Revisando
los materiales inéditos que guarda el archivo del historiador alemán y
exprofesor de Princeton University, Ernst Kantorowicz (1895-1963), se puede
leer la transcripción de una breve e interesante charla que diera el autor de Los
dos cuerpos del rey en la Asociación de Estudiantes Graduados del
Departamento de Historia de la Universidad de Berkeley. Titulada “Postal Stamps and the Historian”, Kantorowicz propone una lectura microscópica por la cual podemos leer la propaganda política y la dimensión simbólica del poder desde las estampillas de correo. Según Kantorowicz, los sellos se inscriben como la insignia oficial de la cultura política de las primeras décadas del siglo veinte que remplazan a su vez el poder que alguna vez tuvieron las monedas desde el Imperio Romano hasta el régimen de Luis XIV. Del numismático a la filatelia: el historiador ante estas formas de circulación pudiera trazar la manera en que el Imperio quiere ser visto y leído, así como la forma en que construye un relato para su posteridad.
Este breve texto de ocasión de 1949 tendría que ser leído en diálogo con otros ensayos de Kantorowicz como “Dioses en uniforme” o “Misterios del Estado”, donde discute ampliamente la relación entre el poder teológico y sus formas de representación en objetos de amplia circulación. En este sentido, la estampilla difiere en buena medida de la moneda, ya que al menos en la época medieval la función no era precisamente proyectar una visión propagandística del Imperio, sino hacer visible, casi diríamos legible, su poder supremo a través de la heráldica. Es solo con la modernidad y la Revolución Francesa, que las ideas propiamente políticas remplazan a la heráldica en el sistema numismático, transformándose en un medio de comunicar los imaginarios propios de Estado o incluso de los ideales de un movimiento (Liberte, Egalite, Fraternite).
Ya hacia
el siglo XIX, la moneda retomará su dimensión decorativa, perdiendo así el aura
narrativa del Imperio, limitándose a la lógica de circulación del
estado nación. De ahí que sea el sello, y no la moneda, la que se vuelva la figura que
retome el valor simbólico de la propaganda política de las naciones. El
sello deviene la imagen que circula abiertamente a través del planeta, mientras que la
moneda queda restringida a una comunidad soberana, tal y como dice Kantorowicz:
“In other words, we no longer look carefully enough at the
coins as to recommend them as means of propaganda. Moreover, since 1914 coined
currently hardly ever travels abroad. Hence, in our age of currency restrictions
all over the world the colorful little scraps of gummed paper have taken over
the role of the mute, yet eloquent, propaganda formerly spread by metal coins.
Also, the colorful appearance of the stamps may attract our attention more
easily than coins; and their propaganda value is certainly high”.
Kantorowicz
pone de ejemplo una estampilla sobre el voto democrático en Puerto Rico, así
como otro en el cual se conmemora el liderazgo del Presidente Abraham Lincoln.
Vale aclarar que, al dictar estas palabras ante los estudiantes de Berkeley, Kantorowicz no solo
tiene en mente la geopolítica de la Guerra Fría, sino también las políticas
anti-comunistas que ya dominaban la esfera académica norteamericana del
momento.
Como es sabido, Kantorowicz se negó a firmar el juramento anti-comunista que se exigían a profesores de Berkeley, aun cuando el provenía de una tradición política nacionalista alemana. El historiador medievalista no solo fue parte del círculo intelectual de Stefan George y su renacimiento espiritual, autor de una influyente biografía de Federico II, sino también paramilitar contra los alzados de la Revolución Espartaquista de 1919. Así, la caída del valor imperial de las monedas puede ser leída como correlato del fin del Imperio en el sentido medieval, y de la subsequente fragmentación de la legitimación de eso que Schmitt llamaba el nomos de la Tierra.
Como es sabido, Kantorowicz se negó a firmar el juramento anti-comunista que se exigían a profesores de Berkeley, aun cuando el provenía de una tradición política nacionalista alemana. El historiador medievalista no solo fue parte del círculo intelectual de Stefan George y su renacimiento espiritual, autor de una influyente biografía de Federico II, sino también paramilitar contra los alzados de la Revolución Espartaquista de 1919. Así, la caída del valor imperial de las monedas puede ser leída como correlato del fin del Imperio en el sentido medieval, y de la subsequente fragmentación de la legitimación de eso que Schmitt llamaba el nomos de la Tierra.
