Saturday, November 24, 2012

Colectivo Situaciones: más allá del 19 & 20

I.


Acaba de ser traducido un libro que ya podemos situar en el anaquel del pensamiento político latinoamericano: 19 y 20: apuntes para un nuevo protagonismo social, escrito en medio de una urgencia política por el Colectivo Situaciones. En realidad me contradigo cuando me refiero a 19 y 20 como “libro”: de lo que aquí se trata es de la potencia de una escritura afectiva que atraviesa un modo de encarar nuevas formas de las políticas horizontales.

Escrito en pleno candor de la crisis argentina del 2001, 19& 20 no es ni panfleto ni manifiesto. 19 & 20 esquiva asiduamente las categorías de la escritura y representación que ha marcado la teoría política al menos desde Rousseau y Marx. En lugar programar un futuro como en el manifiesto o de expresar el malestar como el panfleto, 19&20 interviene en la singularidad concreta y material de un acontecimiento. Producido en el interior de movimientos sociales muy heterogéneos, en los cuales participaron estudiantes y desempleados, grupos artísticos y piqueteros, la escritura de Colectivo supone una división fractal del pensamiento en búsqueda de un devenir de esas nuevas subjetividades que cobraron visibilidad en la proclama destituye ¡qué se vayan todos!

II.

A esa multitud de actores sociales, Colectivo Situaciones dieron el nombre de nuevo protagonismo social. Excediendo las categorías tradicionales por las cuales la izquierda o el académico buscaron leer las ramificaciones del descontento social (proletariado, lumpen-proletario, campesinado), el nuevo protagonismo se instala como un cúmulo de experiencias disimiles que, más allá de estar atravesados por el trabajo, se entrelazan por los flujos afectivos y deseantes. No los une su relación con el trabajo laboral, sino la precariedad que implica estar desempleados. El acto político ya no se define desde la conquista del poder o desde el poder a la imaginación, como en el Mayo del 68, sino como un contrapoder que solo cobra fuerza desde la negatividad de su demanda. La multitud cobra fuerzas políticas como en Bartleby: en la medida en que hace posible el acto desde una negatividad que se instancia en lo actual.  

III.

¿Cómo definir la práctica de Colectivo Situaciones? A lo largo de esta década, se pudiera decir que no han cesado de reflexionar sobre su método: la investigación militante. Al margen del intelectual y el académico, la figura del investigador-militante genera un saber sin un a prior o tabiques internos. Más bien, construye su saber en la inmanencia misma del proceso. La figura del investigador militante es, en este sentido, un lejano pariente de ese “maestro ignorante” que encarna Joseph Jacotot rescatado por el pensador Jacques Ranciere en un momento del debate interno de la izquierda francesa sobre la tensión entre emancipación e intelectuales. El investigador-militante conoce y produce sentidos en la medida que investiga el proceso material de la situación desde su inmersión situacional, aboliendo las jerarquías entre maestro y discípulo que surge de toda distribución desigual del saber.

IV.

Colectivo Situaciones buscan hacer pensable la totalidad desde la particularidad del acontecimiento sin que esto se reduzca a las definiciones de la “micropolíticas” que estuvieron de moda en las lógicas posmodernas de cierto radicalismo político. En este sentido, Colectivo Situaciones son herederos del pensamiento de León Rozitchner, para quien toda transformación de lo universal concreto, siempre supone la transformación subjetiva y material desde la cual se inscriben los actos. Esta capacidad transformadora que emerge en 19 & 20, conceptualizada bajo el signo del nuevo protagonismo desmiente el aclamado fin de la historia anunciado en los noventa por Francis Fukuyama, y tomando el Zapatismo como momento de irrupción de un nuevo tipo de resonancia política en América Latina.   

A la luz de los acontecimientos recientes que van de Túnez a Egipto, de Madrid a New York, el ciclo de movimientos tiene como antecedente en esa cadena global lo que hoy aparece inscrito bajo una fecha y una consigna: 19&20 de Diciembre, ¡Que se vayan todos! Colectivo Situaciones escribe, junto a un sinnúmero de grupos y organizaciones sociales, un texto que vuelve a ser leído hoy con la nitidez de la urgencia de la escritura, sin tampoco prescindir de la complejidad del gesto teórico o del tejido lingüístico. En este sentido, Colectivo Situaciones debe ser leído a la par de grupos como Tiqqun, Wu Ming, o Mar Traful, donde teoría y práctica se disuelven en el momento de construir un pensamiento político-teórico desde la temporalidad presente.

V.

Ahora bien, ¿cómo pensar ese después que ya se anuncia luego 19 & 20 con la llegada del kirchnerismo en Argentina y de los nuevos gobiernos de la marea rosada en el Continente? ¿Hay futuro para el nuevo protagonismo en el 21? Colectivo Situaciones ha respondido a esta situación como el momento del impasse, donde a su vez la política tampoco ha sido absorbida o neutralizada por los aparatos del Estado: “El antagonismo no ha desaparecido. Ha sido conducido a la polarización, pero a la vez ha sido diseminado en el fango y la promiscuidad, al punto de jugarse como posibilidad en cada situación. De allí, entonces, que podamos insistir con el valor propiamente político de los colectivos (mayor cuanto más inadecuado a la discursividad ambiente) que rehúsan disolverse en el sentido común articulado en el proceso polarizador” (Inquietudes en el Impasse).

VI.

19 & 20 aparece en un momento político en donde los movimientos sociales discuten su futuro, en especifico, el pasaje hacia nuevas formas de pensar los procesos constituyentes (en cierta medida, este ha sido el tema de Declaración, el más reciente libro de Michael Hardt & Antonio Negri). Si el destello que signó el 2001 (¡que se vayan todos!) se sostuvo por el gesto destituyente, la formulación constituyente (¡no, nosotros nos quedaremos!), pareciera estar hoy más presente en las discusiones. De ahí también que la traducción de 19 & 20 no pase exclusivamente por la lengua, sino entre el cambio estratégico de los ciclos temporales que envuelven a los movimientos sociales y a sus desiguales subjetividades en cada situación concreta. 

La presencia de Colectivo Situaciones en Estados Unidos y la puesta en circulación del 19&20, abre canales de transmisión sobre estas experiencias singulares y obliga a la recuperación de enseñanzas que, a distintos ritmos, han venido marcando la reciente historia de los nuevos protagonismos.


_____
Gerardo Muñoz
Noviembre de 2012
Princeton, NJ.

Friday, November 16, 2012

Rizoma, el fascismo de la patata

En la reciente biografía Gilles Deleuze & Felix Guattari: intersecting lives (2010), François Dosse recoge algunas escenas de las tempranas guerras intelectuales entre Gilles Deleuze y el Alain Badiou. En 1970, según cuenta Dosse, Badiou y Judith Miller llegaron incluso a movilizar brigadas rápidas para intervenir en los seminarios del autor del Anti-Edipo, e interpelarlo con todo tipo de denuncias histriónicas: “Ok Deleuze, todos sabemos muy bien lo que haces aquí, pero solo le hablas a una audiencia enmudecida. ¡Mira a tu alrededor todos tus admiradores que no llegan a decir ni una palabra! ¡Define tu propuesta ante nosotros!”.

La virulencia de los miembros del ala maoísta de la organización Union des Communistes de France Marxiste-Leniniste (UCFML) a lo largo de la década del setenta leyeron el proyecto político deluziano no solo como traición de cierto pensamiento político luego del Mayo 68, sino también como un abandono del principio mismo de la dialéctica y de las formaciones más clásicas cuya matriz política aun se articulaba en las categorías del hegelo-marxismo.

Escrito bajo el seudónimo de George Peyrol, quizás el texto más mas vitriólico escrito por Badiou contra Deleuze fue el que tituló “Le fascime de la ponme de terre” (“El fascismo de la patata”), traducido recientemente al inglés por Bruno Bosteels en la compilación The Adventure of French Philosophy (2012), reseña en la cual criticaba el concepto del rizoma que había sido publicado bajo el mismo nombre la editorial parisina Minuit. El hecho que Deleuze ofreciera un modelo contra los centros y la categorías mismas de la política comunista, como el Partido, la lucha de clases, o la dialéctica, a favor de la constante fluctuación de la multiplicidad y de ciertas “fuerzas deseantes”, resultaba para Badiou una interpretación errada o que no tomaba en cuenta el avance que el Maoísmo había logrado en cuanto al principio mismo de la dialéctica, así como de transformación de las categorías de la organización política y de la lucha de clases.

En principio la crítica de Peyrol partía de cómo Deleuze había malinterpretado el principio de la dialéctica que, en lugar de una culminar en la negación unitaria que sintetiza lo Uno, implica la el movimiento esencial y transversal de lo Uno que se divide en Dos. La articulación del principio de lo Uno que se divide en Dos suponía, para Badiou, un proceso de división y no de transferencia retroactiva hacia lo Uno. La “horticultura” conceptual de Deleuze/Guattari, entonces, habían elegido erróneamente el modelo de ataque: la multiplicidad  o lo “múltiple” no es aquello que la dialéctica unifica en lo Uno, sino el proceso de cisión de toda unidad, que Badiou compara con la lógica leninista del principio de la unidad de los contrarios.

