Wednesday, August 7, 2013

Laclau, kirchnerismo, e intelectuales


Los que hace unos días asistimos a la presentación del cuarto número de la revista Debates & Combates que dirige el filósofo Ernesto Laclau, pudimos percibir un cierto tono de la discusión intelectual argentina. Decimos un « cierto tono » y desde ya eso abre una franja para una explicación. Debates & Combates se presenta como una « revista teórica » pero en realidad es otra cosa. Podríamos definirla como un espacio de convergencia de peronistas y populistas, pero también como núcleo de lo que representa hoy el espacio de mayor radicalización del intelectual comprometido con el modelo kirchnerista. Esto abre fisuras en el interior mismo del campo intelectual argentino. Si tradicionalmente se ha leído al grupo Carta Abierta como “núcleo fuerte” del intelectual orgánico, con Debates y Combates se abre un tercer espacio que desplaza al grupo de González a un plano mucho más trenzado en distintos recuadros de la tradición nacional-popular.   

Debates & Combates discute desde dos registros: una jerga propia de los avances teóricos del populismo de Laclau, y por otro, desde una comitiva intelectual que, junto a Ricardo Forster que hoy ha devenido en intelectual-candidato del Frente Para la Victoria, asume una posición claramente verticalista en cuanto al kirchnerismo entendido bajo el signo del « cristinismo de Estado», parafraseando al latinoamericanista John Kraniauskas.

Uno pudiera decir que Carta Abierta ha sido y sigue siendo un grupo « orgánico » del kirchnerismo, sin embargo el contraste no pasa meramente por el lugar de la filiación. Tanto los lenguajes como los modos discursivos suelen ser distintos. Si para González y algunos otros de Carta Abierta, el kirchnerismo es una « palabra provisoria » para un frente político futuro, en Debates & Combates, el análisis del discurso teórico, sacado a pinceladas de Hegemonía y Estrategia Socialista, pone en práctica el binario de populismo sobre kirchnerismo como modo irresoluble y único de la condición política nacional. 

La única distancia de Laclau frente al kirchnerismo se da en momentos cuando - como es posible de constatar en varias de sus entrevistas en los últimos años - explica que el Kirchnerismo aún no ha logrado articular una identidad política propia que divida la sociedad en un frente de interpelaciones contra el poder. Bajo esa tesis mecanicista, Laclau acompaña el kirchnerismo con su presencia de Filósofo-Rey, más al estilo platónico de La República que del maquiavelismo de El Príncipe.

El contenido de la revista verifica esta impresión. Debates & Combates, a diferencia de Carta Abierta que aglutina singularidades intelectuales de distinta índole, es una revista abiertamente escrita sobre y desde Laclau. Los artículos teóricos, así como las reseñas de libros nuevos, son principalmente estudios sobre Laclau o incorporan las « enseñanzas del Maestro » como discurso único para el análisis del tema en cuestión. En la sección de entrevistas, también, es Ernesto Laclau quien ocupa el lugar del entrevistador a un personaje latinoamericano (en este último número al Presidente Rafael Correa, pero en la serie televisiva, Laclau estuvo a cargo de entrevistar a varios pensadores de la izquierda como Toni Negri, Etienne Balibar, o su propia esposa Chantal Mouffe). Monotemático y repetitivo, Debates & Combates, más que una revista de análisis de las contradicciones que atraviesan la compleja realidad latinoamericana, funciona como base operativa que tiene de un lado la teoría populista de Laclau y por otro, varios actores que se intentan acomodar dentro de esa rúbrica. Su objetivo no es "investigar", sino "comprobar". Recortar la realidad y solo luego pensar. Dificil recordar otro caso en donde el contenido de revista refleje tan claramente los signos y desos de su director.