Si
quisiéramos actualizar la lectura de Kantorowicz para nuestros tiempos
tendríamos que preguntarnos cual sería la forma que ha remplazado la estampilla
como propaganda política, o si estamos ante la presencia de una nueva recuperación
imperial de la moneda. No hay dudas que hoy la situación es más contradictoria
que la que Kantorowicz pudo comprender en su momento y cuya formulación sería hoy
insostenible (Kantorowicz es contundente hacia el final de su discurso: “…stamps
are a very important instrument for the spread of political ideas and of
political propaganda whenever Empire Idea an idea of mission are
combined…”).
En primer
lugar porque hoy, a dos décadas del fin de la guerra fría, estamos bajo una
nueva forma reminiscente al
Imperio. Y por otra parte, no podemos decir que la estampilla o la moneda
(sea ésta el Dólar, el Euro, o el Yuan), puedan simbolizar lo que hoy implica
la expansión global de ese Imperio. No es hoy el correo o la moneda lo que
legitima el poder global, sino la forma económica del crédito. Y todo crédito,
que compra el futuro con base en el pasado, carece de toda misión.
Es Visa,
MasterCard, o las grandes bancas las que hoy regulan el Imperio excediendo la
lógica del Estado Nación. El e-mail, así como las nuevas tecnológicas, por su
parte no son más que canales de una libertad que supera a los correos y al arte
de la filatelia. En este sentido vivimos fuera de toda representación política,
o dicho de otra forma, estamos meramente representados por la forma circular del
dinero. Esto demuestra por lo tanto que la crisis de legitimización del Estado
es política, y no meramente económica como quieren siempre advertirnos los
llamados “expertos”. Así se pudiera decir que la caída del símbolo en la era
del Imperio coincide con el fin de la política y con la entrada de la
auto-referencialidad del capital económico.
Lo que
quiero decir es que si Kantorowicz logró pensar la relación entre simbología
del poder y filatelia era porque aun en 1949 existía algo así como una
“política”, si bien este régimen de gobierno en aquel momento era un sistema
fallido si se le compara con el modelo orgánico medieval fundado en una teología política. Por eso la tarea del
historiador de nuestros tiempos radica en investigar de qué modo el fin de la
política marca en si mismo la entrada a una nuevo régimen que pudiéramos llamar
provisoriamente una teología económica.
____
Gerardo
Muñoz
Septiembre
de 2012
Princeton,
NJ.

2 comments:
Excelente comentario Gerardo, pero me parece que puedes caer como lo han hecho Negri y otros en un discurso limitado, que sólo ve un bando. Poque al mismo tiempo que en esta era del "imperio" globalizado los flujos de capital se han desterritorizado más que nunca, han surgido diversas impugnaciones de discursos nacionalistas que una vez más reviven el poder del Estado-Nación. De igual modo, con las inmigraciones y el terror la figura del "Leviatán" ha resurgido bajo las modalidades de impuestos, de visas, de muros y fronteras.
Gracias por el comentario, estoy de acuerdo. Hay una paradoja alli que hay que resolver, aunque algunos, Wendy Brown por ejemplo, argumentan que la escalada de control por parte del Estado-Nacion es solo un sintoma de su debilitamiento (Walled States, Waning Soverenty). Los muros y fronteras no serian un nuevo Leviatan, sino mas bien su sacrificio, como en la ultima cena mesianica.
Pero vuelvo a la pregunta: cual seria hoy el medio de representacion del Estado Nacion? Puede un Estado-Nacion existir sin un surplus de representacion? Eso es lo que no me queda muy claro...
Por otra parte, no creo pensar el "Imperio" del mismo modo de Negri, al menos no como una conyuntura de la cual pudiera resurgir una multitud redentora. Esto queda como tema abierto para una discusion futura.
G
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