La indeterminación y la multiplicidad rizomática de Deleuze solo podría derivar, seguía Badiou, en un momento de despolitización, o sea, en la negación última de lo Dos que tiene como centro de articulación el antagonismo político, en otras palabras, de la lucha de clases. De esta forma la dispersión, los flujos constantes, la multiplicidad, y la inter-conectividad de ciertos puntos de las líneas de fugas, solo tienden a evitar una dialéctica que los consume de vuelta a un vacío, así el Uno puede reinstalarse en cualquier proceso político para establecer un orden reaccionario.

El argumento de Badiou contra Deleuze, pensado así, pareciera tener una matriz muy parecida al argumento de Ernesto Laclau contra los horizontalismos, en donde toda forma de organización que no esté articulada en una cadena equivalencial puede verse agotada por un significante vacio que, en lugar de generar hegemonía, restituya los principios del status quo institucional.

Para Badiou, quien escribía en la etapa más militante del maoísmo, esta dispersión anti-organizativa en realidad no era nada nuevo, sino que se inscribía en toda una historia del fracaso revolucionario que se inciaba desde la Comuna de Paris hasta - curiosamente en alusión a una derrota contemporánea de los 70 - el golpe militar en Chile contra la Unidad Popular: 

¿Pero qué podemos deducir que esta patata parlamentaria y rizomática? Con un pálido rostro nuestros amigos nos responden: ¡un festival! Sin embargo, la Historia nos dice otra cosa. Sabemos que al menos desde la Comuna de Paris hasta las “convergencias” de las luchas dispersas no son más que preludios del fracaso, la masacre, o la restauración del Uno incluso en sus formas militarizadas. ¡Sectarios del rizoma, recuerden Chile!” 

Sería interesante pensar la razón por la cual Badiou sitúa, en ese arco del fracaso de las luchas dispersas, el golpe contra Salvador Allende, y en qué medida no está igualando el reformismo revolucionario de Estado con las dispersiones deseantes de la inmanencia. ¿No sería el gobierno de Allende una instancia en donde se explicita la división de lo Uno en Dos en tanto la transformación revolucionaria del Estado? En todo caso, parecería que la Unidad Popular estaría más cercana a lo primero, que a un modelo de convergencias sin liderazgos que solo buscan cambiar la figura del árbol (unidad) por la del rizoma (multiplicidad).

Además de la disputa sobre la operación y el movimiento de la dialéctica, se puede decir que al menos hay dos elementos que ocupan un lugar central en la polémica entre ambos filósofos y que el epíteto de “fascista” como recurso retórico termina escamoteando. Primero, la relación con el Estado, y segundo con el Platonismo. Si para Deleuze lo Uno se concentra en la construcción estatal de donde se deriva la dominación, para Badiou el Estado es el origen de la división misma de clase y sitio donde dialécticamente el proceso de división (las contradicciones en el seno del Partido, al decir de Mao) puede instanciar la unidad de lo Uno. En cambio, el platonismo para Badiou lo largo de su proyecto filosófico, es el momento por el cual la filosofía emerge en tanto sus distintas condiciones, mientras que en Deleuze & Guattari implica el esencialismo que fija referencias y modos de significación, diagramas de captura y poder molar territorializado.

En las próximas décadas Badiou matizará su retórica sobre el proyecto deluziano y establecerá un diálogo de vuelta con Deleuze a partir de su libro Deleuze: El clamor del Ser, o en sus reflexiones sobre el libro de El Pliegue sobre la filosofía barroca de Leibniz. El antagonismo entre platonismo e inmanencia, entre el Uno y la multiplicidad, sin embargo, continuarán siendo los dos conceptos que hacen imposible una reconciliación entre las condiciones políticas que se derivan de estos dos inmensos proyectos filosóficos.



_____
Gerardo Muñoz
Noviembre de 2012
Princeton, NJ.

Saturday, November 3, 2012

Un escritor cubano en la literatura Nazi

En la novela experimental La literatura nazi en America, una suerte de catálogo infame que Roberto Bolaño compone de escritores vinculados con el nazismo o la ultra-derecha, figura tan solo un escritor de nacionalidad cubana llamado Ernesto Pérez Masón (Matanzas 1908-Nueva York, 1980).

Es curioso notar que, a diferencia de los muchos autores del Cono Sur o de México que figuran en todo el libro, sea éste el único nazi cubano que Bolaño haya podido integrar al diccionario imaginario del horror. Contra los que pensarían que se trata de una escasez, creo que esta biografía da cuenta del ingenio literario de Bolaño  por realmente hacer un diccionario americano que abarque los lugares más recónditos, y menos conectados con un vínculo estrictamente histórico con el fascismo o el nazismo. Fascismo en Literatura Nazi pasa por muchos espacios, y puede ser muchas veces tanto la excentricidad como el racismo, lo maldito como lo abyecto.

