Monday, December 31, 2012

Dos marxismos africanos


Salah Hassan, historiador de la universidad de Cornell, editó recientemente para las ediciones críticas de Documenta 13, dos textos centrales para entender la pluralidad con que ciertas ideas del marxismo fueron articuladas por intelectuales africanos. El primer documento se trata de la carta de renuncia al Partido Comunista Francés que el poeta martiniqués Aimé Cesaire le enviase al líder comunista Maurice Thorez en el mes de Octubre de 1956, a propósito de los crímenes del estalinismo y del sostenido apoyo a políticas imperialistas en Asia. El otro documento trata de la defensa del sudanés Abdel Khaliq Mahgoub leída en 1959 ante la corte militar de ese país, luego de haber sido acusado y finalmente ejecutado por conspirar contra los poderes del Estado.

En la introducción titulada "Cómo liberar a Marx de su eurocentrismo", Hassan apunta que ambos documentos podrían iluminar la manera en que el marxismo en el contexto africano fue interpretado y reelaborado dentro del contexto de las luchas del Tercer Mundo. Esta publicación coincide con un reciente interés tanto historiográfico como teórico por leer a Marx desde las periferias, como lo demuestran el más reciente libro Marx and Freud in Latin America de Bruno Bosteels, Marx at the margins de Kevin Anderson, o las próximas traducciones al inglés del gramsciano argentino José Arico. Menos conocido y estudiado, es cierto, han sido los marxismos africanos y la recepción de estos en el continente y en la diáspora atravesados por los dilemas decimonónicos que el mismo Marx contempló como el nacionalismo y el colonialismo, el desarrollo desigual y el imperialismo, lo subalterno y el campesinado.

Las visiones marxistas de Khaliq Mahgoub y Cesaire, sin embargo, no pudieran encontrarse más distante una de la otra. En la defensa del sudanés "En la virtud del marxismo, su excelencia", el marxismo es articulado como un discurso de la emancipación del colonialismo y como un modelo teórico y práctico de la construcción de la identidad moderna de ese país africano. Defensor del partidismo y traductor de Marxismo y Lingüística de Stalin, Mahgoub, a diferencia de Cesaire, no distinguía entre "particularismo" y "universalismo" en tanto marxismo, sino más bien preconiza la liberación nacional en la medida que esta fuese acompañada de los principios universales e internacionalistas del marxismo-leninismo.

Una de las diferencias entre Cesaire y Mahgoub radicaba, en que mientras la militancia comunista de Cesaire era subsidiaria al Partido Comunista Francés, el autor sudanés de Nuevos Horizontes, estuvo al frente del Partido Comunista de Sudan hasta su ejecución en 1971. De ahí que las respuestas de marxistas, en el contexto colonial, tendrían que estudiase con énfasis en la relación de sus intelectuales con los partidos comunistas fuera y dentro de las periferias.

Khaliq Mahgoub, a diferencia de Cesaire, esgrimía en aquella defensa que el marxismo y el materialismo dialectico no podía aislarse de la historia y la memoria de luchas por la liberación nacional:

"En virtud del marxismo, su excelencia, y en virtud del materialismo dialéctico, su corazón latiente, es que hemos alcanzando a narrar nuestra historia. Una historia que trata de la emancipación  y que de ninguna forma debe ser contaminada por una imaginación enferma y una desesperación exagerada. Esta es la historia de una generación de marxistas que le entregaron la liberación a su pueblo".

Tres años antes, Aimé Cesaire en su carta de renuncia a Thorez, argumentaría lo contrario: el comunismo se había convertido en una de las más "frías abstracciones" en la búsqueda de la unidad entre África y la diáspora caribeña, entre el proletariado y el subalterno de países tercermundistas, a la manera de Alergia, que había recibido la sanción por parte del PC francés. La determinación de clase, para Cesaire, se imponía por encima de toda singularidad étnica o postcolonial. Teóricamente, la renuncia de Cesaire, así como la réplica que había desarrollado en Discurso sobre el colonialismo, inscribía el "universalismo" marxista desde la singularidad nacional o como instancia del sujeto colonial en un universalismo concreto. Así, Cesaire escribía hacia el final de su carta:

"¿Provincianismo? Para nada. No me estoy enterrando en un estrecho particularismo. Pero tampoco quiero perderme en un demacrado universalismo. Hay dos formas de perderse: segregándose en un particularismo o diluirse en un universalismo. Mi concepción de lo universal es lo universal enriquecido por lo particular, un universalismo enriquecido por todos los particularismos: la compenetración y la coexistencia de todos los particularismos".

