Friday, November 16, 2012

Rizoma, el fascismo de la patata

En la reciente biografía Gilles Deleuze & Felix Guattari: intersecting lives (2010), François Dosse recoge algunas escenas de las tempranas guerras intelectuales entre Gilles Deleuze y el Alain Badiou. En 1970, según cuenta Dosse, Badiou y Judith Miller llegaron incluso a movilizar brigadas rápidas para intervenir en los seminarios del autor del Anti-Edipo, e interpelarlo con todo tipo de denuncias histriónicas: “Ok Deleuze, todos sabemos muy bien lo que haces aquí, pero solo le hablas a una audiencia enmudecida. ¡Mira a tu alrededor todos tus admiradores que no llegan a decir ni una palabra! ¡Define tu propuesta ante nosotros!”.

La virulencia de los miembros del ala maoísta de la organización Union des Communistes de France Marxiste-Leniniste (UCFML) a lo largo de la década del setenta leyeron el proyecto político deluziano no solo como traición de cierto pensamiento político luego del Mayo 68, sino también como un abandono del principio mismo de la dialéctica y de las formaciones más clásicas cuya matriz política aun se articulaba en las categorías del hegelo-marxismo.

Escrito bajo el seudónimo de George Peyrol, quizás el texto más mas vitriólico escrito por Badiou contra Deleuze fue el que tituló “Le fascime de la ponme de terre” (“El fascismo de la patata”), traducido recientemente al inglés por Bruno Bosteels en la compilación The Adventure of French Philosophy (2012), reseña en la cual criticaba el concepto del rizoma que había sido publicado bajo el mismo nombre la editorial parisina Minuit. El hecho que Deleuze ofreciera un modelo contra los centros y la categorías mismas de la política comunista, como el Partido, la lucha de clases, o la dialéctica, a favor de la constante fluctuación de la multiplicidad y de ciertas “fuerzas deseantes”, resultaba para Badiou una interpretación errada o que no tomaba en cuenta el avance que el Maoísmo había logrado en cuanto al principio mismo de la dialéctica, así como de transformación de las categorías de la organización política y de la lucha de clases.

En principio la crítica de Peyrol partía de cómo Deleuze había malinterpretado el principio de la dialéctica que, en lugar de una culminar en la negación unitaria que sintetiza lo Uno, implica la el movimiento esencial y transversal de lo Uno que se divide en Dos. La articulación del principio de lo Uno que se divide en Dos suponía, para Badiou, un proceso de división y no de transferencia retroactiva hacia lo Uno. La “horticultura” conceptual de Deleuze/Guattari, entonces, habían elegido erróneamente el modelo de ataque: la multiplicidad  o lo “múltiple” no es aquello que la dialéctica unifica en lo Uno, sino el proceso de cisión de toda unidad, que Badiou compara con la lógica leninista del principio de la unidad de los contrarios.

La indeterminación y la multiplicidad rizomática de Deleuze solo podría derivar, seguía Badiou, en un momento de despolitización, o sea, en la negación última de lo Dos que tiene como centro de articulación el antagonismo político, en otras palabras, de la lucha de clases. De esta forma la dispersión, los flujos constantes, la multiplicidad, y la inter-conectividad de ciertos puntos de las líneas de fugas, solo tienden a evitar una dialéctica que los consume de vuelta a un vacío, así el Uno puede reinstalarse en cualquier proceso político para establecer un orden reaccionario.

El argumento de Badiou contra Deleuze, pensado así, pareciera tener una matriz muy parecida al argumento de Ernesto Laclau contra los horizontalismos, en donde toda forma de organización que no esté articulada en una cadena equivalencial puede verse agotada por un significante vacio que, en lugar de generar hegemonía, restituya los principios del status quo institucional.

Para Badiou, quien escribía en la etapa más militante del maoísmo, esta dispersión anti-organizativa en realidad no era nada nuevo, sino que se inscribía en toda una historia del fracaso revolucionario que se inciaba desde la Comuna de Paris hasta - curiosamente en alusión a una derrota contemporánea de los 70 - el golpe militar en Chile contra la Unidad Popular: 

¿Pero qué podemos deducir que esta patata parlamentaria y rizomática? Con un pálido rostro nuestros amigos nos responden: ¡un festival! Sin embargo, la Historia nos dice otra cosa. Sabemos que al menos desde la Comuna de Paris hasta las “convergencias” de las luchas dispersas no son más que preludios del fracaso, la masacre, o la restauración del Uno incluso en sus formas militarizadas. ¡Sectarios del rizoma, recuerden Chile!” 

Sería interesante pensar la razón por la cual Badiou sitúa, en ese arco del fracaso de las luchas dispersas, el golpe contra Salvador Allende, y en qué medida no está igualando el reformismo revolucionario de Estado con las dispersiones deseantes de la inmanencia. ¿No sería el gobierno de Allende una instancia en donde se explicita la división de lo Uno en Dos en tanto la transformación revolucionaria del Estado? En todo caso, parecería que la Unidad Popular estaría más cercana a lo primero, que a un modelo de convergencias sin liderazgos que solo buscan cambiar la figura del árbol (unidad) por la del rizoma (multiplicidad).

Además de la disputa sobre la operación y el movimiento de la dialéctica, se puede decir que al menos hay dos elementos que ocupan un lugar central en la polémica entre ambos filósofos y que el epíteto de “fascista” como recurso retórico termina escamoteando. Primero, la relación con el Estado, y segundo con el Platonismo. Si para Deleuze lo Uno se concentra en la construcción estatal de donde se deriva la dominación, para Badiou el Estado es el origen de la división misma de clase y sitio donde dialécticamente el proceso de división (las contradicciones en el seno del Partido, al decir de Mao) puede instanciar la unidad de lo Uno. En cambio, el platonismo para Badiou lo largo de su proyecto filosófico, es el momento por el cual la filosofía emerge en tanto sus distintas condiciones, mientras que en Deleuze & Guattari implica el esencialismo que fija referencias y modos de significación, diagramas de captura y poder molar territorializado.

En las próximas décadas Badiou matizará su retórica sobre el proyecto deluziano y establecerá un diálogo de vuelta con Deleuze a partir de su libro Deleuze: El clamor del Ser, o en sus reflexiones sobre el libro de El Pliegue sobre la filosofía barroca de Leibniz. El antagonismo entre platonismo e inmanencia, entre el Uno y la multiplicidad, sin embargo, continuarán siendo los dos conceptos que hacen imposible una reconciliación entre las condiciones políticas que se derivan de estos dos inmensos proyectos filosóficos.



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Gerardo Muñoz
Noviembre de 2012
Princeton, NJ.

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