las prácticas teóricas. La actividad del militante investigador teoriza, casi diríamos a tiempo real con la experiencia concreta y desde las contradicciones observables de un plano de total inmanencia. Esta argumentación, sin lugar a duda, se distancia de la previa teorización de los marxismos clásicos, para quienes la teoría es el elemento que, como vemos en el Marx del Manifiesto y en el Lenin de Las tesis de Abril, logran preveer las leyes objetivas de la historia.  

Si decíamos que Colectivo Situaciones es más radical que algunas propuestas de la izquierda esto se debe en que su definición de la investigación militante carece de objeto a la vez que se distancia del militante político así como del investigador académico:

La investigación militante, tal como la desarrollamos, carece de objeto. Somos concientes del carácter paradójico de este enunciado – si se investiga, se investiga algo si no hay algo que investigar, ¿Cómo hablar de una investigación? – y, a la vez, estamos convencidos de que este carácter es lo que le da, precisamente, su potencia. Investigar sin objetualizar, de hecho, implica ya abandonar la imagen habita del investigador. Y el militante investigador aspira a ello”.  

El proceso de la investigación es, de esta manera, también un proceso de subjetivización. La investigación del militante transforma no solo al objeto que se construye a partir de la investigación como exterioridad objetiva, sino que también transforma al sujeto implicado en dicho proceso de examen político. Pero Colectivo Situaciones no aspira tampoco a una nueva subjetividad guerrillera o guevarista, sino propone una composición [sic] afectiva como parte del proceso de investigación que allí se sostiene. Es por esto que Colectivo sostenga, a la manera de Alain Badiou, que una de las condiciones de esta práctica pasa por cierta forma del enamoramiento y las políticas de la amistad.

En este punto es importante enfatizar que mientras algunas recientes definiciones de lo político (Mouffe, Zizek, Badiou vis-a-vis Schmitt o Mao) han comenzado a problematizar el antagonismo como definición inicial, Colectivo Situaciones parte de una relación efectiva con el fin de construir un espacio de lo común y antagónico con los aparatos biopoliticos de la sociedad capitalista. (De hecho, para C.S: “el enfrentamiento no crea valores. Como tal, no va más allá de la distribución de los valores dominantes”). El recurrente énfasis en la posición de la situación concreta, el sujeto, y sus afectos, coloca a Colectivo Situaciones mucho más cerca de intelectuales y pensadores de la tradición argentina como León Rozitchner o David Viñas, que de las figuras más importantes del pensamiento radical contemporáneo, a pesar de su proximidad con las concepciones del negrismo. La militancia investigativa también parte de esa premisa, aunque nunca aparezca dicho: construir un análisis de las particularidades concretas de una situación, sin los préstamos de posiciones abstractas o externas al militante investigador.

Para Michael Hardt, Colectivo Situaciones fue para la insurgencia piquetera lo que Marx fue para la Comuna de París. Es mucho decir, por eso también pudiéramos dar cuenta de algunos límites o pormenores de la actividad que desarrolla la investigación militante. Lo más quizás tenga que ver con la jerga extraída de la gramática conceptual de pensadores italianos como Antonio Negri, Paolo Virno, o Gilles Deleuze. La lógica del militante investigador se posiciona a partir de un espacio que abre conceptos como inmanencia, exterioridad/interioridad, potencialidad, o líneas de fuga. Solo desde allí es que se estructura la figura del militante. Es decir que el aparato de teorización de Colectivo Situaciones pasa por la tradición spinoziana de la inmanencia, y no desde la tradición hegeliana de la dialéctica (en otro momento deberíamos pensar la relación entre Colectivo Situaciones y Hegel/Spinoza a partir de su intervención teórica con el libro de Pierre Macherey).

En otro orden de las cosas, la noción de “composición” del militante investigador favorece como a priori el momento de la experiencia, ahora sí, por encima de la temporalidad teórica, afectiva, o dialéctica. La experiencia es la base fundacional del militante aun cuando éste no presupone una clara construcción ontológica. Y si bien C.S admite que no busca “una experiencia-modelo” en tanto la singularidad de cada instancia investigativa; la experiencia como pura exterioridad de la situación es lo que remite y antecede a la actividad de la investigación. Así, el cúmulo de experiencias se idealiza no necesariamente por el predominio del modelo, sino por la idealización de la multiplicidad que hace creer de igual manera en lo totalmente nuevo y la imposibilidad de la repetición. La mera experiencia, no obstante, ejerce un nivel de abstracción que pudiera mitificar una situación dada y que a su vez corre el riesgo de repetir el lema act locally think globally que orientó las luchas de la anti-globalización a comienzos de este siglo.


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Gerardo Muñoz
Junio de 2012
New York, NY.

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