Monday, December 31, 2012

Dos marxismos africanos


Salah Hassan, historiador de la universidad de Cornell, editó recientemente para las ediciones críticas de Documenta 13, dos textos centrales para entender la pluralidad con que ciertas ideas del marxismo fueron articuladas por intelectuales africanos. El primer documento se trata de la carta de renuncia al Partido Comunista Francés que el poeta martiniqués Aimé Cesaire le enviase al líder comunista Maurice Thorez en el mes de Octubre de 1956, a propósito de los crímenes del estalinismo y del sostenido apoyo a políticas imperialistas en Asia. El otro documento trata de la defensa del sudanés Abdel Khaliq Mahgoub leída en 1959 ante la corte militar de ese país, luego de haber sido acusado y finalmente ejecutado por conspirar contra los poderes del Estado.

En la introducción titulada "Cómo liberar a Marx de su eurocentrismo", Hassan apunta que ambos documentos podrían iluminar la manera en que el marxismo en el contexto africano fue interpretado y reelaborado dentro del contexto de las luchas del Tercer Mundo. Esta publicación coincide con un reciente interés tanto historiográfico como teórico por leer a Marx desde las periferias, como lo demuestran el más reciente libro Marx and Freud in Latin America de Bruno Bosteels, Marx at the margins de Kevin Anderson, o las próximas traducciones al inglés del gramsciano argentino José Arico. Menos conocido y estudiado, es cierto, han sido los marxismos africanos y la recepción de estos en el continente y en la diáspora atravesados por los dilemas decimonónicos que el mismo Marx contempló como el nacionalismo y el colonialismo, el desarrollo desigual y el imperialismo, lo subalterno y el campesinado.

Las visiones marxistas de Khaliq Mahgoub y Cesaire, sin embargo, no pudieran encontrarse más distante una de la otra. En la defensa del sudanés "En la virtud del marxismo, su excelencia", el marxismo es articulado como un discurso de la emancipación del colonialismo y como un modelo teórico y práctico de la construcción de la identidad moderna de ese país africano. Defensor del partidismo y traductor de Marxismo y Lingüística de Stalin, Mahgoub, a diferencia de Cesaire, no distinguía entre "particularismo" y "universalismo" en tanto marxismo, sino más bien preconiza la liberación nacional en la medida que esta fuese acompañada de los principios universales e internacionalistas del marxismo-leninismo.

Una de las diferencias entre Cesaire y Mahgoub radicaba, en que mientras la militancia comunista de Cesaire era subsidiaria al Partido Comunista Francés, el autor sudanés de Nuevos Horizontes, estuvo al frente del Partido Comunista de Sudan hasta su ejecución en 1971. De ahí que las respuestas de marxistas, en el contexto colonial, tendrían que estudiase con énfasis en la relación de sus intelectuales con los partidos comunistas fuera y dentro de las periferias.

Khaliq Mahgoub, a diferencia de Cesaire, esgrimía en aquella defensa que el marxismo y el materialismo dialectico no podía aislarse de la historia y la memoria de luchas por la liberación nacional:

"En virtud del marxismo, su excelencia, y en virtud del materialismo dialéctico, su corazón latiente, es que hemos alcanzando a narrar nuestra historia. Una historia que trata de la emancipación  y que de ninguna forma debe ser contaminada por una imaginación enferma y una desesperación exagerada. Esta es la historia de una generación de marxistas que le entregaron la liberación a su pueblo".

Tres años antes, Aimé Cesaire en su carta de renuncia a Thorez, argumentaría lo contrario: el comunismo se había convertido en una de las más "frías abstracciones" en la búsqueda de la unidad entre África y la diáspora caribeña, entre el proletariado y el subalterno de países tercermundistas, a la manera de Alergia, que había recibido la sanción por parte del PC francés. La determinación de clase, para Cesaire, se imponía por encima de toda singularidad étnica o postcolonial. Teóricamente, la renuncia de Cesaire, así como la réplica que había desarrollado en Discurso sobre el colonialismo, inscribía el "universalismo" marxista desde la singularidad nacional o como instancia del sujeto colonial en un universalismo concreto. Así, Cesaire escribía hacia el final de su carta:

"¿Provincianismo? Para nada. No me estoy enterrando en un estrecho particularismo. Pero tampoco quiero perderme en un demacrado universalismo. Hay dos formas de perderse: segregándose en un particularismo o diluirse en un universalismo. Mi concepción de lo universal es lo universal enriquecido por lo particular, un universalismo enriquecido por todos los particularismos: la compenetración y la coexistencia de todos los particularismos".

A estos dos casos de marxismos negros que Hassan ha recogido para ampliar la tradición vinculada a la figura del propio Marx o de las versiones ortodoxas del marxismo soviéticos, también se pudiera incluir al marxista cubano Walterio Carbonell quien, en su Crítica. Cómo surgió la cultura nacional (Ediciones Yaka, 1961), trazaba una genealogía de lucha anti-imperialista desde la rebelión de Aponte de 1815 hasta la Revolución de 1959, colocando en el centro al negro como sujeto supra-histórico de esta lucha de más de un siglo. 

Inmediatamente censurado por el nuevo gobierno revolucionario de Fidel Castro, el discurso marxista de Carbonell había entrado en contradicción con el relato oficial que el fidelismo había construido y que luego se  reafirmará cuando se asumiera en 1961 el carácter comunista de la Revolución. De ahí que ante la sugerencia de Hassan de estudiar la resistencia al marxismo hegemónico desde las periferias, también se pudiera complementar con un estudio de las resistencias de marxismos y marxistas alternativos dentro de los países del Tercer Mundo, como demuestran varias experiencias, como Cuba o Vietnam, donde el socialismo real llegó a triunfar.  

______
Gerardo Muñoz
Enero del 2013
Miami, FL.

1 comment:

Enrique said...

Interesante articulo, te recomiendo este otro sobre aspectos comparativos del socialismo tercemundista.
http://bit.ly/U5vpO8