Es sabido que Alberto Lamar Schweyer sostuvo varias
polémicas con escritores de la isla como Emilio Roig de Leuchsenring y Roberto
Agramonte, a partir de la publicación de su ensayo Biología de la Democracia, y de su ruptura con el minorismo que, en
Mayo de 1927, resultará en el intercambio de cartas abiertas con José
Vasconcelos.
Menos conocido y estudiado ha sido la recepción del
pensamiento de Lamar Schweyer entre sus lectores contemporáneos latinoamericanos.
Además del libro del chileno Alberto Edwards Vives, La fronda aristocrática en Chile (¿1927? ¿1928?), donde se corrige
el insuficiente conocimiento del cubano sobre la historia de Chile, en las
páginas que recoge Defensa del Marxismo
(1934) de José Carlos Mariategui, Lamar Schweyer aparece aludido para
ejemplificar esta vez la tendencia de cierto tipo de pensador
"diletante" latinoamericano que buscaba pensar la política desde el campo
de las ciencias:
“Hasta hace poco la biología imponía sus términos a
especulaciones sociológicas e históricas con un rigor impertinente y enfadoso.
En nuestras América tropical, tan propensa a ciertos contagios, esta tendencia
ha hecho muchas victimas. El escritor cubano Lamar Schweyer, autor de una Biología de la Democracia, que pretende
entender y explicar los fenómenos de la democracia latinoamericana sin el
auxilio de la ciencia económica, puede ser citado entre estas victimas. Es obvio recordar que esta adaptación de una
técnica científica a temas que escapan a su objeto constituye un signo de
diletantismo intelectual”.
Lamar Schweyer aparece en las páginas de Mariátegui como
caso extremo de aquellos que buscan pensar la política desde conceptos
científicos. Aunque el ensayo de Mariátegui trata sobre el pensador belga
reformista Henri De Man, a quien Mariátegui coloca en el centro del primer
ensayo de Defensa, se puede afirmar
que lo que Mariátegui critica en ambos es la crisis de la autonomía del saber
sociológico y del análisis cultural. Si para Lamar Schweyer la crisis política
se explica a través de la biología y cierto análisis positivista cultural, en
el pensamiento de Henri de Man se explicita, en cambio, a través de un
psicologismo “en boga” que lo lleva a reformar el análisis marxista de la lucha
de clases, y a defender un inconciente colectivo en abstracto. Así, los dos
modelos desplazan lo político a un segundo plano.
También lo que ambos casos dejan entrever, tanto el de
Lamar como el de De Man, no es tanto el eclecticismo epistemológico entre dos
campos del saber (sociología y psicología, política y ciencias naturales), sino
el hecho que Mariátegui, distanciándose del Marxismo economicista de la
ortodoxia, aparece ya como defensor de un marxismo como herramienta necesaria
para el análisis cultural tanto en teoría y como en práctica.
Aunque este primer ensayo tiene como centro el libro Más Allá del Marxismo de Henri De Man,
Mariátegui implícitamente está respondiendo a variantes del revisionismo
marxistas que intentaban responder a la "crisis del marxismo" y su
fracaso histórico luego de la primera guerra mundial con una superación desde
el campo de la ciencia. La solución en cuanto al marxismo no era proponer,
entonces un “más allá” fuera de si, sino una transformación dentro de la teoría
misma que pudiera dar cuenta de sus límites económicos y de ese raro triunfo
revolucionario que, en lugar de verificarse en el seno industrial inglés, triunfa en la Rusia subdesarrollada y semifeudal.
Es difícil saber cuanto y qué pudo haber leído Alberto Lamar
Schweyer del marxismo o de los marxismos latinoamericanos, ya que en ninguna parte
de su obra aparece una reflexión sostenida y coherente sobre el pensamiento de
Marx. Habría que preguntarse también, hasta qué punto su ruptura con los
minoristas se debió, en su momento, a un posicionamiento no solo ideológico,
sino también relacionado con el marxismo que suscribían algunos de los miembros
habaneros. Curiosamente en su carta a José Vasconcelos, Lamar Schweyer utiliza
el referente marxista, en tono de parodia, para distanciarse del minorismo:
“Emilito es un souteneur
del comunismo y del ingenio de los demás. (…) Marx decía yo no solo marxista.
Yo, como él grito, no soy minorista”.
______
Gerardo Muñoz
Octubre de 2012
Princeton, NJ.

2 comments:
Es fascinante comprobar las redes intelectuales latinoamericanas de los años 20, 30 y 40, que podrían reconstruirse a partir de la obra polémica de Lamar Schweyer. Casa raro, este último, de intelectual cubano inmerso en los debates teóricos de su tiempo, sin afiliarse a las plataformas internacionales del liberalismo, el catolicismo o el comunismo.
Hola Rafa, si, me parece que eso es crucial en el caso de Lamar. Fue en realidad un escritor de los margenes, e imposible de pensar dentro de esas conocidas corrientes intelectuales del siglo XX. Estoy en busca de otros interlocutores de Lamar en America Latina. Abrazo,G
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