Aunque si bien empleando un puñado de términos teóricos que seguramente son ajenos a muchos, Debates & Combates parece también funcionar, dentro de la constelación intelectual argentina, como una zona mucho más accesible que el intrincado lenguaje de Carta Abierta. En los últimos meses, en efecto, varios intelectuales y personalidades el mundo televisivo, han acusado al director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, de portar una prosa oscura y barroca. González, quien en su momento salió a enfrentar el relato en gestión de un "papado-peronista" defendido por el gobierno, discute desde una lengua que recoge no solo las tradiciones del nacionalismo-popular (Jauretche, Scalabrini Ortiz, Arregui), sino que también ha subrayado en varios momentos las importancia de una expansión de la tradición teórica y política hacia zonas del socialismo y las izquierdas continentales. 

La amplitud de ese proyecto se explicita en las reediciones que ha avanzado la editorial de la Biblioteca Nacional, o en el espacio cultural Museo de la Lengua que dirige Maria Pía López. Allí pareciera que la intelectualidad más sólida del kirchnerismo comienza a marchar a destiempo del robusto personalismo de Estado. Es decir, si el kirchnerismo hoy parece consolidarse exclusivamente sobre la figura de Cristina Kirchner sin horizonte hacia ningún candidato posible para las elecciones del 2015, los intelectuales de la Biblioteca han podido construir un espacio de mucha más complejidad y densidad en sus modos de intervención. De ahí que tal vez el impacto de Carta Abierta sea menor que lo que Debates & Combates pueda llegar a hacer en los próximos números.

El regreso de Laclau a la Argentina – como me han confirmado varios intelectuales y conocidos – no ha causado mayor transformación, aunque si pudieran leerse desplazamientos en el campo intelectual. Por una parte, el lugar de Carta Abierta, para bien o para mal, queda corrido hacia otra parte. Mientras que figuras públicas que en un primer momento ocuparon el trono del Filósofo-Rey, como José Pablo Feinmann, han quedado relegados a segunda división. Laclau es sin lugar a dudas, el pensador argentino de mayor prestigio, y su apoyo al kirchnerismo le da una visibilidad más allá del espacio nacional. La frase que se repite en varias ocasiones: “Hay que latinoamericanizar a Europa” – da la medida del puente que Laclau busca construir entre la política nacional y el espacio más amplio de su interlocución europea o en los estudios culturales académicos.

En los últimos dos años han sido publicados varios libros sobre la dimensión cultural del kirchnerismo. La audacia y el cálculo de Beatriz Sarlo, Kirchnerismo: una controversia cultural de Horacio González,  El Estado Posnacional: kirchnerismo y anti-kirchnerismo de Pablo Hupert, y más recientemente La anomalía kirchnerista de Ricardo Forster. Aunque cada uno de estos libros interviene en la discusión de diversos modos, con mayor o menor entonación, lo que ha quedado claro es que el kirchnerismo es quizás hoy el proceso político latinoamericano que ha despertado mayor interés en sus consolidaciones simbólicas y construcciones culturales. 

Ni en Bolivia, Venezuela, o Ecuador, cultura y política juegan un papel tan central como lo que puede seguirse hoy en la Argentina (tal vez solo México es comparable). Esto quizás no responda a una especificidad kirchnerista – aunque sin duda, Néstor Kirchner y ahora Cristina han sido influyentes en la construcción de símbolos culturales – sino más bien que la esencia peronista es, como ha mostrado Jon Beasley-Murray, una efectiva máquina para la sustitución de Estado por cultura.

Dentro de este nuevo populismo peronista es difícil articular un “tercer espacio”, en cuanto al campo intelectual se refiere. Lo popular, en efecto divide hoy a la intelectualidad, más allá de la ideología o de sus tradiciones políticas. Viñas y Rozitchner quizás fomentaron una fina línea entre una crítica de insubordinación a los aparatos culturales oficialistas, sin del todo abandonar una zona del campo de lo popular. Pero fallecidos ambos, ese espacio ha entrado en crisis. La nueva revista Ideas de Izquierda, dirigida por Christian Castillo y Eduardo Gruner entre otros, pasan por el espacio de una recuperación de una izquierda cuya ruta política es bastante incierta y fragmentada. Otras, como Políticas de la Memoria, que dirige Horacio Tarcus del CeDinCi, tienen un interés principalmente filológico.