A estos dos casos de marxismos negros que Hassan ha recogido para ampliar la tradición vinculada a la figura del propio Marx o de las versiones ortodoxas del marxismo soviéticos, también se pudiera incluir al marxista cubano Walterio Carbonell quien, en su Crítica. Cómo surgió la cultura nacional (Ediciones Yaka, 1961), trazaba una genealogía de lucha anti-imperialista desde la rebelión de Aponte de 1815 hasta la Revolución de 1959, colocando en el centro al negro como sujeto supra-histórico de esta lucha de más de un siglo. 

Inmediatamente censurado por el nuevo gobierno revolucionario de Fidel Castro, el discurso marxista de Carbonell había entrado en contradicción con el relato oficial que el fidelismo había construido y que luego se  reafirmará cuando se asumiera en 1961 el carácter comunista de la Revolución. De ahí que ante la sugerencia de Hassan de estudiar la resistencia al marxismo hegemónico desde las periferias, también se pudiera complementar con un estudio de las resistencias de marxismos y marxistas alternativos dentro de los países del Tercer Mundo, como demuestran varias experiencias, como Cuba o Vietnam, donde el socialismo real llegó a triunfar.  

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Gerardo Muñoz
Enero del 2013
Miami, FL.

Friday, December 28, 2012

Diez libros cubanos del 2012


(*Publicado originalmente en PD) Diez títulos cubanos no todos necesariamente publicados durante el 2012: cinco libros publicados este año y otros cinco títulos que pudiéramos llamar textos de archivo, es decir, libros casi olvidados pero que merecerían ser releidos. La velocidad editorial sumada con las novedades temáticas nos exige, tal y como sugería Antonio Gramsci, leer en dos tiempos: desde un pasado que busca colocarse en la discusión del presente, y desde un presente que recupere las inscripciones del pasado. Aquí, entonces, una lista que propone un recorrido en esas dos direcciones. 



1. La máquina del olvido: mito, historia y poder en Cuba (Taurus, 2012), de Rafael Rojas. El más reciente libro del historiador y ensayista cubano reúne ocho ensayos publicados en los últimos tres años. Interviniendo en diversas zonas del saber, como pueden ser el análisis constitucional, la cultura popular, la historia intelectual, y la nueva historiografía cubana, la unidad central de estos textos es la crítica de los dispositivos discursivos que han articulado el relato oficial de la historia cubana en los últimos cincuenta años. De los ocho ensayos, habría que resaltar "Soledad Constitucional" y "El Derecho de Nacer". En el primero, el lector encontrará una investigación en la esfera de los estudios constitucionales, donde se pueden repensar las diferencias entre Cuba y  la nueva gobernabilidad latinoamericana. En el segundo, el elemento de la cultura popular se coloca en el centro de una discusión más amplia sobre la construcción de la comunidad letrada cubana a partir del concepto de inmunidad del pensador italiano Roberto Esposito. Estos ensayos se leen como una serie de hipótesis de trabajo o como puntos de partidas para investigaciones futuras. La Máquina del olvido es, en este sentido, una radiografía del algunos de los síntomas que, en los últimos años, han venido articulando el espacio de la cultura cubana.

2. Che en Miami (Aduana Vieja, 2012), de Néstor Díaz de Villegas. Escrito con un inusual aliento épico y una desmesurada fuerza verbal, Che en Miami se instala como el gesamtkunstwerk de la poética de Néstor Díaz de Villegas. La obra de Díaz de Villegas hasta el momento se había articulado en dos registros disímiles. Por una parte un registro que trabaja con las zonas bajas del espacio urbano de Miami (El estrangulador de Flagler Street, Vicio en Miami, Cuna del pintor desconocido), y por otra, la que ha trabajado personajes históricos (Héroes, Por el camino de Sade) como alegorías instantáneas de la revolución y la historia. Este largo poema sobre Guevara puede leerse como una síntesis de estas dos líneas que hasta el momento habían trazado la cartografía de su poética. En Che en Miami asistimos a una convergencia entre esos dos registros, a partir de una poca conocida anécdota de la juventud de Guevara en Miami que echa andar una cosmovisión delirante, un aparato antropofágico que se nutre de no pocos registros poéticos y mitologías urbanas. Capaz de producir malestar en más de un frente ideológico, este poemario es sin lugar a dudas la obra más compleja hasta el momento de uno de los grandes poetas cubanos vivos, y un raro duelista literario de nuestro tiempo.

