Saturday, March 30, 2013

La simpatía cubana de Albert O. Hirschman

En estos días acaba de publicarse la excelente biografía intelectual Worldly Philosopher: The odyssey of Albert O. Hirschmann (Princeton, 2013), escrita por el historiador Jeremy Adelman de la Universidad de Princeton. En una prosa atrevida y de gran fuerza, esta voluminosa biografía de más de setecientas páginas reconstruye la vida del sociólogo, economista, y pensador político Albert Hirschman, uno de los itinerarios intelectuales más maravillosos del pasado siglo.


Judío asimilado de la República de Weimar, estudiante exiliado de economía en las universidades británicas, militante republicano durante la Guerra Civil Española, partícipe en varios proyectos desarrollistas en países latinoamericanos como Colombia, República Dominicana, Argentina o Chile, Hirschman encarna desde su propia biografía, la heterogeneidad y pluralismo que su pensamiento siempre supuso para pensar realidades tan distintas como pueden ser el fascismo y el pensamiento conservador, las fundaciones del capitalismo y el comunismo, o las acciones colectivas locales (grassroots) que tanto le llamaron la atención en algunas comunidades latinoamericanas. Como intelectual crítico, Albert Hirschman dio un paso más allá - paso que, hasta donde sé solo él ha ejecutado de la misma manera - puesto que en uno de sus últimos libros A Propensity to Self-Subversion (1998), asumió las críticas de sus críticos e incluso tuvo la valentía de señalar muchas otras que otros ni llegaron a articular.

En lo que conciernan los capítulos sobre América Latina en la biografía de Adelman, es muy interesante el breve recuento entre la relación de Hirschman con la Revolución Cubana. Aunque es cierto que ya en su libro Exit, Voice, and Loyalty echaba mano a la experiencia cubana y a Fidel Castro para ejemplificar la supresión de la voz y la positividad de la salida, Adelman cuenta como desde un comienzo Hirschman tuvo pocas simpatías con la Revolución Cubana de 1959, confirmada concretamente con la visita de Fidel Castro a Naciones Unidas en el otoño de ese mismo año.

Según Adelman: "El escepticismo de Hirschman se confirmó cuando conoció a Felipe Pazos, un demócrata e influyente economista cubano". Y aunque Adelman nos advierte que "we can only speculate about how much Pazos told Hirschman" (p.366), podemos conjeturar que desde ese momento el fidelismo, tal y como la analizado recientemente la historiadora Lillian Guerra, no tuvo un punto de inflexión con el diferendo norteamericano, sino que desde un comienzo tuvo legitimidad en el personalismo de una figura en donde convergían simultáneamente la redención, la nación, y el Estado. 

Podemos imaginar Felipe Pazos comentando no el hecho que la Revolución Cubana daría un paso hacia la sovietización insular, sino justamente que este proceso pondría bajo sospecha el pluralismo político y el disenso, así como el avance hacia un desmantelamiento de las instituciones democráticas y económicas de la isla. Como reformista y escéptico de la grandes empresas estatales radicales, Hirschman probablemente ya veía venir lo que rápidamente desembocó en la crisis de Octubre, la Ofensiva Revolucionaria, o la colectivización de la Reforma Agraria. Hirschman no se equivocó, ya que una vez que Felipe Pazos llegara a la Habana fue inmediatamente acusado de traición, despedido de su cargo en el nuevo gobierno, y según Hirschman, acusado a paredón por el propio Raúl Castro.  

No obstante, Hirschman siempre tuvo simpatías con la realidad cubana y con el devenir social, económico, y político de la isla caribeña. Aunque es lamentable no poder encontrar otras referencias sobre Cuba en la extensa biografía de Adelman, quienes lo recuerdan, como su amigo, el intelectual y profesor Arcadio Díaz Quiñones, aseguran que hasta el final de su vida, el autor de La retórica de la reacción, se interesó por la manera en que los cubanos vivían día a día, en sus formas cotidianas que muchos cubanos refieren como la "resolvedera". 

El mismo Díaz Quiñones, en lo que sin duda es uno de los mejores ensayos escritos sobre Cuba desde el interior de la academia norteamericana, "Cuba: salida...y voz?", escrito luego de su regreso de la isla en 1994, logra pensar los cambios económicos y sociales del Período Especial a través de las dos categorías clásicas del pensamiento de Hirschman. En realidad este ensayo, luego reunido en El arte de bregar: ensayos (2003), fue escrito como "reporte cubano de última hora" a su amigo y residente en Princeton, Albert O. Hirschman. 

En su relación con la Revolución Cubana, la posición de Hirschman fue también excepcional, ya que se distanció del desencanto y de binarismos ideológicos, de fantasías felices o de retóricas lanzadas por proyectos del Estado. Su simpatía cubana quizás radicaba en algo más simple: en entender como los de abajo podían generar formas de saber, legítimas y prácticas, a la dominación impuesta por el Estado, sin que tampoco esto subscribiera una defensa ciega del neo-liberalismo. Su pensamiento sigue siendo actual para pensar Cuba en conjunto con la compleja realidad continental y caribeña de América Latina.

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Gerardo Muñoz
Marzo de 2013
Princeton, NJ.

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