Otras propuestas visibles sea dan desde el lado de militantes que acompañaron la revuelta del 2001 y que hoy, desde una zona micropolítica, buscan articular un espacio crítico que dé cuenta de la asimetría entre un poder constituido desde arriba, y formas moleculares, participativas, e informales que habitan abajo como se proponen los espacios LoboSuelto y Clinamen que dirige Diego Sztulwark. Lo que si es bastante visible es que en este resurgimiento de lo que sería un "quinto peronismo" (expandiendo sobre la conocida tipología de Alejandro Horowicz), se desborda un espacio intelectual articulado en buena parte por el debate intelectual, que ha encontrado cierta formula para acortar la distancia entre las palabras y la política.


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Gerardo Munoz
Agosto de 2013
Buenos Aires, AR.

Monday, August 5, 2013

El último Viñas: archivo y restos



Prontuarios y rúbricas truncas, garabatos en tinta roja y planes de alguna clase dictada en la Universidad de Buenos Aires. El archivo de David Viñas puede leerse de dos formas alternas, aunque complementarias: como unidad de restos ("desperdicios", los llamó en un ensayo una vez el crítico Daniel Link para comentar los elementos de sus obras), y como baúl de proyectos futuros. Al igual que Macedonio Fernández, o que José Martí, el archivo de Viñas es voluminoso en proyectos futuros que nunca se concretaron, o que el tiempo, siempre preciso, no dejó concretarlos. Como me había alertado Ricardo Piglia en algún momento sin equivocarse, en sus últimos años David tuvo la rara persistencia de escribir algo así como la 'historia moderna de la literatura latinoamericana'. Ya en su momento había escrito algo sobre Rómulo Gallegos. Y algunos recordamos sus antología crítica sobre Bolivar.

En efecto, en algunas carpetas de ese archivo que ahora guarda la Biblioteca Nacional de la Argentina, gracias a la gestión de dos de sus más próximos amigos, María Pía López y Horacio González, puede encontrarse apuntes en forma de 'esqueleto' de un programa "general" para una "Literatura y Política en América". Proyecto benjaminiano en curso no solo por su esfuerzo totalizante, sino también, quizás, por la copiosa y por momentos enigmática estructura de formular los problemas y los nombres propios. Junto a la escritura, las formas visuales: notas de colores, subrayados, y enumeraciones, van dando un contorno de la imagen inacabada que pudiera haber tomado aquel proyecto. Trabajados, como en todo Viñas, sobre un tema y una figura que lo encarna. A contrapelo de modismos estructuralistas, Viñas defendió desde temprano una epistemología de la unidad entre obra y autor.


Pareciera que Viñas persiguió atentamente la idea de volver sobre proyectos 'totales', o al menos sobre hipótesis de trabajos que excedían, quizás a en contraste de su labor intelectual desde la década del 50, el espacio simbólico de lo nacional. Si desde Los dueños de la tierra y Literatura Argentina y Realidad Política hasta Cuerpo a Cuerpo y Menemato y otros suburbios, la literatura de Viñas se traza sobre el cuerpo de lo nacional como problematización contra el orden burgués y las grandes jefaturas del poder (sea la aristocracia, el cuerpo militar, o el nuevo poder económico), el último trayecto de esa serie estuvo caracterizado por lo que pudiéramos llamar una "internacionalización de las temáticas". 


