Tuesday, August 14, 2012

Desaprendiendo la pedagogia comunista


Game over – te anuncia una pantalla diseñada con rostros de Lenin, Marti, y el Che Guevara. Sino fuese por ese orden de reconocibles efigies ideológicos, pensaríamos que se trata de un viejo aparato de algún pasado comunista, otra de las formas de la ostalgie. Pero esta imagen viene del presente, sino de un futuro que aparece desde una consola de video-juego. Estamos frente al píxel y en la animación, lo cual nos sitúa a dos tiempos: en aquel lejano reino de las imágenes que se llamó comunismo, y en su más cercano heredero, el presente poscomunista.

No pudiéramos haber empezado de otra manera que narrando el artefacto que compone la pieza “Juega y Aprende: los árboles impiden ver el bosque” (2008) del joven artista Rodolfo Peraza. Una consola que, a través de un recorrido por distintos niveles, a la manera del starship, va interpelando al espectador con fragmentos extraídos del Manual de Educación Formal, panfleto pedagógico de la Cuba soviética.

Como participantes del juego nuestra victoria y avance por los varios niveles consiste, primero, en la lectura de aquellos textos, y segundo, en la eliminación de los mismos a través de tiros que emanan de un tanque de guerra en la parte baja de la pantalla. (Eliminados literalmente: desde el avatar vamos borrando letra por letra de los fragmentos). Somos una máquina de guerra contra el olvido: es la primera impresión que nos queda de “Juega y Aprende”. Un ejercicio del palimpsesto: recordamos al mismo tiempo que vamos borrando.

Recordar aparece aquí como otra de las formas de la violencia, y ya en el juego la violencia se asoma bajo las formas del “hombre nuevo” y la moral revolucionaria, el trabajo voluntario y la eticidad del sacrificio. Un artista como Peraza vuelve sobre las doctrinas de la pedagogía revolucionaria para volarlas en mil pedazos (aunque sea a través de la realidad virtual), en un gesto que destila cierto gesto iconoclasta nietzscheano. 

Más importante aun me parece que la pieza de Peraza abre preguntas aun mucho más fundamentales para la esfera de los debates políticos que emergen a partir de la condición poscomunista: ¿es posible desaprender las lecciones del pasado? ¿En qué medida es liberado el sujeto de esa carga? ¿Cómo trabajarlas desde los contornos de la memoria?  

Juega y Aprende no es tanto una lección de memoria, cómo una lección en pedagogía en reverso. El asunto no está en cómo pensar el duelo y lo que ha sido de una historia del pasado, sino en develar los dispositivos que se han incrustados en la subjetividad misma de la actividad humana. De ahí que el artista se ha referido a su obra en varias ocasiones como una forma de explicitar las formas del poder, y no como un asunto de diálogo o conversación sobre el tema nacional. Su arte no es "cubano" en el sentido que aparece bajo ese signo en los mercado contemporáneos, sino que lo es porque cuestiona la experiencia pasada que atraviesa toda una generación de artistas y ciudadanos en el país caribeño.

El procedimiento que pone de manifiesto “Juega y Aprende” tiene la complejidad de la experiencia, del pasado, y de las políticas de los discursos, aun cuando se construya a partir de un formato lúdico como puede ser la superficie de un video-game. Esto también puede verse como una ventaja para el proyecto de Peraza. Como ha mostrado Beatriz Sarlo desde hace ya varias décadas, las nuevas formas digitales reprograman el mundo y transforman nuestras relaciones temporales. Sin embargo, contra el pesimismo francfurtiano al cual sucumbe la autora de Tiempo Presente, las temporalidades de la era digital potencian nuevas relaciones, no solo intersubjetivas, entre los distintos modos de pensar la historia. Lejos de borrarla, estas prácticas amplían las capas de su visibilidad y explicitan sus desniveles.

No es difícil ver cómo. En un país como Cuba, el último auge de las prácticas digitales han comenzado a crear una esfera cívica de debate que, aunque aun nos cuesta darle un nombre, se inserta de una manera muy peculiar a una futura democratización del sistema político y social. La new-media pudiera operar como extensión del cuerpo ciudadano en momentos en que la solidez del cuerpo del rey comienza a mostrar sus fisuras.

“Juega y Aprende” sostiene y encara esta conversación desde otro sesgo. Primero, porque en esta pieza la reflexión antecede todo tipo de acción. La plataforma new-media se presenta como inventario de la historia, así como procedimiento de los archivos políticos. El artista encarna, desde los nuevos medios, la figura de quien logra develar esa horizontalidad de la dominación histórica. Se hace visible, de este modo, la homogeneidad de los lenguajes del poder y a la vez logra colocar al espectador como agente de sus signos y lemas históricos.

Así, Peraza nos pone frente al problema de la conducta de otro modo. No se trata aquí de poner el cuerpo ante la inmediatez de una realidad como forma del arte comprometido. Peraza nos propone detenernos e investigar, reflexionar y jugar, leer y reír. Las formas en que las gramáticas de la dominación están presentes dentro de estas nuevas prácticas, neutralizan la ansiedad por esa ansiedad de la participación social del arte.

Aprendemos, entonces, desde el juego. Los fragmentos, la iconografía, y el diseño en una pieza artística como “Juega y Aprende” interpela al espectador a través del juego. Si pensamos en la discusión política que Giorgio Agamben desarrolla con respecto a la noción del juego en libros como Infancia e Historia o Profanaciones, la plataforma puede ser tomada como fuerza política de un arte que pasa por la profanación en tanto que interroga los núcleos hegemónicos visuales y retóricos.

El juego trabaja silenciosamente sobre nosotros, y nosotros sobre ello: su manera de actuar, como la de las militancias clandestinas, pasan por el subsuelo de lo no-dicho, o de lo que emana a partir de lo que aparece recontextualizado y reprogramado ante los espectadores de la galería. Al jugar con la historia, estamos continuamente reconstruyendo los restos que han quedado en el páramo del presente.

Rodolfo Peraza es uno de los pocos artistas cubanos que trabaja con la programación y las nuevas formas digitales. Toda su obra se presenta como un amplio registro para cuestionar el poder de la historia, así como imaginar nuevas subjetividades políticas. Si acaso toda la obra Peraza atraviesa el plano del poder y sus manifestaciones moleculares e institucionales, es la obra “Juega y Aprende” donde mejor se explicitan las  políticas de un sujeto presente que resiste y combate a las formas de la homogenización de la historia.

______
Gerardo Muñoz
Junio de 2012
Miami, FL.

*Este texto es parte de una serie de comentarios que vendremos compartiendo sobre los cuatro artistas cubanos que figuran en la exhibición Designing Post-Communism: recent political imaginaries in contemporarycuban art (Collage Gallery)

No comments: