Thursday, June 7, 2012

La izquierda contra la filosofía política


Una de las tendencias más visibles en muchos de los filósofos del pensamiento político de izquierda radica en un rechazo generalizado a lo que tradicionalmente se ha rotulado como la filosofía política. Al menos en los Estados Unidos, la disciplina que habitualmente se llama filosofía o teoría política suele construirse a partir de un paradigma del liberalismo que parte de Platón hasta llegar al pensamiento social del siglo veinte con Karl Marx, Max Weber, y Nietzsche. A esta historia no solo se le critica en la manera en que excluye o reduce la diversidad de estas tradiciones, sino también la distancia que se le impone al historiador o pensador político cuando se enfrenta a las figuras de esta historia.

Esta crítica parte en realidad de una polémica sobre el modo de leer la historia. ¿Debe el liberalismo situarse como centro de la discusión del marxismo, y desde allí pretender a una deliberación del pensamiento? O bien, ¿bajo qué condiciones se puede reducir las variaciones dentro de las tradiciones mismas del pensamiento como unidad central de sus discursos? En el liberalismo, el análisis del pensamiento de Nietzsche o Marx pierde de vista el sentido más amplio en qué estos dos nombres encierran modificaciones a partir de otras corrientes filosóficas (el estructuralismo, o el estalinismo, por ejemplo). No hay duda que, pensando sobre esta misma línea, Michel Foucault hablaba de sí no como “pensador político”, sino como "historiador de sistemas de pensamiento", como rotuló la cátedra que le fuese conferida tras pronunciar su "El orden del discurso". Al situarse al margen de la filosofía política, Foucault podía demostrar el modo en que diversos mecanismos estructuran el pensamiento en tradiciones más allá de una versión lineal del pensamiento occidental.

Los más diversos pensadores de la izquierda han resuelto, como Foucault, apostar por otros nombres que remplacen la disciplina de la filosofía política. Esto indica, en primer lugar, lo mucho que importa el lenguaje en las recientes teorías políticas, sin los cuales no se pudieran ni plantear algunas de las premisas del pensamiento contemporáneo. Y en segundo lugar, el rechazo a la filosofía política desde el pensamiento contemporáneo indica que ésta también se formula como crítica institucional a la formas en que distribuyen y catalogan los saberes en tanto la propia política de hacer investigación.

En la tradición italiana, Roberto Esposito y Giorgio Agamben han buscado crear otros espacios en los cuales situar su pensamiento político en las afueras de la filosofía política. Para Esposito, la categoría de lo impolítico es justamente el término que interpela la crisis de la política contemporánea, así como de sus formulaciones en la filosofía política. Lo impolítico para Esposito no es una manera de describir la crisis por la cual atraviesa la política luego del fracaso de las utopías del siglo XX, sino una formulación que pueda pensar en conjunto la singularidad, la comunidad, y el poder que genera la instancia de la vida (bios). Esa actividad supera los modos descriptivos de la filosofía política tradicional.
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Agamben, por su lado, niega la filosofía política a favor del uso de la filosofía que es siempre parte de una comunidad que da existencia al ser mismo. El uso de la filosofía sin embargo, no se emplea de la manera que puede entenderse en la tradición analítica o transcendental del siglo XX, sino más bien como unidad por la cual la separación entre pensamiento y vida, potencia y lo actual, hombre y animal, quedan superadas en el pensamiento. Esta forma que busca situarse en la intersección entre el acto existencia y la potencia política ha quedado esbozada dentro del corpus del autor de Profanaciones como la “forma-de-vida”, la cual además responde al fenómeno del homo sacer y la vida nuda.

En el pensamiento francés contemporáneo, en particular en los neo-marxistas Alain Badiou y Jacques Ranciere, aunque se ocupan la mayor parte de sus obras de la política para renovar las categorías del pensamiento marxista (el pueblo y la plebe para Ranciere, y el Partido y el Estado para Badiou), rechazan de igual modo el título de pensadores políticos. Aunque es en Metapolítica donde Badiou mejor responde a la relación entre filosofía y política, solo basta con decir que para Badiou no puede existir una filosofía política, ya que la política es una de las condiciones para la posibilidad misma de la filosofía. En De un desastre oscuro , ensayo en donde polemiza con el derrumbe del comunismo soviético, Badiou aclara que si entendemos la condición de lo político como antecedente del pensamiento, entonces la idea del comunismo aparece como eterna, o al menos como una operación invariante de los fracasos inmanentes del plano histórico, algo que de cierta manera ya había trabajado en su temprano De la Ideología (1979).

