Tuesday, July 10, 2012

Ante una imagen de escombros


El título de esta nota puede prestarse a equívocos. Al aludir al derrumbe, no aludimos al final del acontecimiento, sino precisamente al ejercicio de articular su recomienzo. A la búsqueda nostálgica del pasado oponemos la travesía de imaginar el futuro desde la memoria. La política de esta mirada puede explorarse desde la obra del artista cubano Ezequiel Suárez.

La obra Ezequiel articula por un lado la habilidad de enmendar los nexos entre discurso e imagen, y por otra, ocupar un espacio en el circuito del ese panorama del “arte cubano”. Esta superposición puede que ayude a pensar el resquebrajamiento de un sistema político y de una historia que atraviesa medio siglo. Pero también es la parodia pensada desde otro intersticio: como búsqueda de un lenguaje que desacraliza tanto los tópicos del arte cubano como las propias prácticas culturales que lo sostienen. La parodia en manos de Ezequiel modifica las jerarquías de valores simbólicos, así como de sus presupuestos estéticos.

Si tenemos en cuenta que Ezequiel no es un fotógrafo, y que buena parte de su obra no se vincula a este medio específico, entonces la serie “Nichos”, trabajada a lo largo de los últimos dos años, cobra aun mayor relieve.

¿Por qué eligió el artista este medio fotográfico, y sobre qué quiso centrar su mirada? Un artista que ha trabajado con materiales efímeros, con la construcción de objetos comunes y de jergas locales, se abre paso a la fotografía con un sondeo de algo que rebasa tanto el lenguaje como la materialidad de las cosas. La fotografía, lo sabemos, es el medio par excellence de la eternidad. Es el espejo que, como veía Lukacs a comienzos de siglo pasado, potencia su visibilidad.

“Nichos” es una serie de nueve fotos que muestra la decadencia de pasadas utopías: edificios en ruinas, apartamentos vacantes, rancias pancartas borrosas. Un barrio que pareciera una zona sitiada o una zona en construcción abandonada. En cada una de estas fotos sentimos la duración del tiempo y de su peso sobre la cosas.

Si antes hablábamos de la cualidad eterna e inmaterial propia de la fotografía, el gesto que impulsa Ezequiel en estas fotos es el inverso. Él imagina que solo la fotografía es capaz de mostrar la desmesura del tiempo, la arrolladora presencia y conquista de la naturaleza sobre la edificación del trabajo del hombre. La fotografía, en todo caso, opera como medio de documentación no solo de una historia, sino también como miniatura de algo que encontramos al paso. (Estas fotos fueron tomadas desde el mismo tránsito, mientras el artista viajaba en automóvil). 
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Si Walter Benjamin describía a la ruina como imagen alegórica de la Historia, “Nichos” decide canjear ese dictamen: esta imagen se resiste a la alegoría y a la metáfora, al signo y a la elipsis, es un pasado en forma de futuro. Fuera de toda retórica o de la lógica de los sentidos, “Nichos” trata de encarar este problema sobre la temporalidad postcomunista.

Y es que las fotos que componen “Nichos” pudieran haberse tomado en cualquier parte del mundo, pero irremediablemente fueron tomadas en La Habana. Capital que ha atravesado la experiencia comunista más allá de los anunciados fines de la historia, o de los deshielos de los países del Este. Isla que ha sobrevolado por encima del glasnot y de las nuevas izquierdas latinoamericanas.

Las ruinas del socialismo cubano, en ese sentido, se diferencian de las ruinas del comunismo del Este. Y no hablo en nombre de sus sistemas políticos, sino de sus representaciones. Si para las últimas, se trataba de las ruinas de una historia postergada, estas ruinas son ya parte de una historia del pasado, que se ha sometido a la clausura por el propio sistema político y cultural de la isla. Las ruinas del pasado molestan no porque dejan la huella del pasado en el presente, sino porque de alguna manera aun no logramos salirnos del todo. Seguimos siendo partícipes de ella, cómplices de su artificio.

“Nichos” es un intento de imaginar un comunismo que nunca existió, o en todo caso que se ha extraviado. La recreación de sus restos por parte del artista se asoma someramente por las formas arquitectónicas. Aunque hay más: el vaciamiento de significado que guardan estas fotos – su lugar, su procedencia, su contexto histórico – codifican automáticamente un afuera que implica a todo espectador, y que lo convierte en testigo de una historia en clave anónima.

No solo son secretos estos lugares, conforman un horror al aire libre, la otra cara de los sitios de detención de los regimenes autoritarios del siglo XX (de esto ha tratado “Joyas de la Corona”, de Carlos Garaicoa). Estos espacios urbanos están a la intemperie. Y aunque no haya transeúntes en sus bordes, no es difícil imaginárselos. Son ruinas habitadas. No es tampoco el mundo de Chernobyl – otro de los espacios icónicos del Imperio Soviético – sino zonas comunes de la ciudad caribeña.   

Volvamos, entonces, a la pregunta inicial: ¿por qué la fotografía para un artista que ha podido crear, hasta ahora, prescindiendo de ella? Esta nueva serie de fotografías permite adentrarse en un mundo que ha transitado por bruscos cortes sociales. En la fotografía, como práctica artística, Ezequiel encuentra un lenguaje que hace posible mostrar ese corte en tanto materia. Si sus obras anteriores se instalaban bajo una matriz lingüística, de pura significación, estas fotografías son la contratara de aquellas. Prescindiendo de los signos, solo queda aquí la imagen de sus escombros, los restos de una historia de un comunismo por narrar.

En este sentido el comunismo aparece no como eternidad sino como un paréntesis. Una larga detención que, además de ruinas, incluye vegetación y descoloridos, formas utópicas y desolación, tapias y ladrillos. “Nichos” no intenta tampoco narrar con énfasis puesto en reconstruir un pasado desde una mala memoria. Inclusive, no hay un gesto o una mirada redentora sobre el pasado.

Esta distancia da por momentos la sensación de que se pasa del pasado al futuro con la claridad de un lente. Así, la fotografía de una ciudad que quiso ser solo futuro reaparece desde sus fragmentos como postales que nos vienen de una tierra lejana. Tierra que quiso construir con otra lengua la utopía hoy tal vez nos obliga a pensar los futuros.

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Gerardo Muñoz
Mayo de 2012
Gainesville, FL.


*Este texto es parte de una serie de comentarios que vendremos compartiendo sobre los cuatro artistas cubanos que figuran en la exhibición Designing Post-Communism: recent political imaginaries in contemporarycuban art (Collage Gallery, Julio 6-Agosto 1, 2012). 

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