3. Discurso de la madre muerta (Baile del Sol, 2012), de Carlos A. Aguilera. La más reciente obra del autor de Retrato de A. Hooper y su esposa, traduce la experimentación con el lenguaje poético al espacio teatral de los gestos. Discurso de la madre muerta puede ser leída a un primer nivel como una alegoría de la guerra civil en la cual habitamos a partir de un juego de espejos que convergen en la figura de la madre. El tratamiento de esta figura recuerda a obras como El frasquito de Luis Guzmán o El apando de José Revueltas, donde la fuerza del lenguaje libera la referencialidad y abre un espacio para el acto poético. Así, Aguilera continua el proyecto deconstrucionista que había comenzado desde los años de Diáspora(s): potenciar el habla desde los límites del lenguaje, hacer del delirio uno de los modos de operatividad política de la literatura. Fantasmal y trastocada por no pocas resonancias del Este, esta obra de teatro puede ser leída también como una escenificación de la escritura en el instante en que ésta ha perdido su lugar central. En esta obra, como en sus previos poemarios, encontramos a un gran escritor experimental y político en medio del hechizo de su escritura.

4. El caso PM: cine, poder, y censura (Editorial Colibrí, 2012), edición a cargo de Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas. Medio siglo nos separan del "affair PM" y de "Palabras a los intelectuales" en la Biblioteca Nacional. Esta antología, a cargo de los cineastas Manuel Zayas y Orlando Jiménez Leal, ofrecen hasta el momento la visión más completa sobre lo sucedido con el cortometraje más glosado de la historia del cine cubano. Además de incluir entrevistas y ensayos críticos de Néstor Díaz de Villegas y Antonio José Ponte, Rafael Rojas y Fausto Canel, Emmanuel Vincenot, Manuel Zayas y Vicente Echerri, el volumen también incluye largos fragmentos de las conversaciones de la Biblioteca Nacional, así como la Ley N.589 y las actas oficiales de censura al documental. Aunque el libro persigue la exhaustividad, sorprende que el libro no incluya importantes ensayos sobre P.M escritos por el ensayista Duanel Díaz Infante y el crítico de cine Juan Antonio García Borrero. Al margen de estas ausencias, este libro podrá servir como un importante documento para una historia de la censura cultural en Cuba, así como una imprescindible antología para estudiantes del cine cubano.  

5. Visions of Power: Revolution, Redemption, and Resistance, 1959-1971 (University of North Carolina Press, 2012), de Lillian Guerra. Producto de una larga y minuciosa investigación en varios archivos de Cuba y de sostenidas entrevistas con actores políticos del proceso revolucionario, el libro de la historiadora cubana-americana Lillian Guerra es sin duda alguna el estudio más completo sobre la primera década de la Revolución Cubana y los modos en que el "fidelismo" fue construido a partir de antagonismos y batallas internas (algunos de los capítulos se ocupan de la UJC, el ICAIC, la Reforma Agraria, la Zafra de los 10 Millones, entre otros). Contra algunas líneas historiográficas que han afirmado que la consolidación del castrismo tuvo lugar a causa de la coyuntura de la Guerra Fría o del diferendo con los Estados Unidos, Guerra demuestra, a lo largo de los diez capítulos del libro, que el castrismo necesitó de la representación y de una nueva cultura política basada en una moral política para construir la homogenización y el consenso total de la nueva sociedad revolucionaria. Visions of Power, contra el relato de la historia oficial, así como la tesis de la revolución traicionada por parte del exilio histórico, propone entender el "fidelismo" dentro de una dinámica de resistencia y redención en el interior del proceso. Publicado en la serie "Envisioning Cuba" de la University of North Carolina Press, impera que esta magnífica reconstrucción historiográfica se traduzca pronto al español.