Jacques Ranciere, del mismo modo niega la existencia de la filosofía política, ya que este término según su análisis en Desacuerdo o en Estética y Política, condensa cierto consenso entre las partes de la discusión, y no aquella parte de los sin parte. Como Badiou, Ranciere prefiere organizar la historia de la filosofía política desde prefijos (archi-, para-, meta-), y salvar a la política como espacio de orientación que, en su pensamiento, toma la forma de negatividad y oposición a la policía.

El ataque por parte de la izquierda a la filosofía política trae consigo varias consecuencias. Primero, una amplia diversificación a lo que implica pensar políticamente o desde lo político. Ni Badiou, Ranciere, Agamben, Laclau, Brown, o Esposito, pueden estar de acuerdo en lo que la práctica, o incluso la teorización de la política puede consistir. Esto da cuenta de que la izquierda contemporánea puede parecer democrática, pero a su vez también se muestra altamente fragmentada en sus demandas más generales, cómo puede ser el simple acto de pensar el grado cero ontológico o práctico de la teoría política. Lo único que los une es la negativa a pensar desde la filosofía política, a la cual ven como la negativa a tomar partido, ya sea por una causa concreta o por una línea de pensamiento definido.

Desde las más diversas respuestas a la filosofía política, lo que la nueva izquierda intenta superar no solo la mediación clásica entre teoría y práctica – esto ya lo había hecho mucho antes Althusser – sino abrir nuevos espacios para democratizar el pensamiento y las tradiciones, y crear un espacio para nuevas imaginaciones del horizonte político. De ahí también el interés por géneros literarios (Badiou o Agamben), en el archivo (Ranciere), o la pop culture (Slavoj Zizek) forman parte de estrategias para revitalizar el sentido de esa “política” que la filosofía política, como disciplina, había vaciado y neutralizado del seno de sus actividades e investigaciones intelectuales.


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Gerardo Muñoz
Junio de 2012
New York, NY.

5 comments:

Anonymous said...

con lo que no concuerdo es con colocar a Platón a la cabeza de esta implícita genealogía de algo asociado con el "liberalismo". Menos todavía con la inclusión de Niezsche en lo mismo. No hay que coincidir con Karl Popper (en considerar a Platón como el fundador político filosófico del pensamiento opuesto a la Sociedad Abierta)para observar que Platón concibe el gobierno o jefatura magisterial del conocimiento como un orden jerárquico y elitista y en extremo conservador. Cualquier tendencia que asociara sus grandes obras, Las Leyes y la misma República, con el liberalismo moderno tendría que ser hostil al mismo y en mi opinión equivocada. De Nietzsche, ni que decir. Su relación con el liberalismo es totalmente hostil y satírica. Son los neo marxistas franceses y sobre todo Foucault desde su muy original y trascendente perspectiva los que han realizado la crítica del liberalismo a partir de la Ilustración y quienes lo han esposado con el neo liberalismo sin excepción y hoy día como idéntico al régimen capitalista global. Para ellos, la diferencia entre un neocon o neoconservador y un neoliberal es ilusoria.

Gerardo Muñoz said...

Gracias por su comentario, creo que estamos de acuerdo. Quizas fue mi culpa por no explicar la funcion de estos pensadores en la tradicion de la filosofia politica.

Por supuesto, yo no estoy diciendo que Platon, Nietzsche, o Marx sean liberales, lo que digo es que cierto relato de la filosofia politica liberal construye sus figuras para explicar su historia. Esa historia, al menos en Estados Unidos, va de Platon a Nietzsche, como figuras que encierran una decadencia, pues ambos fueron criticos de la democracia. A Platon, por ejemplo, se le critica en cada manual o libro sobre filosofia politica de Estados Unidos, de igual modo se le mira con reserva a Nietzsche. En todo caso, lo que hay es un vaciamiento de lo politico y sus tradiciones (el Nietzsche de los rusos frente o el Nietzsche de los nazis o el de Deleuze).

Esta filosofia politica por otra parte, implicitamente defiende la linea de los contratistas sociales, como Locke, Montesquieu, Hobbes, o Rosseaou, quienes serian, de acuerdo con la izquierda contemporanea, los pensadores del consenso o de la para-politica.