Como en buena parte de los escritores que figuran en este museo de escritores infames, Bolaño construye los personajes a partir de sus contradicciones, y el cubano Ernesto Pérez Masón no es una excepción. A lo largo del libro cuesta entender si el catalogo se trata de escritores afiliados a una ideología nazi, o si se trata, por contrario, de la manera en que la ideología nazi pasó por muchos lugares a la vez volviendo un significante vacío, en un simple afecto del escritor moderno.

Por ejemplo, se nos dice que en 1930 escribió el relato “Sin Corazón”, bajo la influencia de Kafka, aunque en realidad fue un autor que cultivó estilos tan disímiles como el decadentismo, el realismo socialista, y luego una novela de exilio Don Juan en la Habana, publicada desde luego en Miami en 1979, y a su vez en contra los “anti-castristas” [sic] del exilio cubano. Sin embargo, durante la Revolución, y es quizás la parte más humorística de su biografía, fue un opositor del Castrismo que escribió la novela La Sopa de los Pobres (1965):

“…en donde, en un impecable estilo que hubiera aprobado Sholojov, narra los sufrimientos de una familia numerosa de La Habana de 1950. La novela consta de quince capítulos. El primero comienza: “Volví la negra Petra…”; el segundo: “Independiente, pero tímida y remisa”; el tercero: “Valiente era Juan”; el cuarto: “Amorosa, le hecho los brazos al cuello…” Pronto salta el censor avispado. Las primeras letras de cada capitulo componen un acróstico: VIVA ADOLF HITLER. El escándalo es aun mayúsculo. Pérez Masón se defiende despectivo: se trata de una coincidencia. Los censores se ponen manos a la obra; nuevo descubrimiento, las primeras letras de cada segundo párrafo componen otro acróstico: MIERDA DE PAISITO. Y las de cada tercer párrafo: QUE ESPERAN LOS US. Y la de cada cuarto párrafo: CACA PARA USTEDES” (p.62)

Bolaño  también imagina que Pérez Masón reta varias veces a Lezama a un duelo a muerto, y que mantuvo una cordial amistad con Virgilio hasta que mostrara su antipatía tanto por los comunistas como por los homosexuales. Una vez en el exilio, funda una revista del Grupo de escritores arios cubanos, y escribe una “novelita” pornográfica, con Eisenhower y Patton como personajes principales, con el fin de agredir a los “exiliados cubanos”.

Más allá de los obvios disparates y contradicciones que contiene esta biografía imaginaria, tan solo con estos detalles es posible entender lo presente que Bolaño  tenía ciertas categorías y temas de lo cubano, como la polaridad Lezama/Virgilio, contrarrevolución y censura, realismo socialista y escritura experimental, exilio cubano identificado exclusivamente con Miami o el personalismo autoritario de Fidel Castro. Pérez Mason es un aleph de los puntos que conectan las subjetividades y las experiencias de los últimas cinco décadas cubanas.

Aunque no sería productivo pensar en un modelo para pensar el personaje que imaginó Bolaño, si conviene anotar que quizás a lo que apunta el caso de Pérez Masón, así como el de muchos de los otros escritores pro-nazis, son las marcadas contradicciones en la creación de un escritor en relación con la política. Se puede pensar el catolicismo origenista que deviene en una especie de estética de la pobreza irradiante durante la Revolución, o en el caso excepcional del precoz escritor Alberto Lamar Schweyer, quien pasó del ser miembro del Grupo Minorista a jefe de propaganda durante la dictadura de Gerardo Machado, convirtiéndose en un pensador anti-imperialista, y a la vez en patriota, en contra de la inmigración española, como explicita su olvidado libro La crisis del patriotismo (1929). Lo que pudiera parecer a simple vista un gesto pantagruélico de Bolaño, cobra sentido si comprobamos lo mucho que la relación entre poética y política encuentra se definen en tanto su indeterminación en constante aporía.

El final que da cierre a la biografía de Masón, hace pensar si por nazismo también Bolaño no  estuviese pensando a la manera en que los críticos ordenan y militarizan el canon, desde valores que quizás implican, en la estructura misma de ese orden, un arte violento de la exclusión: “El Diccionario de Autores Cubanos (La Habana, 1978) que ignora a Cabrera Infante, sorprendentemente recoge su nombre”.


_____
Gerardo Muñoz
Octubre de 2012
Princeton, NJ.