Solo retrospectivamente uno pudiera leer ese rasgo que solo se vuelve visible una vez que se verifica la materialidad ya presente de una "obra" en archivo, es decir, cuando una obra que ha sido concluida. Sabemos que en el centro de las preocupaciones de David - ese amplio registro que el dio la franja de "literatura" y "política" en tono sartreano, pero que en realidad esconde formalmente el mejor Bachelard y Lukacs - el desplazamiento, el viaje, y la fisura, develan una preocupación sobre mutaciones supranacionales que hoy conocemos bajos otros nombres más sofisticados como "literatura global", "regionalismo hemisférico", o "mundos literarios". Contra un historicismo cerrado o el aglomerado de redes globales, Viñas previó que en la formacion de toda materialidad literaria tiene como suelo la base misma del desplazamiento, del gesto post-soberano, de lo que, en su fraseología, el llamó el "revés de trama". 


Quienes vuelvan sobre las páginas del primer tomo de Literatura y Realidad Política, esa especie de libro infinitivo escrito a lo largo del tiempo, comprobará la función analítica del desplazamiento y el desmarque en la hipótesis que Viñas trazaba sobre los "autoritarismos literarios" en la configuración de la ciudad letrada. ("Ciudad Letrada" que, por cierto, Viñas fue el primero en articular concretamente como operación política en la literatura latinoamericana, adelantándose y probablemente influyendo al más conocido crítico uruguayo Ángel Rama). Repetido hasta el agotamiento en varios "lugares", sabemos que el autor de Dar la cara definió la relación con lo político como la organización de la ciudad

Se pudiera decir que todos sus libros - e incluso las novelas, las obras de teatro, y algunos de los cuentos - están apoyados sobre esa base primaria, en donde la formacion discursiva, la unidad del enunciado del escritor, se pone sobre el entramado del contexto de un espacio histórico. Avisado 'escritor heterodoxo', Viñas no solo adelanta varias de hipótesis que hoy se encuentran instaladas sobre el estudio de la política y literatura, sino que también tempranamente urdió en el espacio de la "frontera de lo nacional", o lo que hoy llamamos "subalterno", para escribir el injustamente olvidado libro Indios, Ejercito, y Frontera.


Justamente, Horacio González, quien probablemente sea uno de sus interlocutores más brillantes desde su regreso del exilio en la década del 80, refiere este libro como una contribución a un debate futuro sobre el post-colonialismo. Debate que, sin dudas convendría revisar, sobre todo a partir del reanimado interés por el post-colonialismo, la subalternidad, y el marxismo, como propuestas abiertas a un nuevo latinoamericanismo. Viñas no descartó ninguna de las tres propuestas, e incluso en su narrativa (ya que tengo para mí que su escritura se hilaba a partir del ensayo y solo desde ahí era posible habitar otros géneros), no se dificulta en trazar las coordenadas para una lectura marxista, subalterna, o post-colonial. Trabajando con los "restos" excluidos de la hegemonía estatal e incorporándooslo desde una formalización "materialista", el mundo literario de Viñas construye un raro cruce entre un marxismo heterodoxo (en época, donde la ortodoxia seguía siendo una posibilidad influyente, como es posible de ver en los libros de Juan Carlos Portantiero o Hector Agosti sobre el realismo), en coyuntura de una ampliación del mundo popular y capilar, con sus voces altisonantes, y materiales inconexos que experimentaban e intensificaban la producción de un "realismo dialéctico", como él alguna vez lo llamó. Un escritor que, como Melville o Lawrence, estudiados por Gilles Deleuze, reúne en un mismo tejido la relación contradictoria de la inmanencia de la vida y la materialidad de la letra. 


Otro de sus últimos proyectos - del cual no se encuentra nada en el archivo, lamentablemente - fue la fundación de una revista que tenía como título tentativo "Rodolfo". Al igual que aquellas notas de "literatura y política de América", Rodolfo pretendía ser no solo un homenaje a un amigo muerto (el escritor Rodolfo Walsh), muy en sintonía con el revival de Walsh en la Argentina a propósito del antagonismo con la prensa, sino también la extensión continental de lo que en su momento fue la revista Contorno que, en la década del 50 junto con Ismael, Sebreli, Rozitchner y otros, colocó la articulación de sociedad y política en el centro del debate cultural argentino. Rodolfo, tomando como nombre propio uno de los tantos fantasmas de la cultura argentina, se ponía en servicio de la nueva "realidad política latinoamericana". Claro está, 'realidad' en Viñas nunca es meramente la posibilidad de un reflejo dado en la eventualidad de un coyuntura, sino más bien el tejido que atraviesan las contradicciones que se materializan en modos concretos de la producción cultural y discursiva. 


