Thursday, January 31, 2013

Un Guevara heterodoxo



En la edición de Julio-Agosto de 1981 apareció en la legendaria revista Le Temps Moderne dirigida por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir un número íntegramente dedicado a la Argentina titulado Argentine: entre populisme et militarisme. Con tal solo mirar el título de ese número no es difícil que la idea monográfica estuvo a cargo de escritor e intelectual David Viñas, exiliado por entonces en la capital francesa.

Al igual que en los años de Contorno, Viñas explotó los recursos del seudónimo para insertar artículos, comentarios, y notas suyas bajo el nombre de Antonio J. Cairo. Escritores e intelectuales como León Rozitchner, Juan José Saer, Beatriz Sarlo, Osvaldo Bayer, y Noé Jitrik, se ocuparon de temas no solo literarios, sino también sobre exilio y psicoanálisis, militarismo y religión, peronismo y cultura obrera. Uno de los textos breves más sorprendentes de los que escribió Viñas para ese dossier fue sin dudas el poco conocido - y hasta donde sé no reproducido en ninguna de las antologías posteriores que Viñas editara sobre cultura y literatura en América Latina - sobre Ernesto Che Guevara. 

Titulado "Che Guevara: ese argentino heterodoxo", esta nota se instala en una serie de textos, como la reescritura a lo largo de los años de Literatura y Realidad Política hasta el ensayo sobre las hipótesis de trabajo sobre un teatro latinoamericano, en los cuales Viñas analiza críticamente la figura del guerrillero cercado en Bolivia. En este texto Viñas no solo da cuenta del "fracaso" del guevarismo, sino que también esboza un biografema de su encuentro con el propio Che durante una de sus visitas a Cuba, a quien describe, en términos intelectuales, como cruce entre un surrealista y un sartreano, entre un descubridor militar a la manera de Díaz del Castillo y un rufián italiano en la estirpe de soliti ignoti. Esta reconstrucción del personaje vendría a ocupar una larga de lista de semblanzas de Guevara que ya podemos pensarla como una antología de un personaje épico de la saga guerrillero latinoamericana. Por su breve extensión, recupero a continuación el texto en su integridad. 

"Cuando llegué al Caribe por primera vez, en 1958, el vocativo "Che" designada a los rufianes argentinos que traficaban en las costas venezolanas y colombianas. Compatriotas un tanto insignificante y taciturnos. Un año mas tarde, la misma apelación me reconciliaba con mi origen argentino. En 1960, conocí a Guevara, hablamos de Cuba, de Argentina, del tango, de un libro de Omar Viole titulado Cabalgando en su silbido, de los negros, de la Reforma Universitaria, de Deodoro Roca, de Córdoba, y de la ausencia de puntualidad. Si debiera sinterizar lo que sentí entonces, llegaría a decir que "tenía algo de un surrealista espontaneo devenido en sartreano". Percibía, detrás de las entonaciones trágicas y contenidas, las huellas del joven seductor de buena familia a la que había pertenecido.

            Alguien dijo un día: "Si en la Antigüedad, la tragedia se representaba bajo la mirada de los dioses, la tragedia moderna, en cambio, se manifiesta en la proximidad de la muerte".

            Por cierto, si leo y releo el Diario del Che en Bolivia, tengo la impresión de encontrarme freten a una vertiginosa mezcla de Bernal Díaz del Castillo  y de "I soliti ingoti". Las razones de lo que se ha llamado "el fracaso", al menos habría que buscarlas en una elección errónea con la realidad concreta boliviana y hasta en una serie de incertidumbres ocultadas por un sentimiento de omnipotencia. 

            En ese sentido, la oscilación que fue de la exaltación ciega, aun grosera, del Che por sus "éxitos" a su "condenación" por los acontecimientos de la última etapa, es absolutamente indecente y desalentadora. No responde más que a las leyes del mercado. Pero en los años 60, era imposible salvar la imagen del Che de ese espacio gigantes y abrumador. 

            Ahora, más allá de la anécdota y de los orfeones, de los pastiches y de las efemérides, de las sórdidas insipideces o de los fervores demasiados fáciles, quiero rendir homenaje a un hombre nacido y formado en una Argentina que lo incomodaba. Y deseo recordar aquí una reflexión de lo mismo Guevara: "Si el comunismo ignora los hechos de la conciencia, bien podrá ser un método de repartición pero nunca una moral revolucionaria". 


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Gerardo Muñoz
Enero del 2013
Princeton, NJ.

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