6. Nosotros (Editorial Trópico, 1933), de Regino Pedroso. Censurado tras su publicación y puesto a la venta por error en una de las vitrinas de El Encanto, la primera edición de Nosotros tiene cierta mitología dentro de las letras cubanas. Una rueda de industria y un brazo de un trabajador adornan la portada y anuncian la temática social. Aunque ya hacia finales de la década del veinte, el poema "Salutación fraterna al taller mecánico", había sido publicado en la revista Atuei, órgano cubano del APRA, este poemario de 1933 reúne una decena de la poesía social de Pedroso, así como una autobiografía que puede ser leída como el ars poética del compromiso letrado con la causa de la emancipación del proletariado. Como Wifredo Lam o Severo Sarduy, en Pedroso la identidad china aparece como elemento central en la descolonización de la cultura cubana. Poemas como "Salutación al camarada culi" y "El heredero" prefiguran, dentro del universo del agitprop proletario, poemarios como El ciruelo de Yuan Pei Fu. Poemas chinos. Leído a la par de sus contemporáneos latinoamericanos - Nicolás Guillen, Pablo Neruda, Cesar Vallejo - el compromiso político de Nosotros es meramente referencial, una apuesta aclamada en el aire, un gesto que no logra escapar de los ecos poéticos del modernismo. Releemos Nosotros consientes de que la vanguardia cubana de los veinte y treinta se encuentra en otra parte.

7. Francia en la trinchera (Cárdenas, 1940), de Alberto Lamar Schweyer. Injustamente olvidado luego de su ruptura con el Minorismo y su giro político hacia la derecha, Francia en la trinchera fue el último libro publicado por Lamar Schweyer en una editorial menor luego de su regreso a Cuba. Sin llegar a las cien páginas, este libro reúne los artículos que Lamar Schweyer escribiera desde Francia para la prensa cubana durante los meses antes de la invasión alemana. Leído equivocadamente por algunos críticos cubanos como una defensa del fascismo, Lamar en estos artículos reivindica y exalta la espiritualidad francesa como frente de batalla de la cultura occidental Occidente amenazada tanto por el Nacional Socialismo como por el comunismo soviético. Lo que si detecta a lo largo del libro es la idea de necesidad de una dictadura, tal y como lo había esbozado en Biología de la democracia (1927), con el propósito de establecer el orden y la legitimidad frente a una enemigo, así que escribía: “…la dictadura no es un mal. La dictadura es el único sistema de gobierno en momentos de peligro nacional, cuando no se pueden perder horas en polémicas porque el enemigo toca a la puerta". Por el lugar que ocupa dentro de la historia intelectual latinoamericana, Lamar Schweyer merecería ser reeditado y más estudiado por quienes se interesan por el pensamiento latinoamericano de la primera mitad del siglo veinte.

8. Moral burguesa y revolución (Procyon, 1963), de León Rozitchner. Originalmente publicado en la Revista de la Universidad de la Habana como producto de una serie de conferencias impartidas en esa institución, Moral Burguesa y Revolución es un libro que expone las contradicciones morales que encarnaban los invasores de Playa Girón. Desde un aparato marxista ortodoxo, Rozitchner investiga, a partir de las declaraciones emitidas por los miembros de la Brigada 2506 en la televisión cubana, las antinomias de la moral burguesa y la eticidad revolucionaria entendidas a partir del concepto de totalidad. Aunque Moral Burguesa y Revolución nunca se publicó en Cuba, algunos podrán recordar fragmentos en Memorias de Subdesarrollo (1968) de Tomas Gutiérrez Alea (en efecto, el ejemplar que Sergio Corrieri compra en una librería habanera en el filme, es la edición argentina de Procyon de 1963). La obra de teatro de Hans Magnus Enzenberger sobre el mismo tema, El interrogatorio de La Habana, es en realidad un plagio escenificado de este comentario filosófico. Moral Burguesa y Revolución fue el segundo libro del pensador freudo-marxista que solo ahora, después de su muerte, ha comenzado a reeditarse en la Argentina por la Biblioteca Nacional. Moral Burguesa, al margen de la ideología que se suscriba, debería ser leído y colocado en discusión cubana intelectual tanto dentro como fuera de la isla.