Anonymous said...

Hola, Gerardo. Me encontré tu blog navegando por la red. Me parece muy interesante. Tus reflexiones son muy pertinentes.

Me interesa mucho este vaciamiento de la política que ha llevado a cabo la tradición liberal. La ideología capitalista-liberal define "democracia" como el "libre" juego de diferentes puntos de vista en un marco supuestamente neutro en el que el argumento con mayor razón se impone (concepción de Habermas). A esta ideología le importa mucho que se "toleren" todos los puntos de vista, y para ello es necesario mantenerse neutro o indeciso. Aquel que toma una postura decidida y determinante, es decir, militante, es calificado de "intolerante" o "dogmático". El intelectual orgánico de este sistema se precia de ser "crítico" con todos los puntos de vista, con los de derecha y los de izquierda, se precia de no ser militante de ninguna idea "totalizadora". Dice mucho de nuestros tiempos supuestamente apolíticos y posideológicos, el hecho de que tener una postura y defenderla implica necesariamente ser dogmático. Tal parece que para la ideología liberal capitalista es inconcebible ser militante y al mismo tiempo tener críticas hacia tu misma postura. Por el contrario, esta ideología piensa que o estás con el sistema (eres "tolerante", es decir, ajeno a las luchas políticas y sociales) o estás en contra (eres dogmático, cegado por una ideología e incapaz de cambiar de opinión). Esta falsa disyuntiva no es más que un modo en que la ideología capitalista-liberal busca reproducirse, pues descalifica de entrada toda postura comprometida que intenta un cambio, lo cual favorece la inercia y pasividad social.

En fin, seguimos en contacto. Nos vemos pronto en Princeton.

Jorge Quintana

Anonymous said...

Hola, Gerardo. Me encontré tu blog navegando por la red. Me parece muy interesante. Tus reflexiones son muy pertinentes.

Me interesa mucho este vaciamiento de la política que ha llevado a cabo la tradición liberal. La ideología capitalista-liberal define "democracia" como el "libre" juego de diferentes puntos de vista en un marco supuestamente neutro en el que el argumento con mayor razón se impone (concepción de Habermas). A esta ideología le importa mucho que se "toleren" todos los puntos de vista, y para ello es necesario mantenerse neutro o indeciso. Aquel que toma una postura decidida y determinante, es decir, militante, es calificado de "intolerante" o "dogmático". El intelectual orgánico de este sistema se precia de ser "crítico" con todos los puntos de vista, con los de derecha y los de izquierda, se precia de no ser militante de ninguna idea "totalizadora". Dice mucho de nuestros tiempos supuestamente apolíticos y posideológicos, el hecho de que tener una postura y defenderla implica necesariamente ser dogmático. Tal parece que para la ideología liberal capitalista es inconcebible ser militante y al mismo tiempo tener críticas hacia tu misma postura. Por el contrario, esta ideología piensa que o estás con el sistema (eres "tolerante", es decir, ajeno a las luchas políticas y sociales) o estás en contra (eres dogmático, cegado por una ideología e incapaz de cambiar de opinión). Esta falsa disyuntiva no es más que un modo en que la ideología capitalista-liberal busca reproducirse, pues descalifica de entrada toda postura comprometida que intenta un cambio, lo cual favorece la inercia y pasividad social.

En fin, seguimos en contacto. Nos vemos pronto en Princeton.

Jorge Quintana

Gerardo Muñoz said...

Hola Jorge, gracias por haber pasado por el blog. Estoy complemtamente de acuerdo contigo. No hay dudas que el fenomeno de la despolitizacion es uno de los malestares por la cual atraviesa la politica contemporanea. Aunque con evidentes razones historicas, el sistema capitalista tiene una capacidad de reapropiacion sin igual. El argumento de la tolerancia es quizas su sintoma mas visible, asi como el discurso del multiculturalismo. Pudieramos decir que, en cierto sentido, estamos frente a una inversion de la politizacion de la cultura, a la culturizacion de lo politico.

Paralelamente existe tambien un enfasis en el orden de la accion que por momentos genera una falsa militancia sin pasar por las mediaciones del pensamiento o la teorizacion. Creo que nuestra tarea estaria vinculada cuestionar esa brecha, y asi pensar la critica y practica en su conjunto.

Seguiremos el intermcabio en breve y ya nos veremos por Princeton.
Abrazo,
G