Desafiando una polarización permanente generada en el interior de la sociedad argentina a partir de la llegada de Néstor Kirchner en el 2003, Viñas se proponía apostar hacia una radicalización del otro proyecto que diera lugar a un permanente diálogo con las realidades heterogéneas de las nuevas gobernabilidades latinoamericanas. Como explicitan sus últimas colaboraciones en Página/12, Viñas veía que la "vanguardia política" no se hacía bajo el gobierno "K" de Néstor y Cristina, sino aun bajo el lema anti-imperialista de Correa en Ecuador o Chávez en Venezuela. Esto puede que hable además de su visión "americanista", de su coherente línea anti-peronista que va marcando su obra desde el relato anti-eva-peronista "Esa Señora", parafraseando el concepto de John Kraniauskas, hasta su famosa exclamación "yo no soy K!" en alguna de las entrevistas en medios nacionales. 

Como punta crítica de la intelectualidad argentina, Viñas representó cierto malestar hacia el ala kirchnerista de la intelectualidad (en principio Carta Abierta, que surge en la Biblioteca Nacional luego de la 125 que generó el conflicto del gobierno con el campo), como quedó demostrado en una carta reciente de Eduardo Gruner hace un par de días, en donde da cuenta como algunos actos "oficiales" aun hoy incluyen su nombre, contra toda verdad, como miembro fundador del grupo "Carta Abierta". Tampoco hay que situarse en el presente para comprender el intento de apropiación simbólica de Viñas por parte del grupo intelectual kirchnerista. En el que quizás sea el mejor libro sobre el kirchnerismo cultural, Kirchnerismo: una controversia cultural (Colihue, 2011), el ahora director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, escribe lo siguiente en la sección dedicada a la recepción del gobierno en el campo intelectual: 


"Cuanto hubiéramos querido que a Viñas le hubiera gustado más lo que tan trabajosamente se presenta ahora ante la reflexión política! Cuanto hubiéramos querido que lo que políticamente se presenta ahora hubiera hecho más esfuerzos para reconocer lo que implicó una vida literaria como la de Viñas! Pero no podía ser, porque su biografía intelectual era un desafío, el más fuerte que pudiera imaginarse, a las configuraciones rutinarias de la cultura nacional. Viñas, el novelista que tomaba el lengua en una serie que iba desde su amoroso nido de víboras en la conciencia profunda hasta la interjección dislocadada; Viñas, el ensayista que escribía sus temas convirtiendo el dialogo con los escritos que criticda en un monólogo interior donde flotaba la voz del otro renovada y a veces redimida, es hoy uno de los nombres que permite abrir el canon nacional de los intelectuales que hoy podemos considerar en la esfera de una discusión..." (p.136). 


Al igual que León Rozitchner, Viñas se distancia del kirchnerismo, no por un voluntarismo que favorece la autonomía intelectual frente a la cooptación de una organicidad gramsciana que opera en todos los populismos, sino más bien como respuesta que organiza un frente a la problematización de un modelo nacional que encontraba sus límites al ser constatado en la "realidad concreta" - diría el mismo David - de la nueva configuración geopolítica latinoamericana. Su decisión intelectual, sin reversos ni manchas, tiene su correlato en la propia obra tardía que se propuso escribir y de la cual hoy solo quedan restos. 