9. Diario de Brigadista, Cuba 1961 (Lumen Editorial, 2010), de José Agustín. Publicado recientemente por Lumen casi medio siglo después, el diario del mexicano José Agustín suma a la copiosa bibliografía existente de los fellow-travellers de la Revolución Cubana. Con tal solo diecisiete años, y ya casado con Margarita Dalton, hermana de Roque, José Agustín da testimonio de la experiencia de la alfabetización desde adentro: los andares con los campesinos y militares, las lecturas y la música, los tonos del habla que el mexicano detecta entre los cubanos. A lo largo de estos apuntes, José Agustín va marcando un territorio donde la indisciplina, lo jocoso, y la fiesta están más presentes que la imagen militarista y la vocación vertical que el relato oficial cuenta de aquellos primeros años. De ahí que aparezcan a lo largo de sus anotaciones burlas risueñas a los discursos kilométricos Fidel Castro o a las comparecencias de Guevara. “Somos la brigada Mamado Boyítez” - escribe en una parte.  Los chistes van dando el ritmo de un diario light. En otro momento: "¿Qué es el capitalismo? La explotación del hombre por el hombre. ¿Y el socialismo? La explotación del hombre por el Caballo. Juar, Juar". Diario de brigadista es también el laboratorio de lo que será en los próximos años al escritura contracultural de Agustín: el gusto por las zonas bajas de la cultural, el rock, las políticas del goce y del cuerpo. En una entrevista que da cierre al libro, Agustín confiesa que en algún momento en La Habana lo habían llamado "bitongo" por andar con un par de discos de rock. Su obra nunca ha sido publicada en la isla.

10. Diario en Cuba (Universidad Autónoma de Puebla, 1976), de José Revueltas. Menos conocido que otros de los fellow-travellers de los primeros años de la Revolución, el mexicano José Revueltas escribió un brevísimo diario durante su visita a La Habana en 1961. Invitado por la ICAIC para colaborar en el proyecto de varios guiones junto a Jorge Fraga, el diario de Revueltas acumula algunas de las instantáneas recurrentes de la escritura de los fellow-travellers: la intensidad de las actividades laborales, la vigilancia miliciana en cada esquina, la transformación "moral" que forjó la Revolución en apenas un par de años. Quizás el momento más memorable del diario sea una discusión con Joaquín MacGregor, donde Revueltas intenta reconciliar la teoría foquista de la Revolución Cubana con el Partido Leninista: "Yo le sostengo que la experiencia cubana no invalida la teoría leninista del partido. Joaquín no comprende que la teoría del partido y el partido mismo n son sino una expresión de las leyes del conocimiento...centralismo democrático". Leninista, expulsado del PCM, ideólogo del 68 mexicano, escritor presidiario de Lecumberri y defensor de una un nuevo tipo de dialéctica que llamó en sus últimos años "democracia cognoscitiva", José Revueltas, como buena parte de los marxistas latinoamericanos críticos del comunismo soviético, resultó incómodo para la cultura revolucionaria cubana. (Años más tarde,  en efecto, se distanciaría de Cuba a causa del caso Padilla). En el 2010 por primera vez se editó en Cuba su novela Los días terrenales. Este diario cubano de Revueltas es una raro documento que puede ser de interés tanto para quienes se interesan por la historia del cine de los 60, así como para quienes buscan añadir otra pieza a la colección de viajeros amigos de la Revolución.  


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Gerardo Muñoz
Diciembre del 2012
Miami, FL.

Wednesday, December 19, 2012

Gris es toda teoría



En el diario de prisión comenzado luego de la ocupación del ejercito en la Ciudad Universitaria de México, el escritor José Revueltas tituló algunos fragmentos bajo el título "gris es toda teoría", fragmento de una cita más larga que podemos encontrar en el Fausto de Goethe ("gris es toda teoría, verde es el árbol de oro de la vida"). Asociar a la teoría o el pensamiento filosófico con el color gris pone de relieve la oposición entre pensamiento y vida, ofreciendo así un comentario en torno a los límites políticos, existenciales, y concretos de una actividad que siempre pareciera menor al lado de la política concreta de las prácticas de la lucha revolucionaria. Se puede pensar, sin embargo, que toda teoría es de color gris porque el pensamiento siempre ha estado subordinado o al margen de las luchas políticas, por lo cual ese color vendría a nombrar la zona de incompatibilidad entre la teoría y la práctica, concepto y cuerpo, plasticidad y estructura.

Adorno's Grey (2012), la más reciente exhibición de la cineasta y teórica alemana Hito Steyerl en el espacio de e-flux de New York, trabaja los grises del pensamiento desde una anécdota circunscrita a la vida docente del filósofo Theodor Adorno. En la mitología que auratiza la figura del autor de la Dialéctica Negativa, se comenta que Adorno mandó a pintar, hacia finales de los sesenta, el salón de aula de color gris con el solo propósito de atizar aun más la concentración de sus avispados alumnos de su curso de filosofía estética. En un video de unos 14/15 minutos, Steyerl documenta a varios restauradores que, como forenses de la historia intelectual, descascaran la pared con el cuidado de bisturíes y espátulas en búsqueda de la capa de pintura gris con la cual se habría cubierto la última aula del profesor Ted.

