Wednesday, January 9, 2013

Aponte y los orígenes de la revolución

En los primeros años de la Revolución Cubana, esto es, aquellos que van desde el triunfo de 1959 hasta la Primera Declaración de La Habana, los orígenes ideológicos de dicho proceso estaban aún por definirse. En lugar de las hagiografías que circularían más tarde, como pueden ser Revolución en la Revolución de Regis Debray o los muchos panfletos con discursos y citas del Comandante Fidel, este período estuvo marcado por contenciones culturales y políticas que articularon una disputa sobre los orígenes intelectuales de la Revolución. 

El vacío que produjo ese fenómeno que Sartre llamo una revolución sin ideología en Huracán sobre el azúcar, rápidamente se convirtió, en términos de Ernesto Laclau, en un significante vacío por el cual convergieron tradiciones nacionalistas y marxistas, anti-imperialistas y social-demócratas. Tal vez el menos conocido de todos los esfuerzos por dar sustento historiográfico y teórico a la Revolución liderada por Castro en la Sierra y el Movimiento 26 de Julio en el llano, provino de círculos de intelectuales negros.

En Crítica: Como surgió la cultura nacional (Yaka, 1961), el intelectual y antiguo miembro del Partido Comunista Cubano (PSP) Walterio Carbonell, argumentó a contrapelo de la historiografía republicana y colonial (Luz y Caballero, Saco, Ortiz) que los orígenes de la lucha que culminaban en 1959 había que trazarlo en las primeras rebeliones de la primera mitad del siglo XIX. En un discurso que recuerda el gesto iconoclasta por borrar la pluralidad de la historia y de sus actores, Carbonell cifraba como momento originario de lucha la rebelión del conspirador Aponte en 1812 y las sublevaciones que se opusieron al sistema colonial español. Como ha argumentado recientemente la historiadora Lillian Guerra en su Visions of Power (UNC, 2012), discursos como el de Walterio Carbonell articularon la idea de una "Revolución con pachanga", es decir que la de misma manera que la rebeliones del siglo XIX habían puesto de cabeza a las estructuras sociales y económicas de dominación, la Revolución Cubana había enfrentado a un nuevo tipo de neo-colonialismo, y que solo ahora tenía la oportunidad de situar al negro cubano como protagonista de esa historia.

El comentario Crítica como surgió la cultura nacional fue rápidamente censurado por las autoridades revolucionarias y sacada de las librerías. Menos que la idea de la genealogía que ataba los dos puntos en común - Aponte en 1812 y el triunfo revolucionario de 1959 - lo que seguramente resultó incomodo al fidelismo de aquellos años fue la manera en que para Carbonell el racismo seguía fomentándose en la isla, sin ser acatado como uno de los dilemas, así como la alfabetización o el problema de la tierra, de la nación. Como recuerda Carlos Moore en su autobiografía, fidelistas negros como Walterio Carbonell rápidamente se percataron que Fidel Castro y el nuevo gobierno revolucionario reproducían los viejos prejuicios de las capas medias de la República, y que el discurso en torno a la raza, cuando surgía, tenía como corolario algún tipo de beneficio símbolo para las capas políticas.

Menos conocido que el libro de Carbonell, en el mismo año 1959 se publica El negro: el ciudadano del futuro escrito por Juan René Betancourt, Presidente de la Federación Nacional de Sociedades Negras. Este libro que reunía un cumulo de artículos publicados en revistas como Bohemia o el periódico Revolución dirigida por Carlos Franqui, también hacía un llamado a la integración política entre el sujeto negro y la historia de la Revolución. Al igual que Carbonell, Betancourt, en un discurso marxista, indicaba la rebelión de Aponte como punto origen de la Revolución, pero a diferencia suya, superponía la organización política del discurso marxista de enfrentamiento con un devenir negrita de la ciudadanía revolucionaria:

"Los negritas no estamos avergonzados de la raza, ni de nuestras tradiciones ni de la cultura de nuestros antepasados. Para nosotros nuestra organización clasicista es lo primero. No hay partido político, ni secta religiosa ni institución de ningún otro orden que tanga para nosotros mas importancia que ella. Compañero hacerse negristas es la palabra de orden".

Ensalzar teleológicamente la conspiración de José Antonio Aponte con la lucha de Fidel Castro en la Sierra Maestra daba un sustento moral y irrevocablemente histórico, imposible de ser cuestionado, al triunfo de la Revolución de 1959. Así, por la naturaleza misma de la Revolución como proceso ideológicamente vacío, los mecanismos simbólicos rapidamente se apropiaron de las diversas tradiciones intelectuales para justificar y de esta manera legitimar los orígenes intelectuales del fidelismo. De esta manera el discurso del negrismo cubano en los primeros años articuló el mito del nacionalismo retroactivo como punto originario y transcendente de la significación histórica de 1959.


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Gerardo Muñoz
Enero de 2013
Princeton, NJ.

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