Otro de esos restos, quizás el más trabajado y de posible publicación para el interés de los estudiosos en algún momento, es el trabajo sobre el escritor decimonónico Lucio V. Mansilla, cuyo contrato Viñas había firmado desde el año 2000 con la editora Adriana Hidalgo (con el provisorio título, Mansilla: entre Rosas y París) por una bajísima suma de dinero. Escrito y planeado a lo largo de los años, con la inquietud de quien lee los trabajos sobre el personaje (hay varios ensayos en ingles, francés, y castellano sobre Mansilla anotados por él), Mansilla pudiera haber sido leído como la biografía intelectual de un letrado decimonónico, como el reverso de un historicismo desencantado y liberal de libros como Redentores del historiador mexicano Enrique Krauze, por tan solo poner un ejemplo de ese lugar de cual Viñas no quiso encarnar. En Mansilla, Viñas captaba los ecos sonoros y las contradicciones del making del "escritor profesional". Aunque el tema de la profesionalización del escritor atraviesa libros como Literatura y Realidad Política, o De Sarmiento a Cortázar, Mansilla condensaba los "desencuentros" del escritor latinoamericano situado en la periferia en el entorno de los nuevos aparatos tecnológicos en gestación (como la prensa, entre otros). 

Dandy, guerrero, intelectual, viajero, chistoso, y ensayista: Mansilla pareciera unificar los dos registros por los cuales Viñas hizo posible su escritura. El primero, la noción del cuerpo, materializado, una vez más, como el lugar concreto (aquí habría que estudiar la intersección de marxismo y existencialismo, ya no de Sartre, sino también del checo Karel Kosik, leído y discutido en América Latina) de la escritura que se ocupa de las "grandes obras". Acaso como Marx con Balzac o Lukacs con Tolstoi, Viñas veia en escrituras de gran envergadura, la totalidad de un mundo en sus contradicciones materiales y de lengua. Esta sería el registro hegemónico, el de una totalidad social de lo que se produce. Por otra, Viñas encuentra en Mansilla los rasgos de lo que queda fuera del funcionamiento de la escritura, sus fisuras, diríamos en la determinación althusseriana, aunque para dar cuenta de ello Viñas desarrolló un fecundo vocabulario materialista: codeo, sudor, cuerpo...Todos lugares, donde la presión del poder se miraba desde los intersticios de la materialidad del cuerpo, desde una zona infrapolítica. 


Según cuentan algunos de sus amigos más cercanos, Viñas no eran un "coleccionista" ni de sus propias cosas (en ese aspecto difería de Benjamin y de los marxistas-coleccionistas). De ahi que lo incompleto de su archivo, sus restos. Le bastaba con sus monólogos, y para ello su última novela, Tartabul, ilegible como Finnegans Wake o Gran Sertón, es prueba de ser también parte del misterioso género de los soliloquios literarios que se entrecruzan, como bien vio Carl Schmitt, con la intromisión directa de la Historia.  De ahí tener ante nosotros un archivo incompleto, garabateado, asaltado por lo ilegible y por las últimas pulsiones de una vida que pretendió salirse de la endogamia de lo nacional. 

El gesto fundamental de la re-totalización nacional que aparece en sus primeros ensayos hasta Indios, Ejercito, y Frontera, muestra un revés de trama: la categorías no cambian, pero si muestran una tenue zona lo representable. La ciudad ha quedado postergada, o al menos devuelta en su impotencia de significación. Cuerpos, restos, viajes: configuraciones post-soberanas que mediadas en tanto totalidad, muestran la condición de posibilidad de una dialéctica incompleta o detenida, una órbita que buscaba pensabarse de otro modo. Es sobre ese eje, sin embargo, donde también es posible comenzar a preguntar y formular "hipótesis" sobre una obra que exige repensar los pasajes y las contradicciones entre marxismo y literatura, entre el realismo de un heterodoxo y la formacion de una crítica materialista latinoamericana.


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Gerardo Muñoz
Julio de 2013
Buenos Aires, AR.