Aunque los forenses no logran dar con el mítico color gris, queda la interrogante de porque Adorno habría escogido el gris, en lugar de otro color monótono. Pintado íntegramente de gris el espacio de la galería, Steyerl repite el mismo gesto adorniano, aunque ya no en una clase de filosofía, sino en una blackbox de arte contemporáneo. El efecto es completamente el opuesto: el tono gris de las paredes no logra garantizar la concentración del espectador del documental, sino que añade un elemento que nos distrae de la pantalla, y que nos provoca teorizar sobre la naturaleza y sensación casi fenomenológica de ese color.  

Si para Adorno como para Revueltas el gris es el vestido de la teoría, Hito Steyerl contrapone esta anécdota a otra mucho más célebre, y que a su vez le da entrada al comentario político. En 1969, mientras impartía su clase, dos jóvenes militantes irrumpieron en el salón con sus senos expuestos. Adorno corrió fuera del aula y según sus biógrafos, esta clase probablemente haya sido la última de la vida docente del filosofo antes de retirarse a su casa para escribir su inconclusa Teoría Estética, publicado póstumamente.

La salida abrupta de Adorno frente a una féminas parcialmente desnudas es la perfecta imagen del desencuentro entre la teoría neo-marxista y las militancias juveniles de la contracultura de los sesenta y setenta. El gris de Adorno, a diferencia del que profesaba Revueltas, no solo se colocaba en oposición a una práctica política de los deseos, sino que justamente era la única entrada al mundo mismo del pensamiento. Uno pudiera decir que para Adorno todo pensamiento necesitaba gris para comenzar a entender los movimientos y tonalidades de la dialéctica y lo universal; el gris recluye lo concreto de eso que Arendt llamó la vida interna de la mente. Esas dos imágenes - la arqueología de un color y la procelosa salida de una clase - dan cuenta de la carencia de una filosofía del sujeto por parte del filósofo de Fráncfort, una contradicción que excede más allá de la típica aporía entre teoría y práctica.

Adorno's Grey, al igual que muchas otras de las obras de Hito Steyerl (November 2004, In Free Fall 2011), interviene desde la representación artística con el fin de problematizar la distancia sinuosa entre teoría y acción. De modo que esta obra no busca exponer el desencuentro de un pensador, sino todo lo contrario; sugerir que en el gris de toda teoría se encuentra en la acción misma, en la potencia de una radicalización que Hito Steyerl ubica no solo en el espacio epistemológico del arte, sino en las manifestaciones y protestas sociales de la crisis política del capitalismo. 

Así, Adorno's Grey concluye con una entrevista a uno de los protestantes de "Book Bloc" quienes utilizaron libros del pensamiento radical (Dialéctica Negativa incluida) como escudos en uno de los enfrentamientos en Berlín contra la policía. En esta instancia simbólica, la teoría toma las calles, deviene en armamento contra el orden establecido, comienza a interrogar los límites entre pensamiento y cuerpo, entre tiempo de lectura y tiempo de acción. El binomio gramsciano entre optimismo de la voluntad y pesimismo del intelecto quedan obliterados en una misma puesta en escena.

Habría que recordar que en Filosofía del Derecho Hegel también evocaba un "gris de grises" para llamar la atención sobre ese momento previo de la filosofía ante el arribo de la oscuridad. Tal vez en esta pieza Steyerl ha buscado una tonalidad dentro del mismo gris que supone la teoría y el verde que emana la acción: moverse entre el espectro de esos dos colores es un ideal de toda composición en el compromiso de la actividad político-intelectual.

Sin renunciar al gesto teórico que signa Adorno, la pieza de Hito Steyerl pudiera ser leída como un comentario a movimientos sociales que reniegan la teoría o que entienden el activismo atravesados binarismos tradicionales. La zona gris tendría que ver con ese pasaje combinatorio y sucesivo entre dos funciones cambiantes y temporales disímiles: la que exige la potencia de un pensamiento por una parte y la que elabora los conceptos en medio de un acontecimiento político por otra. En sus diarios, Wittgenstein confesó que le parecía pertinente pensar en un imposible "gris luminoso". La luz de este gris es palpable también en este último proyecto de Hito Steyerl, por la cual la singularidad de una metáfora cromática se traduce a los confines concretos que definen al acto político.


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Gerardo Muñoz
Diciembre del 2012
Princeton, NJ.