Monday, August 20, 2012

Das Kapital


Das Kapital (primera entrega 1992-93), no el clásico decimonónico de Marx, sino el poemario de Carlos A. Aguilera publicado en 1997 es un texto problemático dentro del corpus del grupo Diáspora(s). ¿Por qué, si acaso el grupo encarnaba una idea de heterogeneidad, un lugar de los confines de la literatura y la nación, escogió como título del poemario, la gran obra fundacional del marxismo? Se puede argumentar que esa elección de titular un libro lo que pone de manifiesto es un gesto profano. No es coincidencia, por ejemplo, que el primer poema-visual de Aguilera articule una noción del gesto que da cuenta de autoreferencialidad mallarmeana sobre tiempo, espacio, y grafía del poema.

El título nos descoloca a otro nivel de lectura que pareciera simplemente repetir a Mallarme y Apollinaire, a De Campos y Tablada. Ninguna mejor tradición para encarar el espíritu posmoderno de la deconstrucción que la saturación de la grafía en ordenamiento visual. El poemario central de Diáspora(s) reducido a la visualización de grafemas, a meras estrategias de significación.

Otra forma de leer el texto de Aguilera, sin embargo, sería tomar Das Kapital como gran teatro de los signos ready-made del imaginario total del comunismo. Más que la lectura que ha visto en Das Kapital (primera entrega 1992-93) la continuación del programa del concretismo, se pudiera decir que el despliegue de signos es un intento de encarar el valor de las palabras en tanto signos conceptuales de la representación comunista. 

El poemario en realidad es una teatralidad que, aunque reescribe el relato de las marionetas de Von Kleist, puede ser leído también como una metáfora de la teatralidad política. Fue en el comunismo, al igual que el teatro de Kleist, donde se puso en escena el último capítulo de la historia, el cierre de los deseos del hombre. De ahí que Kojeve pensara que el fin de la historia se deba a partir de la realización de las utopías, puesto que el fin concluía al ser mismo en tanto conciencia de sí. Von Kleist y Marx en Aguilera devienen en ready-made de la materia misma del comunismo, puesta en escena en donde la palabra existe entre el espacio y el tiempo, como pura representación que merece ser descolocada, tomada en partes.

La construcción de Das Kapital es un producto ready-made: repeticiones, modelos topológicos, figuras geométricas, automatismo visual. No hay mucha diferencia entre esta construcción poética y la práctica conceptualista. Boris Groys ha visto que en la práctica artística del conceptualismo de Moscú, los artistas trabajaban, a diferencia de la escuela de New York, a través de la apropiación real de la sociedad comunista como gran obra conceptual. Los desfiles, los aplausos, y los íconos que Aguilera inserta en Das Kapital son inscripciones conceptuales de ese comunismo artístico, proyecto al cual no hay porqué poetizar, ya que el proyecto como tal es parte de una parábola estética.

La parábola es también otra de las figuras tipográficas de Das Kapital. El diagrama del desplazamiento de las ratas, por ejemplo. Duanel Díaz ha visto que la figura de la rata ocupa un lugar central en el proyecto de Diáspora(s): no solo es el símbolo de lo menor, sino del devenir animal deluziano que desterrioterializa la escritura, el trazo de su línea fuera de la nación. Otra lectura también es posible: la rata es también el único animal – el único ser – en toda la obra de Kafka que puede pertenecer a la totalidad de una comunidad, como en efecto sucede en “Josefina la cantora o el pueblo de los ratones”. 

La rata es la figura kafkiana de la utopía, el animal que se traduce en dialéctica entre ser y masa en la cultura del comunismo. La posibilidad de la utopía comunista comienza en una comunidad de ratas. Comunidad negada incluso para los humanos. En Kafka la rata no es solo cuneta y suciedad, sino potencia de comunidad futura.

Das Kapital es un gran obra de collage, como si el libro de Marx hubiese sido vaciado, recortado sus páginas interiores, y enmendado con distintos condimentos culturales que van de Deleuze a Kafka, del conceptualismo al juego lingüístico de Wittgenstein. Todos estos elementos convergen porque Das Kapital es una obra total (gesamtkunstwerk), un horizonte de homogenización de las diferencias culturales, construcción de un museo imaginario de la cultura que amontona y colecciona. 

Aguilera en poesía hace con Marx lo que Noticias de la antigüedad ideológica, el gran filme de nueve horas de Alexander Klugue, hace desde el cine. De la misma forma que no hay exterioridad a la lógica del capital, no hay lógica a la representación cultural del comunismo. Solo puede trabajarse desde el pastiche, el collage, el conceptualismo, la posibilidad del ready-made, finalmente la repetición del Das Kapital de Marx por un nuevo Das Kapital de un poeta cubano instalado en la última década del siglo veinte.

Por eso decíamos que Das Kapital, además de coincidir con el lanzamiento del primer número samizdat Diáspora(s): Documentos I en 1997, entra en tensión con el programa del proyecto de este grupo literario de los noventa. Diáspora(s) tradicionalmente se ha leído como proyecto que buscó trascender los límites imaginarios de la cultura nacional, de las fronteras del Estado-Nación, reorganizando así la jerarquía de los valores literarios, oponiendo a la teleología insular origenista a la inmanencia subalterna de una escritura menor. 

El comunismo, sin embargo, fue cualquier cosa menos una articulación subalterna: fue una programación total del tiempo, del discurso, de las imágenes. Das Kapital, en su fondo teatral, es también la repetición de esa instancia total: la incursión en el imaginario comunista, así como profanación conceptual en el origen mismo de ese proyecto, forrado de gran tratado del pensador alemán.

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Gerardo Muñoz
Agosto de 2012
Gainesville, FL.

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